domingo, 16 de octubre de 2016

EL CASTRO CELTÍBERO DE LOS CASARES




La Serranía de Cuenca fue celtibérica, y eso se puede observar en los muchos restos, o mejor dicho escasez de restos, que proliferan por toda ella.

Sabedores que los habitantes prerromanos, los celtíberos, solían buscar emplazamientos para sus poblados que fueran fácilmente defendibles, es decir, cuanto más inaccesible para el extraño o enemigo, mejor; y así estar más protegido de los posibles ataques y violencia de aquella época.

Tengo intención en esta 7ª temporada de Magia Serrana de enseñaros algunos Castros que he ido descubriendo, siempre gracias a indicaciones ajenas de familiares, amigos, e incluso recurriendo a libros publicados por gente mas erudita y experta en la materia.

Algunos es fácil llegar (más bien pocos), otros aún indicándote su aproximada ubicación, me ha costado dos o más excursiones y algún quebradero de cabeza llegar. Recordemos que apenas quedan restos, pues la mayor parte se han desmontado o expoliado insconcientente o a sabiendas, y muchas veces hay que buscarlos concienzudamente y/o interpretarlos; recordemos también que hablamos de una sierra intrincada y agreste, donde el avance de la naturaleza y la vegetación es imparable y muchas veces oculta los restos.





Voy a comenzar con la joya de la corona, y digo esto principalmente por una característica que le hace ser único: su tamaño. Hay que saber que los Castros de la Serranía son pequeños asentamientos en lo alto de los cerros y de las rocas, buscando una buena defensa, incluso la inaccesibilidad e inexpugnabilidad. Siempre eran de tamaño muy pequeño, más para alojar a una tribu, es decir, unas cuantas familias.

En cambio, el Castro de los Casares de Valdemoro de la Sierra es el más grande de todos. Con deciros que la 2ª vez que fui yo solo, me llegué a extraviar dentro de él, os podéis hacer la idea de que estamos hablando de algo realmente grande para una construcción de este tipo.

Otra característica que le hace distinto es que no está en lo alto de ningún cerro, montículo o muela, sino al revés, está en el valle del río Guadazaón, donde le confluye el arroyo del Prado Moralejo, buscando seguramente la fertilidad de aquellos suelos y la facilidad para obtener agua.

               Dejamos el coche y allí mismo, al lado de la carretera comenzamos esto.


                                Hileras y muretes de piedra por todos los sitios.


                                 Algunos muros aún guardan cierta altura.


                              Y otros se adivina el buen grosor de los mismos.


He estado unas cuantas veces en los Casares, por lo que os la voy a enseñar con cierto orden, pues lo normal que se llegue y, sin saber bien como fue aquello, se meta uno dentro del castro en sí, cruzando y traspasando continuas calles y casas sin saber bien el trazado, incluso desorientandose, como me pasó a mi la 2 que fui.
Hay que saber que el Castro tuvo dos entradas atravesadas por la misma calle, calzadao vía. Iremos bordeando el mismo a ver si las vemos. 

               Esta es la calle, calzada o vía de entrada que atraviesa el Castro.


 ¿Y porqué sé que es la entrada? por esta maravilla de de enorme dintel de puerta de entrada tirado allí en el suelo.


                                        Otra vista del dintel desde el otro lado.


 Ya he dicho que no vamos a entrar aún al castro y lo seguiremos bordeando vien que un precioso bosque húmedo crece encima de sus muros.


 Asistimos asombrados en muchos tramos del grosor y poderíó de los muros exteriores del castro.


 Por este tramo, entro un poco en el Castro pues se ve esto. Desconozco si la construcción es original o fue hecha siglos despues por algún pastor, aunque me inclino más por esta última opción.


 La profusión del bosque  y la vegetación hace que a veces no sea fácil seguir el contorno del castro.


 Aunque queda claro cuando el castro se acaba, ya que empieza la obra del valdemorero de antaño que obviamente se nutría para aterrazar la tierra con la piedra del castro.


 Seguimos dando la vuelta hasta que nos topamos con el río Guadazaón, vertebrador de toda esta bella comarca.


 Voy a ir remontando el río por la ribera, para ver bien la altura del muro empalizada que separaba el río del castro.


 Por aquí llego a lo que parece la otra entrada, calculando más o menos que sea el otro lado. Busco a ver si encuentro una piedra dintel que me lo confirme.



                                       Y por ahí la veo semioculta por la vegetación.



 Ahora si entro de lleno en el castro, observando detenidamente sus multiples plantas de casas, plazas y zonas amuralladas. Juzguen ustedes mismo del tamaño de esta maravilla.



           Es muy probable que este Castro ya estuviera habitado en la Edad de Bronce.


    Donde ya hay coincidencia de expertos es que fue un Castro del siglo III antes de Cristo.


                                                           Primeramente fue celta.


                                                             Y luego celtíbero.

            En su interior se ven zonas más despejadas, asemejandose a plazas.


 Se puede llegar a pensar nada más llegar y ver esto, que son restos de tinás de ganado y corrales. Nada más lejos de la realidad, el ingente tamaño de esto nos habla de un super castro muy poblado para la época.


                                                  ¡¡Tremendo es la palabra!!


 Me topo con algunas calles, aunque de dar vueltas por ahí dentro, no sé si es la calle que une las dos entradas u otras.


                 Tambien hay restos como de muros muy anchos en el interior.


 En este caso, me escoro hacia un lado para encontrar restos del muro perimetral que protegía el castro. ¡¡Se ve gordo!!


 Me gusta mucho tambien la perfecta simbiosis entre la naturaleza húmeda y el castro.



        Creciendo el bosque literalmente encima de sus innumerables muros.


Viendo todo este bosque frondoso, me digo que me gustaría tener una visión de todo desde arriba, por lo que me subo a uno de los puntales que hace el barranco del arroyo del Prado Moralejo cuando entra al valle del rio Guadazaón.

 Ahí tienen el bosque donde debajo está el Castro. A la derecha ven la pista que viene de Beamud y va a Valdemoro (que ahora creo recordar que está asfaltada).



 Si miro hacia atrás, veo el vallejo del arroyo del Prado Moralejo que viene de las faldas del Collado Bajo (1838 metros) que es lo que se empezaría a intuír al fondo a la izquierda.


 Aquí arriba me encuentro una tiná de ganado, que posiblemente se hizo con la piedra del Castro.


 Aquí la primera vez que fui a los Casares, al que me llevo mi padre, que a su vez se lo había enseñado tiempo antes su sobrino, mi primo Guillermo.


Ahora os voy a enseñar algo que ya no sabe mucha gente, y que yo conocí tiempo despues. La vez que subi al puntal para ver el castro desde arriba, pensé que un castro de estas características necesitaría de un punto de vigia, donde pudieran vigilar quien venía. Como ya he explicado, en la mayoría de castros celtíberos, la misma ubicación del mismo en lo alto de los cerros, ademas de tareas defensivas, también hacía de vigilancia. En este Castro de los Casares en el fondo de un valle, se necesitaría de un punto en alto para vigilar. 
Al llegar a casa, me puse a indagar y a ver si alguien sabía algo de eso. Al final alguien de la comarca me indicó que en uno de los puntales que crea el arroyo del Prado Moralejo hay algo que parece indicar que aquel era el punto de vigilancia de los Casares. 
Me dije que mala suerte tuve pues debiera ser el otro el puntal que tenía enfrente, pues en el que yo había estado no se veía nada. Me hubiera gustado encontrarlo sin referencia ninguna previa.
Volví al poco a Valdemoro para encontrar estos restos en lo alto del puntal y aquí os lo enseño.   

           Tras encontrar un especie de sendeceja que tira para arriba encontramos esto.


          Bordeamos ese muro y encontramos lo que parece la entrada a algo.


    El muro  de la foto anterior sujeta este pasillo inferior perfectamente delimitado.


                                Que llega hasta aquí y sube a un piso superior.


                                     Por medio de esta maravilla de escalones.


                          La simbiosis roca-árbol alcanza por aquí la perfección.


          El pasillo superior nos lleva hasta aq. ¿Pero que es lo que se ve ahí?


       Una especie de cámara que queda a media altura entre los dos pasillos.


               Una auténtica pasada aunque estaría muy bien que alguien pudiera explicarnos la función de esto.


 Y desde aquí obviamente tenemos buena vista de ese hùmedo bosque con su microclima que protege el castro, donde conviven arces, quejigos, encinas, chopos y pinos principalmente.


 Y lo de la teoría del puesto de vigilancia queda confirmada, ya que esta es la vista que otearíamos con zoom desde este sitio, viendo Valdemoro de la Sierra y su valle al final. Es curioso ya que desde el otro puntal al que fui yo tiempo antes, no se ve el pueblo.


 Allí muy cerca del puesto de vigililancia me encuentro esta cueva, que seguramente también debe de tener su historia desde tiempos del castro de los Casares.



          Me despido con esta panorámica que recomiendo pinchar la imagen.


Pero no quiero dejar de recordar e insistir que nos encontramos ante un lugar de altísimo valor histórico que requiere respeto y cuidado y no debemos alterar ni modificar nada.
Gracias. 
¡¡Hasta la semana que viene!!

 

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