domingo, 24 de abril de 2016

EL BARRANCO DE LA HOCECILLA




Os voy a enseñar un paraje que tiene su historia familiar para mí como muchos otros parajes de la Serranía. Me explico:

Hace unos 11 o 12 años iba con mi padre a la sierra alta, ya no recuerdo si era en busca de hongos, fuentes, árboles o sencillamente a andar. Cuando íbamos subiendo de Villalba a las Majadas, recuerdo que me dijo señalando hacia la izquierda: -ves, hijo, el barranco que tenemos aquí a la izquierda. Se llama la Hocecilla y tu madre y yo nos metimos ahí dentro hace unos años y lo bajamos como pudimos. Es muy bonito pero es duro y jodido.

Yo me quedé sorprendido pues me llamaba la atención que ese barrancazo que se ve allí siempre que subes a las Majadas tuviera interés. También hay que decir que por aquel entonces aún no era el montaraz subecerros y bajabarrancos que soy ahora.


Poco tiempo después, lo hice por primera vez. Luego he vuelto dos o tres veces más. Recuerdo una de las veces que entré, estando seco, en pleno mes de Julio, alcanzándose allí dentro temperaturas cercanas a los 40º, cosa que hizo que a partir de entonces, me pensará siempre dos veces a donde me iba en el mes de Julio y Agosto por la serranía.









Os lo voy a enseñar con fotos de todas estas veces que he estado, desde varios sitios, tanto por arriba como por abajo, tanto seco como con algo de agua.

La novedad va a estar que le he pedido a Eduardo García Ballesteros, un seguidor de Magia Serrana, unas fotos de la Hocecilla en plan barranquismo, ya que tiempo después cuando el barranquismo se puso de moda, la feroz Hocecilla pasó a ser otro de los barrancos que se pueden descender con neopreno y cuerdas, aunque si se quiere hacer con fuerte caudal hay que hacerlo en invierno como atestiguan las fotos de Eduardo.


 Vamos a empezar con una vista lejana de la Hocecilla. Viendo esta foto, el nombre de Hocecilla parece algo modesto. Esta es su parte más profunda, de paredes más altas.


Esta es su parte final, que vemos que va seca, donde el arroyo de la Hocecilla, iría a llevar sus aguas al río Villalvilla, afluente del Júcar.


                                         Comenzamos a remontarlo desde el final.


                                      Viendo como hay tramos que se va encajonando.


Teniendo que darle a la imaginación para ver hacernos una idea de lo bonita que deben ser estas pozas con agua.


    Aunque seguro que este lagarto ocelado (Timun lepidus) echa en falta el agua más que yo.


Rapidamente vemos que este barranco es de paisaje tipico de la Serranía, roca caliza erosionada, vegetación y pinos por doquier.


 Y avanzar por él, supone un buen tute físico y más si hace un calor horrible allí dentro como esa ocasión que estuve en verano.


El nombre de la Hocecilla queda claro al ver desde arriba estos tramos por los que va el cauce.


No hay muchos tramos como este completamente rocosos y desprovistos de vegetación.


Ya que bosque con el roble (Encinas y Quejigos) y el pino principalmente ocupan las laderas con mucha frondosidad.

Eso sí, cualquier vistazo a lo lejos revela un barranco muy bonito. Vean aquí por donde bajaría el agua.



Ahora vamos a empezar por la cabecera del barranco en otra ocasión que fui, una vez con mi hermano Román y otra yo solo.

 Si la ocasión es primavera o verano este rincón al principio, es de esos de quedarse extasiado.

Donde quedan restos de tinadas de ovejas. Normal con el frescor y la sombra que hay allí no dan ganas de irse.


       Sombra y frescor que otorgan dos o tres grandiosos Arces de Montpellier.


        Vamos a coger el arroyo que comprobamos gustosamente que lleva algo de agua.


Referencia ineludible de la Hocecilla es este casco cornamenta. Todas las veces que he ido, allí está.

                                         El color del agua es lujuriosamente atractivo.


                            Habiendo rinconcitos donde uno se puede pegar un chapuzón. 


 Lástima que la vez anterior que me metí en pleno Julio no encontrara este agua, pues me habría reído yo de los casi 40º que cascaba en esa ocasión.


                      Pero esta vez era primavera, y el día no era especialmente caluroso.


La poquita agua que llevaba era suficiente para que ahí dentro disfrutara como un bellaco.


                   Un ligero pero hipnotizante brillo verde me llama a aquel rincón.


Encontrando un pequeño sitio de ensueño. ¡¡Que importante es que el agua exista en las sierras!!


Volvemos a la vez que estuve con mi hermano que lo recorrimos más por fuera, avanzando duramente.


Dándonos cuenta de lo enfoscado que esta de bosque, que muchas veces cuesta reconocer por donde va el cauce.


                               Teniendo que apartar bastantes piedras que nos molestan.


                                                         Encontrándonos muy poca agua.


Pero investigando todos los vericuetos que hay alrededor de las grandes moles del barranco.


         Como este rincón donde mi hermano nos calibra el tamaño ciclopeo de las rocas.


           Pasamos de un lado a otro como podemos, para ver las distintas perspectivas.


                  Hay una parte de callejones pétreos que nos valen para pasar al otro lado.


Cuando cogemos algo de altura, podemos otear esta parte del barranco con más perspectiva.


                   Encontrándonos en alguna pared una típica majada para el ganado.


Y descubriendo esta vista del mismo donde podemos ver su final allá al fondo en el valle del río Villalvilla.



Vamos a ver ahora las magníficas y nada fáciles fotos de Eduardo, que hizo el barranco en invierno despues de una temporada de lluvias. 
Y digo nada faciles pues hacer fotos ahí dentro con ese jaleo de agua y con el frío que debe hacer, es harina de otro costal.


















¡¡¡Espectaculares, eh!!! Dar las gracias a Eduardo por cedernos estas fotos. ¡¡Te debo unas cervezas!!

Y me voy a despedir con otra tanda de fotos mías, que a la vuelta en el río Júcar visitamos, ya que es otro de mis sitios favoritos.


                  Que es ni más ni menos que un Noria de Agua en funcionamiento.


    Donde el canal que se saca del río para mover la noria es de una exuberancia tremenda.


Las riberas del Júcar en primavera/verano suelen generar belleza y exuberancia a partes iguales.

                                   Que ganas que florezca ya la primavera en la Serranía.

                   Ver como una noria de agua sigue trabajando es toda una maravilla.


          ¡¡Bonito, eh!!  Con esta última foto despido la entrada hasta la semana que viene.


Vean el barranco de la Hocecilla y paralela, yendo por la parte de arriba, va la carretera de Villalba a las Majadas.

8 comentarios:

  1. Buena entrada; buena, como siempre. No defrauda tu blog. Yo revisaría lo de molino. Hace muchos años publiqué en la revista Olcades un artículo-reportaje sobre los molinos hidráulicos del Escabas. esto no se parece mucho, la verdad. El último molino que funcionó está en Fuertescusa. Ahora es una casa particular. Y no fue para moler sino para pelar mimbre: "conectaron" el eje vertical del molino al eje horizontal de la máquina peladora y así funcionaba. Que tengas buena semana y nos dejes otra entrada de las tuyas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Ignacio.

      Ya me avisaron de mi lapsus con lo del molino y lo cambié. Me gustaría mucho poder hacerme con ese reportaje artículo tuyo sobre los molinos del Escabas. Muchas gracias por comentar.

      Un saludo.

      Eliminar
  2. Hola Toni.

    Muy bonito el barranco, sin duda con agua mucho mejor, bajarlo en invierno, es cosa de valientes, el agua a pesar de llevar neopreno, tiene que estar helada.

    Más que un molino, parece una Noria, no se ..., yo tampoco soy un entendido, jeje.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Eduardo.

      Tú lo has dicho bien: hacer un barranco invernal en una sierra donde se dan temperaturas por debajo de 0 es cosa de valientes.
      Como lo decía a Ignacio, ya modifique el error, ya que claramente es una noria y no de la Feria.

      Un saludo.

      Eliminar
  3. Hola Toni.

    Ese barranco orientado al sur y en pleno verano sí que tiene que ser sofocante recorrerlo, pero resulta seductor caminar por esas estrecheces y descubrir sus secretillos. Las veces que habré subido el puerto de Villalba y nunca reparé en la Hocecilla. Otra más que estupenda sorpresa para perderse y disfrutar.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Andrés.

      Aparte de la orientación, al ser tan cerrado y tanta vegetación más temperaturas superiores a 30º y sin agua, hacen de aquello un sitio para que te pegue un jamacuco de los de verdad. Pero tambien es verdad que luego es una sorpresa de los rinconcitos que atesora.
      Un abrazo.

      Eliminar
  4. Hola Toni.

    Empiezo por las últimas fotos, ya sea molino o noria, que me ha recordado a un capítulo reciente del Quijote, que están reponiendo ahora en la 2, con Alfredo Landa, el rincón donde esta me parece de una exuberancia vegetal fuera de serie, para no salir de ahí en todo el verano jeje, igual que en la cabecera del Barranco de la Hocecilla, como mola encontrar sitios umbríos como ese, sobre todo en épocas calurosas. Dices que resulta tortuoso remontar estos barrancos, pues te invito a que pruebes a remontar alguno de aquí de Espadà, acupuntura natural aleatoria jajaja. Y por último que guapas las fotos de Eduardo, se nota por el color del agua que había llovido reciente reciente, a mi con lo que me gusta el barranquismo, personalmente no me gusta bajarlos con tanto caudal, no puedes detenerte o demorarte en el rápel ya que soportar ese empuje del agua resulta incómodo e incluso puede resultar peligroso en caso de cualquier incidencia con la cuerda, yo prefiero bajarlos con un poco menos de caudal ;-)

    Un abrazo, nos vemos en nada!!!

    ResponderEliminar
  5. Hola Dani.

    A ver si nos da tiempo a acercarnos a ver la Noria, aunque no sé si estará tan verde como en las fotos, pues son en estos primeros días de Mayo cuando todo empieza a explotar de verde. Es verdad que este tipo de rincones en verano son muy placenteros, por lo menos el rato que estás allí, protegido del calor que suele hacer.
    Me imagino que los barrancos del Espadà tienen que ser duros, ya de hecho conozco los de la Serranía este de Cuenca tambien de rodeno y muchas veces no hay Cristo que baje por ellos, de sudar la gota gorda.
    En cuanto a lo de los barrancos, yo he hecho muy pocos pero todos con mucho menos caudal, y pienso como tú, a mí que me gusta recrearme, bajarlos en invierno con esa leche deber ser durillo, un poco infierno.

    Aunque luego a mediodia suben las temperaturas a primera hora y en la Sierra hará frío, traeros abrigo!!
    Un abrazo.

    ResponderEliminar