domingo, 17 de septiembre de 2017

LOS CALLEJONES DE LAS MAJADAS NEVADOS.



Ya es de sobra conocido por todos los lectores de este blog que la Serranía de Cuenca es un gran parque temático de la erosión kárstica. Las ciudades encantadas, conocidas también como Tormagales, proliferan por todo su agreste relieve salpicando de rocas de todos los tamaños y formas caprichosas.
La más conocida es la Ciudad Encantada, pero siempre ha habido otra más a la sombra y margen de la fama de la 1ª, que son los Callejones de Las Majadas. Los que hemos huido siempre de la masificación de la Ciudad E. y de su carácter oneroso, hemos encontrado igual o superior belleza en los Callejones de las Majadas, es cuestión de gustos.
Con el paso de los años, y el auge del turismo en la Serranía de Cuenca, los Callejones de las Majadas se ha vuelto también un sitio muy visitado, complemento ideal  con la Ciudad E. para que el visitante se quede maravillado del arte modelador de la Serranía de Cuenca.



Los Callejones de las Majadas ubicados en la Muela de la Madera, muy cerca del pueblo homónimo tiene dos senderos, uno más corto en el que ves un pequeña parte y otro más completo donde recorres todo lo que se considera este tormagal.
Al igual que hice en su día con la Ciudad E. que os la mostré nevada, su estado primigenio, los Callejones de las M.  voy a enseñarlo igual, pues os puedo asegurar que si se ve así, blanco y virginal, y además en solitario sin nadie por rondando por allí, el paraje en cuestión despliega su magia serrana por completo dejando al interesado extasiado. Para hacerla más vistosa iré intercalando fotos del paraje en otra época para que veáis el contraste.

Os emplazo a que veáis la entrada hasta el final pues cuento una historia que relaciona los Callejones de las Majadas, el autor de este blog y el agente 007 al servicio de Su Majestad británica, Bond, James Bond. ¡¡Ahí es nada!!


                 Podéis ver como está la superficie de la Muela de la Madera de nevada.


     Allí mismo tenemos un merendero, que hoy precisamente no está para disfrutar de él.


                Y al lado del merendero, dos o tres simas que han vallado por seguridad.


                Recordemos que la Muela de la Madera es un sitio plagado de cuevas y simas.


Al lado del merendero hay un parking de tierra, en este caso nieve, y donde comenzaremos nuestra excursión.


                                              La parte superior de los Callejones se ve así.


Con cuidado de dejar la senda y andar por ahí, pues la nieve impide ver pequeñas grietas y agujeros.


Saltemos a época mas primaveral, donde me acompaña mi madre, en esta foto hecha desde  dentro de uno de los muchos agujeros y oquedades que hay.


                         Dejemos la parte superior y entremos por uno de los Callejones.


                    Y pronto nos empiezan a aparecer figuras y tormos con puerta en medio.


                          Ah, en esta ruta invernal me acompaña mi hermano pequeño.


                                                 Otra puerta muy cercana en primavera.


Dentro de los Callejones y grietas de todos estos tormagales crecen alcanzando tamaños considerables los Saucos (Sambucus nigra)


                          Cualquier marco cuando se abre el paraje es de ensueño.


El día no está para que vayamos leyendo el porqué y cómo se fue formando esta maravilla geológica.


        Ahora estamos rodeados de grandes bloques o moles pétreas por todos los lados.


                                       Aquí la misma explanada en época primaveral.


Otra cosa digna de ver como los pinos se ponen blancos entre tantas moles rocosas.

               Como estas donde mi madre sirve para calibrar el tamaño que gastan.


Esta columna en la Ciudad E. sería un tormo, es decir, más delgado por la parte inferior, y eso es así porque allí las rocas están más erosionadas.


Entre las grietas hay mucha vegetación a la que no le ha caído nieve pero si tiene unos chupitos de hielo, indicador del frío que hace ese día.



Y si uno empieza a investigar por los alrededores verá formas y más formas diseminadas.


Los Callejones de las Majadas es geológicamente más joven que la Ciudad Encantada, eso es lo que hace que las piedras sean bloques y moles de tamaños grandes, no tan erosionadas como la Ciudad E.


De pronto salimos a una pista que nos divide la 1ª parte de la 2ª. En este punto el sendero se vuelve para quien quiera hacer la ruta corta, y sigue al otro lado para los que vayamos a hacer la ruta larga.


Yo aprovecho para buscar alguna vista donde se vean los extensos e inabarcables pinares de la Muela.


                                    Y rápidamente volver a meterme entre Callejones.


                     para ver arcos, ojos de buey, columnas y construcciones imposibles.


Ver toda la vegetación variada hasta arriba de nieve es otro aliciente para que se realcé la belleza del sitio.
 
 
Aunque el verdadero protagonista, para mi gusto, es la cantidad de arcos y agujeros que hay.
 
 
 
 
Las ramas y hojas de acebo más tiesas y duras aguantan la nieve muy bien.
 
 
 
Toda perspectiva es increíble por lo que la cámara no para de echar humo.
 
 
Rincones donde los pinos ponen su toque de mimetismo con las rocas.
 
 
Rincones que invitan al sosiego.
 
 
Los torreones emergen poderosos de entre la nieve como este de la foto.
 
 
O este otro más erosionado por arriba.
 
 
Incluso con increíbles pinos saliendo de entre sus garras rocosas.
 
 
Nosotros seguimos. Decir que es importante seguir las marcas del sendero pues en este tipo de paisaje -y nevado más aún- es facilísimo extraviarse.
 
 
Nosotros vamos a buscar la pista para volver.
 
 
Que aquí la tenemos flanqueada de hermosos pinos con sus ramas llenas de copos.
 
 
Vamos a despedir a los protagonistas de la entrada, en este caso mi hermano pequeño.
 
 
Mi madre con un  hermoso pino albar de allí mismo.
 
 
Y como no, el Camarada Antoniov. Se podrán imaginar  con esta entrada las ganas locas que tengo que el invierno venga como en esta ocasión. A esperar, pero antes os voy a contar que paso con James Bond y las Majadas.
 
 

Comentar que al igual que en la Ciudad E. se rodó por ejemplo la película de Conan, en los Callejones de las Majadas se han llegado a rodar varias películas. La más famosa, sin duda alguna, es el film “El mundo nunca es suficiente” de James Bond, en este caso con “Pierce Brosnan” de O07.
El que suscribe estas líneas participó como extra en esta película hace ya 18 años, pasándoselo en grande, por lo que voy a contaros algo de aquella glamourosa experiencia
En el casting se cogía por un lado obreros de un oleoducto turco, y por otro aldeanos de una aldea kurda que viven al lado del oleoducto. Si uno era muy moreno y de pelo y facciones oscuras era elegido como kurdo autóctono con el resultado de salir más tiempo en la película.
Como en mi caso no es así y siendo de tez clara, ojos azules y pelo castaño, fui elegido obrero con el resultado de salir en un fotograma de dos o tres segundos como figuritas pequeñas en unas amplias panorámicas del oleoducto en mitad del pinar de la Muela de la Madera.
Desde que llegábamos allí a las 9 de la mañana hasta las 6 o 7 de la tarde que nos volvíamos a Cuenca, todo era un cúmulo de situaciones peculiares, como la de colarnos en el Catering de los actores y comer verdaderos manjares, o asistir junto con otro amigo mío que hacía de traductor de Pierce Brosnan a la peculiar conversación de este con el por entonces Alcalde de las Majadas, o irnos después de comer a echarnos la siesta debajo de los pinos sin que se enteraran nuestros jefes de casting, ya que por las noches en Cuenca salíamos hasta las tantas con gente variopinta como el hijo mayor de Pierce Brosnan que iba a los rodajes de papá a no hacer el huevo, gastar a manos llenas y pasárselo en grande.
 
 
 
No os podéis hacer una idea del derroche salvaje y brutal que fue el rodaje de esas escenas en el par de semanas que estuvieron alojados en Cuenca capital, corriendo el dinero de manera escandalosa tanto en Cuenca como en las Majadas. Sobra decir que el trabajo de extra lo pagaban muy bien.
Cuando se acabó el rodaje de las escenas en Cuenca y debieran marcharse a otro lugar, hicieron una fiesta privada en la capital en la  Discoteca Metro (¡Que tiempos!), ubicada en el Casco antiguo de la ciudad. Como comprenderán, entrar a esa fiesta era una cosa que todo el mundo quería y nadie pudo. ¿Nadie?......no, el menda y su amigo Alvin, aprovechando que el dueño de la discoteca es amigo, y tras mucho darle la vara, conseguimos entrar.
Jjejejeje, ver a la chica bond Sophie Marceau bailar sola y sensual en la pista de la discoteca es una cosa que no se me olvidará, como ver a Pierce Brosnan hacer……...bueno bueno, esa noche fue un despiporre total, un desfase en toda la regla y ya hay cosas que no debo de contar por estos canales.
Eso sí, quien me invite a unas cañas le sigo contando los detalles más escabrosos y surrealistas de aquella larga noche.
 
Hasta la semana que viene.
 

domingo, 10 de septiembre de 2017

EL CASTIL DE CABRAS



En mis rutas y excursiones cada cierto tiempo debo dejar la Serranía caliza y regresar a la Serranía del Rodeno. Al igual que hace un tiempo os enseñé el Castil del Rey, un sorprendente paraje en la comarca de Pabovi, más concretamente en el termino de Pajaroncillo, ahora os voy a enseñar otro también bastante desconocido. Ya he dicho que esta comarca que aglutina los términos municipales de estos tres pueblos es todo un granero de parajes peculiares dignos de visitar.
Lo que os voy a enseñar se le llama El Castil de Cabras, otra formación de piedra rodeno que sobresale como por arte de levitación sobre el mar de pinos rodenos, jaras y robles melojos, y moldeados por el ancestral río Cabriel. Como bueno castil o castillo rocoso, estuvo habitado en tiempos muy pretéritos, más concretamente hubo allí un asentamiento de la Edad de Bronce del que quedan algunos restos diseminados.




Lo peculiar y extravagante de esto es que al Castil no podremos llegar por su parte más fácil y accesible, ya que dicha parte es un finca privada que en su día trajo mucha polémica; sino que lo haremos por su parte trasera atravesando unos barrancos de rodeno, algo enmarañados y tupidos, pero bellos y estéticos.
Magia Serrana os remite a las fotos para que os hagáis una idea de aquello. Comentar algunos datos como que al dueño le obligaron a construir la casa con la piedra rodeno, es decir, la piedra usual de aquella sierra ( ¡¡menos mal!!) Por lo demás, un atentado visual en toda la regla, quedando como recordatorio de cómo quedaría un espacio natural como la Serranía de Cuenca si se empezara a privatizar y vendérsela a los ricos de turno, construyéndose esta casa dentro del Monumento Natural del Rodenal del Cabriel,  un lugar único con valores intangibles como la fusión de los túmulos, pinturas rupestres y ruinas de castros y asentamientos, con el paisaje silencioso y sobrecogedor de los rodenos, robledales y encinares, una geología erosiva diferente y hoces y pozas de uno de los ríos más limpios de Europa. 

Tras trastear con el todoterreno y desechar la pista que nos lleva a la finca privada, bajamos hasta el río Cabriel donde dejaremos el coche. Estamos en la Serranía del Cabriel, en la Serranía ácida como bien nos indica la flor de la Jara de la primera foto.


                                        La piedra rodeno, húmeda y siempre bella.


Por los mapas sé que debemos atravesar un barranco pero antes subiremos a un alto para que veamos lo que tenemos delante, siendo aquella mole rocosa.


                                          El objetivo de la ruta, el Castil de Cabras.


Acostumbrado a los dos últimos Castillos, castros celtíberos e inexpugnables, el Castillo del Saladar y el Castillo del Rey, veo que este Castil de Cabras solo es inexpugnable por uno de sus lados, cosa que me hace pensar que pocos restos del asentamiento vamos a encontrar. De todas formas uno más a mi colección de Castillos rodenales.

           Toca salvar el barranco por lo que buscamos lo que nos parezca más accesible.


Ah, vamos con la presentaciones, mi hermano Román, Maru y Nacho con el estético rodeno.


Y como no, mi madre dispuesta a salvar todos los barrancos, marañas y montañas que le pongamos por medio.


           El barranco desde arriba no parece gran cosa, pero una vez dentro es otra historia.


                La humedad en estos barrancos rodenales crea hermosos conjuntos.


                         No suelen llevar agua más que después de copiosas lluvias.


                                       Pero eso si, generan piedras rodenos de mil formas.



Vamos subiendo y desde aquí arriba tenemos vista de la carretera que viene de Cuenca, y del río Cabriel creando este largo cañón que se hace hasta llegar al pueblo de Cañete.


Y ya a punto de llegar a la parte alta del Castil nos encontramos los primeros restos del asentamiento.

La montonera de piedras es ingente, y algunas con su hueco en el medio, recordándome a los túmulos celtíberos.


Y llegando a la parte alta del Castil podemos ver un bello horizonte, pero ¡alto! ¿Qué es lo que tenemos debajo?


Ahí tenéis el casoplón y finca privada de la que hablo al principio, y de la que no pondré más fotos. Con esta es suficiente para que os hagáis una idea.


Si le damos un poquito al zoom, sobrevolamos la casa, el río y la carretera, para ver el conjunto geológico del Castillo del Saladar -Ver Aquí-



El lado este es el más inexpugnable del Castil de Cabras.
 
 
El cual iremos a explorar por si encontramos algún resto, aunque de existir alguno pienso que estarán en la parte superior.
 
 
Vamos a subir arriba pero antes cojo a Maru fotografiando el Castillo del Saladar.
 
 
Y en la única subida al piso superior nos encontramos el primer resto y es la entrada delimitada y escalonada con viejas moles.
 
 
Y el único resto de muralla visible del asentamiento.
 
 
 
 
Toda una maravilla este trozo de muralla, y que pena que no haya más en pie.
 
Una vez arriba, oteamos las diferentes vistas con la pista que se dirige a la finca privada, y a la derecha de mi hermano iría la que baja al río.
 
 
Nachete (algo subido de peso en aquella época) y la abuela quieren seguir descansando.
 
 
También vemos de donde venimos, al otro lado del barranco.
 
 
¿Pero y arriba que hay? En un principio, como buen castillo de rodeno, esta todo tapizado de sempiterno verde.
 
 
Y si uno es observador, vera lo que parecen restos del asentamiento prerromano que allí hubo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Toca volver, y en la parte baja, la completamente abierto si encontramos más restos.
 
 
Román amenaza a Nacho con tirarle encima una escoba de bruja.
 
 
Volvemos al barranco pero por hacer la ruta circular vamos a acceder a él más abajo.
 
No se si podremos llegar al río, pero todo me hace pensar que si, que lo único luchar contra un poco de maraña, y caos de piedras.
 
 
Eso si, no dejo de deleitarme en ningún momento de las caprichosas formas del rodeno y la simbiosis con los pinos.
 
 
Una vez puestos en el cauce, el avance es lento pero seguro.
 
 
El esfuerzo y el calor que hace dentro de estos barrancos y ramblas hace que al llegar al río, toque refrescarse.
 
 
Nachete no se queda atrás y también quiere, y si les hubiéramos dejado a él y a la abuela se habrían metido al río, y eso que el verano ya había acabado.
 
 
Volvemos pegado al río a donde tenemos el coche, un poco más adelante.
 
 
Al igual que comenzamos con el Cabriel, acabamos con él, allí mismo donde teníamos el coche.
 
Plano de la ruta, siendo el círculo el punto de partida. Para llegar allí por carriles y pistas hace falta todoterreno. Otra cosa es dejar el coche en la carretera, y cruzar el río pero toca mojarse.
 
 
Hasta la semana que viene.