domingo, 12 de noviembre de 2017

LA CUEVA DE LOS OJOS DEL HOSQUILLO Y EL BARRANCO DE LOS MOSQUITOS



Hace tiempo que no voy por la zona de los alrededores del Hosquillo, uno de los pulmones de la Serranía de Cuenca, por lo que toca entrada de esta comarca. Cogiendo ese carril solo apto para todoterrenos que nos pone en la parte alta vamos a ver un pequeño barranco conocido con el nombre de los Mosquitos y de una belleza arrebatadora. El avellanar ha creado un microclima allí dentro y recorrerlo es todo un gozo que se disfruta plenamente. La única pena que sea corto y se recorra en poco tiempo. Además de este barranco, de todas las veces que iba por ahí, siempre me fijaba que en la parte alta del camino que iba hacia el barranco de los Mosquitos se veían como una cueva con un par de oquedades que me llamaban la atención, hasta que un día me cansé de mirar e imaginarla, y subiendo por la tiesa ladera conseguí llegar hasta esa cueva, siendo algo peliagudo ya que el acceso por la ladera es de piedra descompuesta y hay que extremar mucho el cuidado.
Como desconozco si esta cueva tiene nombre y tampoco he visto fotos o alguien hablar de ella, la he bautizado con el nombre de la Cueva de los Ojos del Hosquillo, ya que por sus oquedades se tiene una hermosa vista del Hosquillo. Si alguien supiera el nombre de la misma, estaría agradecido que lo dijera para cambiárselo.
Me comentan primeramente que el nombre puede ser el de la Cueva del Estiércol, pero me dicen varias personas que la cueva del Estiércol es otra que esta como a unos 3 kilómetros barranco arriba y que es más grande que esta. Gracias a todos por en interés puesto y las aportaciones.
 
 
 
Además ya que estamos con el Hosquillo que veremos desde cerca de sus bordes, me van a permitir poner un poema mío que escribí para la Revista de alpinismo "Peñalara" hace ya unos años:


"Desde los prados de Valsalobre donde,
 desde el atalaya la vieja mansión vigila
cuando el verde se levanta,
enriscándose en el Estrecho Volcán.
A la vez que el Arroyo de las Truchas,

crecido con los mimos de ciervos y jabalís,

Penetra como la raíz del chopo
En el hosco y verde Hosquillo,
Torca de dispares bestias,
Corazón del río Escabas.

 
Yendo hasta la vertical madre naturaleza,
Allí donde la piedra rezuma vértigo
sobrevolando la conciencia de viejos osos,
como pacientes rapaces
en el hogar de sus oseras,
Donde cuando el agua es generosa
Se descuelga en belleza
De este rincón del buitre,
Momento vertiginoso en el alma del hombre
En el hosco y verde Hosquillo
Torca de mantos verdes y afilados pinares
Nítidos ojos del rio Escabas.

 
Terminando en el verde culebreo
Del joven y robusto río,
cuando las pétreas paredes se ponen firmes
dando el saludo de despedida,
camino de los Lagunillos
mientras Tejos, Tilos y Avellanos
le reciben en loor de reflejos y tonalidades
y la exuberancia cobra sentido
en la húmeda Umbría Guillomar
cordón umbilical del nuestro bello niño
de ojos claros y tersa piel.
Saliendo del hosco y verde Hosquillo
Torca asimetrica de verdes sueños
Útero del rio Escabas."
 
Toni Virtudes Segarra.

 
Mientras nos dirigimos hacia nuestros objetivos vemos este paisaje tan serrano, y es la caliza conquense recubierta de afilados pinares.
 
 
Con cerros y montañas que se levantan poderosamente como este, que es conocido por Magia Serrana de haber andando por allí arriba. ¿Se acuerdan?
 
                                             Por ahí arriba fuimos en esta ocasión.
 
              Desde aquí se ve perfectamente el pueblo de Poyatos, y la Muela detrás.

En primer termino el discurrir del río Escabas desde arriba, mientras lo que vemos al fondo ya es el Hosquillo.
 
 
Pero vamos con lo que nos atañe en esta entrada, y es esta pista carril solo apta para todoterrenos, donde si os fijáis en la parte alta se ve una cueva. Eran varias veces que la miraba mientras pasaba por aquí, hasta que decidí subir.
 
 
Vamos a darle al zoom para comprobar que solo se puede pasar por ese lado izquierdo.
 
 
Mientras vamos subiendo como podemos, comprobamos que el Hosquillo lo vamos dejando abajo.
 
 
En mitad del trayecto nos encontramos una pequeña cueva que nos sirve para ponerle marco a esta visión del Hosquillo.
 
 
Se ve pefectamente la cresta que baja del Alto de Peñajosa o del Mirador del Reloj, y a su derecha toda la Umbría Guillomar, o por donde el río Escabas sale del Hosquillo.
 
 
 
Tras subir y trepar ayudándome de las manos en algún tramo, por fin llego donde está la cueva que tiene una arco lateral a modo de entrada.
 
 

 A la derecha el arco de entrada y enfrente tengo la gran boca de esta cueva.
 
 
Que es un ventanal increíble para ver esta parte del Hosquillo.
 
 
Aquí el enorme pilar que separa los dos arcos.
 
 
Sobra decir que el suelo de esta cueva esta plagada de bolitas excrementos de animales y el nombre del Estiércol le viene al dedillo.
 
 
Adosada a la cueva grande hay esta pequeña a modo de habitación.
 
 
Que también tiene su profundidad y un par de ojos muy estéticos.
 
 
Uno.
 
 
Y otro.
 
 
Además, esta cueva habitación al estar más cerrada se han llegado a hacer algunas formaciones.
 
 
Es un sitio que se respira magia, y del que me cuesta mucho irme de allí. Es una cueva muy pequeña y humilde pero es especial.
 
 
Ya abajo otra vez, tendríamos debajo nuestro como se abre el Hosquillo.
 
 
 Un par de fotos del Escabas por ahí abajo.
 
 
Aquí la valla que delimita el Hosquillo y que impide que los animales salgan.
 
 
Después de eso vamos a seguir por la pista a una zona donde confluyen varios barrancos que vienen a nacer en la parte trasera de los Vasallos de Tragacete y la Peña del Halcón, pues a uno de esos barrancos vamos a ir para recorrerlo por dentro. Tiene el feo y prosaico nombre de Barranco de los Mosquitos, en el que ese vulgar nombre puede venir por la abundancia de este insecto en verano ya que allí en los días duros de canícula se respira un fresquito que será muy apreciado por los mosquitos variados que pululan por nuestros montes.
 
 
Hay que estar atento pues el Barranco de los Mosquitos anda camuflado completamente.
 
 
Hay que buscar una manera fácil de bajar. En esta ocasión me acompaña mi chica.
 
 
Guuuaaauu, desde arriba no da la sensación de que va a haber estas paredes ni que sea tan profundo.
 
 
Lo vamos a remontar.
 
 
Ya que tiene tramos más anchos y otros que se estrecha.
 
 
Maru y yo estábamos sorprendidos de la humedad junglesca que hay allí dentro.
 
 
 
En el tramo más ancho es cuando más luz entra.
 
 
Pero en el resto del Barranco es raro encontrar sitios por donde entren los rayos de luz.
 
 
El árbol que principalmente forma el techo natural del Barranco de los Mosquitos es el Avellano, y de tamaños como el de la foto.
 
 
Eso arriba, pues en el suelo se ve una concentración de musgos muy alta.
 
 
Que cuando se agarra a los troncos de los avellanos me recuerda a paisajes más típicos de la Laurisilva canaria.
 
 
¡¡Coño!! un murete allí dentro, indicando que esa humedad y fertilidad no se dejaría pasar por el hombre de antaño.
 
 
El Avellano (Corylus avellana) es un árbol caducifolio que puede alcanzar entre 4 y 10 metros. Requiere terrenos profundos, frescos y blandos y necesita humedad y no mucho frío. En la Serranía de Cuenca la tenemos en abundancia siempre dentro de los valles fluviales, hoces y barrancos y sitios húmedos y protegidos del frío seco. Como es árbol que se puede cultivar muy fácil dándole esos requisitos, de la variedad cultivada es de donde viene la avellana que a todos nos gusta.
 
 
Volvemos a pasar por un estrechamiento muy parecido al anterior.
 
 
Se nota que vamos subiendo, y aquí si llega a haber un metro más, nos la habríamos visto mal para seguir remontándolo.
 
 
Esta es una parte espectacular al ir encañonado.
 
 
Pese a que es un barranco, se nota que el agua no circula por aquí, a no ser que llueva a mares. Es de imaginar que esos Avellanos chupan agua como yo cerveza.
 
 
Maru me viene ideal para calibrar el tamaño de este Barranco.
 
 
Estamos llegando al final o principio, según se vea.
 
 
Al fondo se ve el final y como el sol engulle todo.
 
 
Vamos a volver mientras podemos ver los carriles que circulan por esta jungla serrana.
 
 
Miren el tamaño que alcanza el Buje (Boj) comparándolo con Maru.
 
 
Ya he comentado que esta zona es uno de los pulmones de la Serranía de Cuenca.
 
 
Como el día que fuimos a ver los Mosquitos era verano y la temperatura muy buena, decidimos acabar la ruta como debe de ser cuando se hace por esta comarca, es decir, en las prístinas e incorruptas aguas del río Escabas. Ya, ya, ya sé que ver fotos de baños con las temperaturas tan fresquitas que estamos teniendo, es algo durillo pero solo hay que acostumbrarse, la Magia Serrana es así.
 
 
Primero Maru, a la que le cuesta un poco.
 
 
Y luego yo que la encuentro riquísima.
 
 
 
Hasta la semana que viene.