domingo, 12 de agosto de 2018

EL PICO BEJENADO Y EL EXTRAÑO PUEBLO DE LA CANDELARIA (ISLA DE LA PALMA VI)



Comprobaréis que en las entradas de la Palma, hablamos mucho con que el día no sea muy nublado. Hasta ahora, con las nubes habíamos tenido suerte, pero salir todos los días de ruta sin nubes, y todo perfecto, era muy difícil. Habría sido acertar un pleno en la quiniela. Eso lo cuento, porque la ruta que teníamos planeado subir al parking de la Cumbrecita, y desde allí dar la típica ruta paseo que hay allí para todo el mundo, aunque nosotros la uniríamos con la ascensión, más para senderistas, al Monte Bejenado, nos iba a salir un poco rana, debido a la implacable nubosidad.

Antes de todo, voy a explicar esta parte de los bordes de la Caldera. En esta zona estaríamos al otro lado, más o menos, del Roque de los Muchachos. Si estos están en los bordes del lado Norte de la Caldera, la Cumbrecita y el Bejenado es el borde de la Caldera en su parte Sur.

Digamos que la Cumbrecita es la única parte de acceso “amable” al borde exterior de la Caldera, sin la empinación, carácter agreste y verticalidad del resto de los bordes de la Caldera. Un bello y alpino valle lleno de bosque sube de manera no muy brusca hasta el borde de la Caldera, donde está el parking de la Cumbrecita, y donde se deja el coche (previa turno cogido en la Casa del Parque de la Caldera ante las pocas plazas de dicho parking).

Digamos que la Cumbrecita, es un suave collado que rompe la rectitud contundente del resto del borde de la Caldera. Parece ser que esto es así, porque cuando surgió la Caldera de Taburiente, por aquí iba el desague natural de la Caldera, antes de la aparición del Barranco de las Angustias. De hecho es la parte de los bordes de la Caldera de menor altitud, ya que estaremos a 1310 metros. Eso hace que sea un estupendo mirador para ver enfrente las altitudes superiores a los 2000 metros, y hacia abajo, todo el laberinto de mil barrancos que rasgan todo, confluyendo hacia las Angustias. Y digo collado, ya que cuando estemos allí,  a nuestra derecha tendremos el Puntal de los Roques (2085 metros), pero a nuestra izquierda estará el antiguo volcán y hoy cima del Bejenado (1854 metros), nuestro principal objetivo.

Vamos a subir a él, ya que las vistas desde su cima se dice que son excelsas, viéndose toda la Caldera, las Angustias saliendo a mar abierto, y todo la llanura sureña donde están los Llanos y El Paso, con toda la cordillera volcánica del Bastón, vertebrar la isla yendo hacia el sur de la isla.




Y os lo cuento porque no lo vamos a ver, los vientos alisios en su llevar y traer nubes de aquí para acá, no dio tregua sobre el Bejenado, y las breves ventanas donde la nubes se aclaraban no era suficiente para sacar alguna de estas vistas antes comentadas.

A la vuelta de la nublada cima, como aún nos quedaba mucha tarde, cogimos el coche y nos fuimos al pueblo de Tijarafe, en el norte de la isla, costa oeste. En este pueblo habíamos oído hablar que sale una carretera que baja a ver una cosa muy extraña y peculiar, una aldea en la que no vive nadie, excepto en verano, que está dentro de un acantilado, si si, están oyendo bien, en una gran cueva que se forma en un acantilado construyeron las casas. Es el pueblo de la Candelaria, a pie de mar, y aviso antes que la carretera asfaltada que baja, aunque vayas en coche, no es apta para gente con vértigo, y hay que tener tranquilidad y arrestos para bajar por ella, ya que bajaremos 650 metros de desnivel en un periquete, con numerosas lazadas en las que da sensación de asomarse al vacío continuamente.

Días antes pedimos el permiso para tener una plaza en el pequeño aparcamiento de la Cumbrecita, y allí llegamos dispuestos a maravillarnos otra vez con la Caldera de Taburiente. ¡¡El día pinta genial....ejem ejem!!!

Porque nuestro plan principal es subir allí arriba, son los bordes de la caldera de Taburiente en su parte sur, pero que forma una montaña individualizada y bien imponente, el pico Bejenado.

Antes de acometer la ascensión, vamos a hacer un corto sendero por el que vamos a entrar un poco dentro de los que es la Caldera de Taburiente.

Aunque la vista se nos va a lo impresionante que se ve el otro lado del collado de la Cumbrecita los 2091 metros de altitud del Puntal de los Roques.


                             La senda desciende mientras va entrando en el pinar.


El sendero que va desde la Cumbrecita hasta la Playa de Taburiente está cerrado, ya que al tener muchos pasos delicados, cuando hay tormentas, suele haber desprendimientos. Dicen que es muy espectacular y la gente suele hacerlo pernoctando en tienda de campaña en la playa de Taburiente, ya que en este sendero se tarda mucho tiempo.


Nada más que encontramos un claro entre pinos, se nos muestra esta bella perspectiva de este lado de la Caldera.

Nos topamos con un mirador y aquí os voy a presentar a un invitado inesperado e indeseable del día de hoy. Las nubes que iban entrando lentamente en una despejada caldera, como habéis podido ver en las primeras fotos.

                        La senda comienza a sortear ramblas con tramos muy chulos.


                                          Con sus muchos puentecillos salvando las mismas.


Encima de nuestras cabezas, emerge el Puntal de los Roques donde las nubes, aún jirones, se van acercando.


            La senda era muy parecida a la que baja del parking de los Brecitos hasta abajo.


                         Unos trabajadores del Parque Nacional arreglan tramos de senda.


Cuando llegamos al mirador final donde ya no se baja más, esto es lo que nos encontramos.


Aunque lo que nos intranquilizaba era esto: allá arriba está el Bejenado y vemos nubes.

En este punto yo empecé a darle muchas vueltas, ya que subir hasta la cima y no poder ver nada era una posibilidad que me cabreaba mucho. Veíamos que las nubes empujadas por los vientos alisios iban y venían pero según transcurría la mañana, había más. La rabia me daba porque no es lo mismo que si en la península se te chafa por la niebla una ascensión, siempre puedes volver (si no está muy lejos de tu casa) pero la Palma la tenemos muy lejana, y además con la cantidad de otras rutas alternativas que nos quedaban por hacer, me daba mucha rabia desperdiciar un día para no ver nada. Sopesé esto con Maru, ella lo dejó a mi elección, y tras mucho darle vueltas y haber perdido ya unas buenas horas mañaneras, decidímos acometer la subida.


       El sol entrando por los pinos entre las nubes provocaban bonitas e irreales estampas.


                                                                   Comenzamos a subir.


Al principio está tan empinado que hay tramos de escaleras. A estos tramos tan empinados suelen llamarlos reventones.

Ya hemos cogido altura y vemos como el Collado de la Cumbrecita hace de parapeto de las nubes.


Otra imagen muy potente es el valle por el que viene la carretera que sube hasta la Cumbrecita. Parece ser que hace eones, antes de existir el Barranco de las Angustias, esta era la salida natural de la Caldera.


Seguimos subiendo y lo que dejamos atrás, nos deja asombrados, ya que las nubes por ahora no nos impiden ver. La cumbrecita con los cochecitos, y encima suya, imponente, el Puntal de los Roques.

           Dejamos de ver la Cumbrecita para girar y ya ver la Caldera propiamente dicha.


                              Bueno verla verla, la vimos así con nubes algodonadas.


También teníamos delante el Bejenado donde las nubes no llegaban a la cima y se quedaban allí parapetadas.

Esta imagen me insufló ánimos, pues le dije a Maru que lo mismo cuando llegáramos la cima estaba despejada y las nubes estaban dentro de la Caldera haciendo un mar de nubes. Empecé a visualizar las vistas y fotos desde la cima con el mar de nubes perfecto dentro de la Caldera como si de una olla express se tratara, y me dije que a lo mejor merecía la pena la subida.


           El camino va por el lado izquierdo de la foto hasta ese collado y de ahí a la cima


                                                       La senda no pierde espectacularidad.


                                           Siendo engullidos literalmente por las nubes.


       Aquí estamos en ese collado previo a la subida a la cima donde aún no vemos nada.


Hasta que llegamos a los 1844 metros del Bejenado, donde podeis ver que coincidimos con unos alemanes.

Nos buscamos un sitio para descansar, comer algo y esperar a una ventana de buen tiempo que se lleve las nubes y podamos ver algo, aunque no soy muy optimista.

                   Nos entretenemos con un cuervo que se comía lo que le echaras.


          Yo me asomo al borde y ahí abajo hay un buen patio, aunque no veamos nada.


Vamos a recordar esta foto del Bejenado hecha desde el otro lado cuando hicimos la ruta por dentro de la Caldera.

                       ¡¡¡¡Pero de repente, el cielo se abre sobre nuestras cabezas!!!!


Pero no fue suficiente. Una lástima, ya que tras llevar ya media hora allí arriba, decidimos bajarnos.

Miren como se ve un poquito del otro lado de la Caldera pero demasiadas altas las nubes. Otra cosa que todo el mar de nubes se hubiera quedado más abajo y apretado, resaltando los negros volcánicos de todo el borde de la Caldera.


Algo así. Vean que lo que hay enfrente de las personas, un poco a la derecha es la cima del Bejenado. Habría sido tremendo. Foto cogida de internet.


                                       Comenzamos a bajar por la arista al principio.


Lo que si se nos abre en vista hacia el otro lado, abajo del todo y fuera de la Caldera, las casas del pueblo de El Paso.


      Eso si, el humor y el cachondeo no lo perdemos la Maruji y yo en ningún momento.


                                                   Desandamos el camino de vuelta.


Hemos bajado tanto que nos hemos puesto por debajo de las nubes que se muestran así de plomizas.


El Valle de la Cumbrecita se muestra precioso y también con el cielo plomizo tapando la parte alta de esa enorme cresta que baja, cual espinazo, hacia el sur de la isla, y hacia el Parque Natural de Cumbre Vieja.

En dicha cresta hay mil sitios donde poner el objetivo de la cámara como ese enorme roque puntiagudo emerger entre la niebla.


 Hasta aquí nuestra aventura con el Bejenado. Como aún nos quedaban bastante tarde, decidimos coger el coche, bajar hasta el mar (costa occidental), cruzar el barranco de las Angustias e ir hasta el pueblo de Tijarafe, que es donde se encuentra el pueblo de la Candelaria, mucho más abajo. No creo que haya hecho nunca una carretera que baje tanto, y en alguna curva con el vacío delante, hay que reconocer que hasta un avezado conductor no puede evitar que se le pongan los huevos de corbata. El mayor problema de esta carreterucha es que como haya mucho gente que la transite, hay mucho tramo que solo cabe un coche. Nosotros tuvimos algo de suerte y no nos encontramos nadie ni al bajar ni al subir.

Nosotros llegamos con el coche hasta aquí. A la izquierda había una playa y la derecha se va a la Candelaria, donde aún se puede bajar más con el coche.

Al principio íbamos a bajar a la playa de la que no me acuerdo el nombre pero mucho bajar y subir para el día que llevábamos.


Y decidimos recular. Ya ven como son la mayoría de las playas palmeras. Además esos casetos con sombrajos delataban que allí debieran haber echado raíces algunos hippys cometripis por lo cochambroso del asentamiento.


Y fuimos al otro lado para ir a la Candelaria que era intrigante pues no se veía por ningún lado.


El sendero que va de Tijarafe hasta la Candelaria tiene un desnivel bastante prometedor también. Curiosamente vimos a tres tíos con las bicis, en plan mountain bike queriendo bajar, y digo queriendo, pues solo uno de ello se atrevió; los otros dos, llegó un momento que se echaron la bici al hombro y bajaron andando. Abajo les esperaba un taxi para bicicletas.


                       Realmente espectacular y brutal la costa de la Isla de la Palma.


Vemos que la senda da un giro y se nos acrecientan las ganas de ver la Candelaria mientras pienso donde demonios metieron el pueblo. 


  Coño!! las casas están metidas al fondo de ese acantilado con el mar bastante embravecido.


                                                             El pueblo de la Candelaria.



Enormes rocas separan el mar de unas piscinas naturales a modo de baño realmente atrayentes. Lastima de airecillo desapacible que hacía no apetecer bañarse.


Al no haber costa ni playas accesibles en toda la parte norte, estos extraños asentamientos eran los puertos de los pueblos de arriba. En este caso, la Candelaria sería el puerto de Tijarafe, y en idioma palmero se llaman Prois; el Prois de la Candelaria.


             Las calles y las casas de la Candelaria están literalmente debajo del acantilado.


La Virgen de la Candelaria, patrona de las islas Canarias, y aquí vienen de romería en barcos.


                                            Detrás de las casas hay una gran gruta.


              Que sitio más extraño para vivir, solo de pensar en la humedad que hay allí.


                                  Un sitio realmente extraño que recomendamos su visita.


                   Encima del pueblo tenemos cientos de metros de acantilado vertical rocoso.



           Pese a ser espectacular, no es muy conocido y se suele visitar también en barco.


Y con esta foto de pareja damos por finalizado otro gran día que lo comenzamos subiendo hasta casi los 1900 metros entre la niebla y lo acabamos a pie de mar en un muy peculiar lugar.

Esto ha sido nuestro fantástico periplo en la fascinante Isla de la Palma que nos ha conquistado con sus extraños y espectaculares paisajes en una isla distinta a las otras, ya que al no haber apenas playas, ese tipo de turismo escasea, y si prima más al que le gusta la naturaleza y el caminar. Además, bien barata y con una gente muy agradable. Es probable que en unos años volvamos que aún nos dejamos rutas pendientes.

Hasta la próxima.