domingo, 16 de noviembre de 2014

CARRASCALLANO Y LAS POVEDAS



Vamos a hacer una excursión para recorrer dos aldeillas abandonadas y olvidadas. Y digo olvidadas, pues aparte de que cuesta encontrar referencias sobre ellas, el terreno donde están y la naturaleza se han encargado de ocultarlas y hacerlas realmente difíciles de encontrar.

Pero cuando llegas a ellas después de transitar por sendas agrestes y caminos de herradura olvidados, y  ves en que sitios más tremendos e increíbles están ubicadas, te das cuenta de la magia serrana del lugar.

Estaría encantado de quien pudiera contarme algo de la existencia de estos minúsculos asentamientos, pues no consigo encontrar información real.
Se pueden hacer conjeturas y teorías tras observar aquello detenidamente, y para eso avise a mi amigo Juan Ignacio, buen conocedor de esta zona, para que entre los dos, os contemos como pudo haber ocurrido allí la dura vida cotidiana en tiempos pretéritos y olvidados.
 


     Comienza la ruta al lado del bello río Escabas, el cual cruzaremos andando por un puente que hay.
 
 
 
 
Me acompaña mi hermano Román, y nos dirigimos a remontar un arroyo que viene a echar sus aguas al Escabas.
 
 
 
 
                  Un vistazo a los Galayos más bajos para reafirmarnos en que el día promete.
 
 
 
 
                             El arroyo de la Solana del Parral es el que vamos a remontar.
 
 
 
 
 Como ven hay una vieja senda que remonta paralelo el arroyo y entra en el valle de la Solana del Parral.
 
 
 
 
Estamos pasando por un estrecho que forman los Galayos y que tienen mil formas, como este espolón o gendarme.
 
 
 
 
Enfrente nuestro tenemos nuestro objetivo, pues las aldeíllas que buscamos se supone que están allá arriba.
 
 
 
 
                       Por aquí nos topamos con una fuente que se ve bastante antigua.
 
 
 
 
               Nosotros seguimos embobados con que tenemos encima de nuestras cabezas.
 
 
 
 
                                      Llega un momento que el arroyo se bifurca en dos.
 
 
 
 
Uno de los ramales nos lleva a este rincón, y como lo vemos difícil pasar, nos volvemos al otro.
 
 
 
 
Nuestra senda es el viejo camino de herradura que utilizarían la gentes para subir a las aldeíllas, aunque cada vez esta más difícil atinar con la senda.
 
 
 
 
 
 
 
Aquí hay que mencionar que Román y yo perdimos el camino de herradura, pues la vegetación era tan selvática, que lo había desfigurado. Nos dimos cuenta de eso cuando llevábamos ya un buen rato por una jungla de boj verdaderamente terrorífica. Además esa misma madrugada había llovido bastante, por lo que las ramas del buje eran como duchas de agua esperando a ser movidas. Realmente duro aquello, salimos hasta las pelotas del buje, y calados de lo lindo.
 
 
 
 
 
 
Al empezar la subida, cogemos algo de altura para poder ver el estrecho de los Galayos por donde hemos pasado.
 
 
 
 
En un claro y un respiro que nos dio el buje (boj) pude hacer la foto a este parte de los Galayos que ya recorrimos en otra ocasión.
 
 
 
 
   Hasta que tras duro esfuerzo llegamos arriba para empezar a ver las primeras casas de las Povedas.
 
 
 
 
Y empezamos a andar entre los restos y a intentar captar los recuerdos y las vivencias de los que pasaron por aquí.
 
 
 
 
       Carrascallano ya lo conocía yo de antes, pero la existencia de las Povedas me la indico Ignacio.
 
 
 
 
                         Quedan restos y se intuyen por donde irían las calles entre casas.
 
 
 
 
Lo flipante de esto es la ubicación de las Povedas, puesta en un puntal que conforman el valle del arroyo de la Solana del Parral, en lo alto de todo y con los muros pétreos de los Galayos enfrente.
 
 
 
 
Me esperaba encontrar con tres o cuatro casas, pero es verdad que allí se veían restos de por lo menos doce o trece casas, más las que ya no quedaba muros en pie, pero se intuían su ubicación.
 
 
 
 
 
                        Esta especie de calle comunica unas que están un poco más abajo.
 
 
 
 
Vaya sitio altamente inaccesible y bastante recóndito que se busco el hombre de antaño para asentarse.
 
 
 
 
 
          Lo que queda claro que la actividad de pastoreo tuvo que ser fecunda por estos pagos.
 
 
 
 
 
 
Ignacio y yo coincidimos que las Povedas debió haber sido un despoblado no permanente o temporal. Es verdad que aquí arriba hay muy buenos pastos estivales para el ganado, incluso se pudo sembrar algún tipo de cereal de secano. Ignacio me indica la existencia de un solo manantial, la fuente del Soto, que imposibilitaría la existencia de cultivos hortícolas, pero sí para abrevar el ganado y dar de beber a las pocas familias que allí vivieran. La distancia considerable a Fuertescusa o Fresneda de la Sierra (los pueblos más cercanos),  el tener que estar subiendo y bajando continuamente y las duras condiciones climatológicas en estos puntales a la interperie, es lo que creemos que hizo, que pasaran en estas aldeíllas solo temporadas al año, y poco a poco se fueran abandonando, quedándose solo algunas casas como función de tinadas para los pastores de turno.
 
 
 
 
 
 
 
Salimos de las Povedas bordeando el valle en busca de Carrascallano, mientras oteamos en primer lugar los Galayos, detrás el valle del río Escabas y detrás el valle del pueblo de Fuertescusa, que se intuye algunas casas.
 
 
 
 
Por aquí, y aprovechando la fuente del Soto, nos encontramos un almacenamiento de agua para los incendios.
 
 
 
 
Desde aquí arriba vemos el estrecho del arroyo de la Solana del Parral, por donde pasamos al principio de la ruta.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
           Aquí enlazamos con un trocito de carril que nos dirige hacia nuestro próximo objetivo.
 
 
 
 
Al que cazamos con el zoom: allí en otro puntal tenemos este otro grupo de casas conocida como Carrascallano, y detrás suyo esta piedra reptil conocida como el Costerón.
 
 
 
 
 
                       Antes me da tiempo a asomarme a estos bordes que tanto me gustan.
 
 
 
 
 
               Otro zoom a Carracallano, para que veáis en que sitio inhóspito esta puesto.
 
 
 
 
                Siendo un motivo muy importante la abundancia de piedra y rocas en el terreno.
 
 
 
 
 
Allá nos dirigimos bien abrigados, pues los aires que arrean allí son de los de desear estar en tu casa calentito, bien lejos de estos altivos pàramos.
 
 
 
 
                            En algún mapa viene Carrascallano como las tinadas del Collado.
 
 
 
 
                                                    Bastante más pequeño que las Povedas.
 
 
 
 
                                       Cinco o seis casas son las que permanecen los muros en pie.
 
 
 
 
 
 
 
En cambio, Carrascallano es más pequeño. La primera vez que lo descubrí pensé en un pueblo de tinadas de ganado, aunque esta figura no es normal por la Serranía. Las tinás del ganado suelen estar separadas y dispersas.  En algunos mápas viene como las tinadas del Collado. En todo caso, creemos que algunas familias llegaron a vivir allí, dedicadas al ganado y al pastoreo sobre todo, aunque menos que en las Povedas.
También es posible que vivieran en las Povedas y aquí en las tinadas del Collado tuvieran el ganado.
 
 
 
 
 
 
 
                             Acerquémonos a la punta donde esta ubicado Carrascallano.
 
 
 
 
La vista frontal con ese reptil tumbado a la izquierda y el cañón del río Escabas delante es digna de ver.
 
 
 
 
                     El valle cañón del Escabas es lo que veis y lo que os enseñaré más veces.
 
 
 
 
Y por un carril que baja el lateral izquierdo de este valle barranco del Collado es por donde bajaremos y volveremos.
 
 
 
 
        Aun nos da tiempo a mirar atrás y echarle un foto al puntal donde esta Carrascallano.
 
 
 
 
 
           Y comenzamos a descender entre estos frondosos pinares y reptiles de todo tipo.
 
 
 
 
 
                         Encontrándonos un fuente en la bajada, donde apaciguar nuestra sed.
 
 
 
 
                             Vean como se las gasta la laderas del valle del río Escabas.
 
 
 
 
 
                                    Encontrándonos una gran, musgosa y húmeda encina.
 
 
 
 
 
              El Costerón es bien visible desde la carretera que va desde Poyatos a Fuertescusa.
 
 
 
 
 
El río Escabas se nutre de innumerables arroyos que crean sus propios valles, desfiladeros, cascadas, barrancos. En resumidas cuentas, todo un tesoro natural dentro de la Serranía de Cuenca.
 
 
 
 
 
Hasta que llegamos al río, yendo luego por un carril que va por la derecha de la foto hasta llegar al punto de inicio de la ruta.
 
 
 
 
 
 
           El cuadrado es el inicio de la ruta, y el primer círculo las Povedas, y el 2º, Carrascallano.
 
 
 
 
                           Hasta la semana que viene!!

10 comentarios:

  1. Hola Toni.

    Esas rocas son de las que dan rienda suelta a la imaginación, pudiendo imaginar mil formas en ellas, yo en esa que os quedáis embobados veo la cabeza de un perro jijiji.

    Ay amigo, me tocaste la fibra con lo de los despoblados, es algo que siempre comento cuando veo alguna entrada al respecto, siempre que en alguna ruta pasamos principalmente por masías abandonadas, que aquí en el interior norte de Castellón hay muchas, no puedo evitar viajar mentalmente al pasado, e imaginar lo dura que sería la vida de la gente que antaño las poblaba, sobre todo los inviernos serían muy duros, y como se las apañaban para subsistir con los pocos recursos que tendrían y aprovechándolos al máximo, y aún así creo que serían felices viviendo allí, y sin necesidad de tener tantos lujos como tenemos nosotros ahora.
    Por cierto, aquí en la Serra d'Espadà también tenemos nuestro despoblado, el Jinquer, te paso el enlace de una ruta que hicimos por allí:
    http://pdipb.blogspot.com.es/2011/03/alcudia-de-veo.html

    Un abrazo, a ver si nos vemos el domingo.

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    1. Hola Dani.

      Hostias que guapo el Jinquer!! Esta más entero que los que enseño yo, y por eso llama más la atención. En la Serranía de Cuenca hay alguno más que tb está como el Jinquer y que enseñaré más adelante.
      Yo tengo claro que la especie humana vamos en retroceso, pues ya no tenemos la piel ni la dureza para vivir en estos sitios, somos más enclenques, más débiles que el hombre de antaño, que tenía que vivir, sobrevivir y subsistir en condiciones, para nosotros hoy en día terroríficas, y para ellos, el pan de cada día.

      He visto una ruta (el PR CV 381 ) en Cofrentes y Cortes de Pallas de dificultad alta y con muy bueno pinta, recorriendo los bordes de los valles de allí. Esa sería una opción, la otra sería subir al Montgó, Aitana, Puig Campana o Serrella, aunque de estas últimos picos, no tenemos mucha información, y a lo mejor necesitamos prepararlo mejor. A no ser que sigamos un PR.

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  2. Otro reportaje más lleno de sensibilidad. De verdad, muchísimas gracias por acercarnos imágenes y paisajes que sin ti no podríamos ver. Es increíble como a través de tu página nos estás acostumbrando a descubrir esa Cuenca oculta, llena de misterio, de soledades, de lugares que destilan encanto y emoción.
    ¡Que esa cámara fotográfica tuya siga echando humo y no se canse de plasmar nuestra tierra!. A lo dicho una semana más gracias. Un abrazo.
    Borillo

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    1. Hola Borillo.

      Gracias por tus palabras, y encantado que esta crónica de estas aldeas perdidas y olvidadas te haya gustado.
      Gracias por el regalo.

      Un abrazo.

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  3. Hola Toni, como siempre magnífico el texto y muy buenas las fotos. He estado varias veces en Carrascallano en mi todoterreno pero no conocía Las Povedas. Lugar mágico este balcón al Escabas por su lado izquierdo (siguiendo la corriente del río).
    Un abrazo, el fin de pasado estuve en La Casa de los Olmos y el salto del Trabaque. Es uno de los pocos sitios que no conocía de la sierra y que descubrí gracias a tu blog.
    Miguel

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    1. Hola Miguel.

      Efectivamente, este lado izquierdo del Escabas es igual de bello como de desconocido. Claro que sin todoterreno aquello es difícil de andarlo, de lo inaccesible que está.
      Si pillas las cascadas del nacimiento del Trabaque con agua, y la dehesa de los olmos colorida, pues toda una delicia para los sentidos.

      Un saludo.

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  4. Hola Toni.

    Ya tenía yo ganas de saber algo más de ésta zona, pues en una visita al espolón rocoso de Corralizas y Arroyo Frío subiendo por la Hortizuela (otro impresionante lugar) me preguntaba desde la carretera por aquella enorme peña del Costerón, de la que me han dicho que también le llaman la Peña del Lagarto. Disponiendo de tiempo, siempre me ha gustado quedarme largos ratos en estas casas ruinosas perdidas en el monte con las ganas de saber más sobre su pasado. A ver si averiguo alguna cosilla más. Por cierto, que el tiempo inestable no os echó para atrás para subir por allí, porque ya imagino el fresquete que debía hacer.

    Un abrazo.

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    1. Hola Andrés.

      Toda esta zona de esta entrada y la de la 2 parte, es una zona de Serranía que no hay ni documentación ni información. La cuestión que si no quieres meterte el palizón, hay que subir en todoterreno. Es peculiar aquello. Disculpa la tardanza en contestarte.
      Un abrazo, fiera!!

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  5. Extenso y amplio reportaje por esta zona del Río Escabas, donde los grandes valles de calizas están poblados por pinos naturales. Una zona que describes a grande rasgos, pero que tiene mucho que contar... En cuanto a vegetación, fauna y pueblos pequeños que ya han desaparecido para siempre. Enhorabuena por el reportaje. Un saludo.

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    1. Hola Luz del MOnte.

      La verdad que si que es una zona con mucho que contar, tanto desde el punto de vista botánico, hidrológico, geológico, etc, En esta entrada quería incidir en estos despoblados abandonados hasta de la memorias. Un amigo del blog le ha preguntado a una anciana de Fuertescusa, el pueblo más cercano, para adivinar que cuatro fueros las aldeíllas que surgieron aquí arriba. Las dos que enseño, y otras dos que iran en otra entradas. Se ve la dureza de estas gentes.
      Un saludo.

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