domingo, 11 de febrero de 2018

SAN FELIPE, LA LOMA DEL OCEJÓN Y EL BARRANCO DEL DAU



Después de mis acometidas a la nieve en la Hoz del río Huécar al lado de Cuenca ciudad, y al par de días en el Puntal de la Zomatilla al lado del pueblo de las Majadas, nos quedamos ya sin nieve, mas que aquella residual en las umbrías o a mucha altura.
Al cabo de una semana, daban nieve intensa pero muy fugaz, sólo el viernes, en uno de estos frentes que barren el territorio de forma acelerada e insuficiente.  Como el fin de semana tenía compromiso, quedamos Ignacio y yo en cogernos el lunes para subirnos los dos al monte.
Al final decidimos, en busca de nieve segura y aprovechando que Ignacio no conocía San Felipe, subir a este cerro, pero no haríamos la típica ruta de subir a San Felipe y volver rodeando la Muela, sino que como es habitual en nosotros dos, había que elevar la dureza de la ruta, y trazaríamos bajar por otro lado monte a través y coger la Loma del Ocejón ya en la vertiente del Tajo y de ahí buscar un espectacular barranco que nos dejará otra vez en el punto de inicio, allí donde comienza el Estrecho de San Blas.
 


Con este fin, echamos las raquetas de nieve por si se terciaba utilizarlas pero la verdad que según llegábamos a Tragacete veíamos que no hace falta más que un día soleado y temperaturas que pasen de 6º/8º grados para que vaya deshaciéndose la apreciada nieve. Además como la cara sur de la Muela de San Felipe recibe el sol de buena mañana, no se veía mucha nieve, cosa que hizo por decidirnos a dejar las raquetas en el coche. Y no nos equivocamos, ya que aunque en la bajada por la cara norte, si había más nieve, fue corto, y con las polainas fue suficiente.
 


No eran las 8:30 cuando nos pusimos a andar desde el merendero del Estrecho de San Blas. No os pondré fotos de los primeros 4 km por el paraje del Hontanar pues ya los hemos visto en otra ocasión. Solamente esta para ver que la nieve es escasa en esta parte.

Ya hemos dejado la pista forestal del camino de las Acebeas y tiramos hacia arriba.
 
 
Luego cogeremos la senda que comprobamos que va teniendo más nieve según subimos. Arriba en el centro de la foto vemos la cima de San Felipe.
 
 
Aquí se me abre una perspectiva de Tragacete con el Cerro de la Bandera (1794 m.) detrás.
 
Debido a la nieve, Ignacio y yo perdemos la traza de la senda, cosa que hace que tengamos que ir un tramo por la ladera pedregosa.
 
 
Pero eso nos hace ver esta bonita perspectiva del Barranco de la Fuenseca, y al fondo la Peña del Halcón con su característica faja rocosa.
 
 
Recuperamos rápidamente la senda y llegamos al Collado de San Felipe.
 
 
Desde aquí vemos que la niebla viene por el valle de Valdemeca como una serpiente.
 
Se nota en la nieve que vamos subiendo.
 
 
Mientras vamos dejando atrás ese paisaje tan alpino que es el valle de Tragacete y sus alrededores.
 
 
Los pinos silvestres con sus bellas formas y  con la nieve cayendo de sus ramas.
 
 
Y la Sabina rastrera con quien debe de estar, con el frío y la nieve.
 
 
Llegando a la cima nos encontramos sitios donde no está mal de nieve.
 
 
Aunque la cima de San Felipe se encuentra con menos nieve debido principalmente al viento.
 
 
Inauguraremos en esta entrada una nueva serie fotográfica: El meón serrano (I)
 
 
San Felipe es un buen sitio para ver la fisionomía y orografía de las serranía conquense y la serranía turolense/guadalajareña de los Montes Universales. Si miramos hacia este ultimo sitio donde coinciden Checa y Orea (Gu) y Guadalaviar y Griegos(Te), veremos todo como más llano, sin mucha irregularidad, lleno de enormes pinares, ya que tenemos que recordar que allí se está de 1550/1600 metros hasta los 1800/1900 m.
En cambio si miramos hacia Cuenca, veremos todo hacia abajo, lleno de valles y barrancos, más irregular, ya que al altitud va desde los 1800 y poco hasta los 1100/1200.
 
Vistazo a la parte de Checa y Orea (Gu)
 
Vistazo a la parte turolense.
 
Vistazo a la parte conquense.
 
 Y el valle de Tragacete como principal reclamo a lo ojos en la cima de San Felipe.
 
Otra cosa que se ve desde aquí es la Torre forestal de Cerro Sancho en primer plano, y al fondo no estoy seguro pero creo que es Cuerno de Poyatos.
 
Pero bajemos por su ladera norte que aún nos queda mucha tralla.
 
 
Por aquí la nieve es abundante pero no se llega a ir mal, además sabemos que no será mucho tiempo.
 
 
Cogemos la traza de un barranquete pero llega un momento que ir por el fondo no es posible.
 
 
Cosa que hace que salvemos el desnivel por un lateral.
 
 
Seguimos bajando durante un buen rato.
 
 
El meón serrano (II)
 
 
Ya estamos en el Carril de Rilaga, a pie de muela, y pasamos por la Fuente de Cristino, completamente seca.
 
 
Se nos abre una bella perspectiva de la Campana (1742 m) y su característica cresta.
 
 
En ese punto en que el carril da una curva cerrada a la izquierda, lo dejaremos para ir a la derecha.. Estamos en un punto Rosa de Aguas, como le digo yo. 
 
 
A la izquierda comienza la Cañada del Tormo, arroyo tributario del Río Tajo (Océano atlántico).
 
Y a la derecha, comienza el valle de los manantiales del Júcar (Mar Mediterráneo), los Ojuelos de Valdeminguete.
 
Estamos en la parte de la provincia de Cuenca donde confluyen el Parque Natural del Alto Tajo con el Parque Natural de Serranía de Cuenca. Nosotros no iremos a ver el nacimiento del Júcar sino que subiremos por esa ladera.
 
 
Le hacemos una visitilla al Tormo Cañaveras, enorme piedrusco que se tuvo que desgajar de la parte alta.
 
 
Aprovechando el sol de mediodía, Ignacio se va quitando ropa.
 
 
Mientras subimos, vamos dejando atrás la Muela de San Felipe.
 
 
Estamos en la parte alta que nos sorprende con que haya tanta nieve aún.
 
Ahora iremos todo el rato siguiendo el límite entre el término de Tragacete y el de Cuenca capital, como bien marca este viejo mojón.
 
 
Aunque otro de nuestros objetivos es asomarnos aquí. Delante de Ignacio, hasta la mitad de la foto provincia de Cuenca, y el fondo a la derecha Teruel y el fondo a la izquierda Guadalajara.
 
 
Precioso el valle del Arroyo del Chispo, afluente del Tajo.
 
Como diría Javi Nieto, el Canadá español.
 
 
Curioso nombre el del Chispo, ¿de donde vendrá? Lo más parecido que conozco es mi buen amigo el Chispi, pero como que no lo veo por estos lares.
 
 
Avanzando por esta loma rocosa, echo un vistazo atrás para ver al fondo, la rocosa Mesa de Ocaña donde abajo el Arroyo del Chispo pega un brusco quiebro a derechas para verter al Tajo. Que pequeñito se ve a Ignacio pero........¿que hace?
 
 
Le damos al zoom........si si es lo que ustedes se piensan: El meón serrano (III)
 
Avanzaremos un buen trecho ahora por la Loma del Ocejón, donde en un punto se me abre aquel cerro que identifico como el Monte Cerecea de Beamud (1716 m.)
 
 
Tras llevar un buen trecho por la Loma, decidimos bajar mientras nos asoma, bien hermoso, San Felipe.
 
 
Una bajada acusada pero sin problemas, nos pone en la Dehesilla, donde vamos a probar en bajar por el Barranco del Dau.
 
 
 


Ya en el Barranco del Dau nos pasó algo que nos reafirma en la idea que ya podemos ser dos tíos experimentados en el monte pero nunca hay que bajar la guardia y confiarse en esto de la orientación. 
Me podréis aducir que si hubiéramos llevado GPS no nos habría pasado. Veo muy bien el aparato en cuestión pero yo lo utilizo cuando me voy de senderismo por otras sierras del país, sierras que no conozco, que son nuevas para mí.  En la Serranía de Cuenca y sus alrededores, al igual que a Ignacio, me gusta aprender a orientarme a la antigua usanza, con el paisaje, con los mapas, con los puntos cardinales, con la orografía. Es así, y tiene sus riesgos pero nada que no se pueda solucionar, pues una cosa muy importante es hacer las rutas con tiempo de sobra, es decir, llegando al coche mientras aun queden una o dos horas de luz, y más todavía en rutas invernales, como en esta ocasión que os estoy narrando.

Resumiendo la historia, resulta que al bajar de la Loma del Ocejón, teníamos un barranco corto que en el mapa y la foto aérea venía muy agreste y posiblemente imposible de transitarlo, y luego teníamos otro más largo y más suave conocido como del Dau, que era el que íbamos a coger y que posiblemente si se pudiera acceder aunque no lo sabíamos a ciencia cierta.
A la postre, el error de orientación fue que elegimos el barranco agreste, tributario del barranco del Dau, por el que no queríamos meternos, convencidos por la situación de los dos cerros por los que van estos barrancos entre medias, la Peña del Fraile y el Cerro de la Dehesilla o Cerro Rondevater.
A instancias de Paco de Tragacete, me indica que el Barranco del Dau, le han llamado del Dao. El pequeño pero agreste barranco por donde nos metimos es el de la Fuente Rondevater, que le dicen en pueblo Rondavales.


Mientras bajábamos vimos ese barranco que lo desechamos pues pensábamos que era el Barranco agreste que queríamos evitar. Al final resultó que ese era el barranco por donde va el Estrecho de San Blas.


Y resulta que nos metimos allí convencidos que el barranco peliagudo lo dejábamos a un lado. Aquello era muy bonito pero llegó un momento que nos encontramos con un salto de unos 15 metros verticales donde sus dos laterales sea abrían como navajas de cachas nacaradas en dos rocosas fajas corridas e insalvables hasta donde nos alcanzaba la vista.

Nos metimos por este que bordeaba el Cerro de la Dehesilla, totalmente convencidos que era el Barranco del Dau.


1ª sorpresa, un cortao vertical de cerca de 12/15 metros por donde se descolgaría el arroyo.

Rápidamente la opción principal que nos surgió era que había que recular, salir del barranco agreste y, según el tiempo que quedara, intentar el otro barranco que era el que creíamos inaccesible, o asegurar e ir hasta la pista forestal que tras bordear por atrás la Peña del Fraile, volvería por el Estrecho de San Blas a donde teníamos el coche. Se nos alargaría una hora y media más aproximadamente la excursión pero íbamos con tiempo de sobra como colchón para un imprevisto de este tipo.

A todo esto, aquello nos causaba una confusión inexplicable, pues veíamos in situ el terreno, y luego mirábamos los mapas y no concordaba. Por aquel entonces, estábamos totalmente convencidos que íbamos por el barranco del Dau. Hay que sumar a ese momento el cansancio que llevábamos tras 7 horas desde que empezamos a subir a San Felipe, lo vertiginoso y espectacular que era el barranco que nos tiraba a quedarnos allí, tirando muchas fotos, y a comprobar si pudiera haber algún paso.

Desde los bordes teníamos ese barranco que se ve en la parte izquierda que nos extrañaba su ubicación.

Yo me subí por una de esos laterales muy empinados por donde me tenía que ayudar de las manos en algún tramo, hasta que arriba del todo se me abrió el panorama, comprobando aliviadamente que había un pequeño desplome por el que se podía bajar, y salvar esa primera gran cascada. Después, muy junta se veía otra cascada de unos 8/10 metros verticales pero por este lateral que estábamos bajando la podíamos salvar siempre con mucho cuidado ya que esa ladera era de piedra descompuesta y había que apuntalar el pie muy bien.

Estaba claro que Ignacio y yo, totalmente embelesados por lo que teníamos alrededor, habíamos decidido lanzarnos barranco abajo y desechar la idea por ahora de volver hacia atrás y buscar la pista forestal que nos llevaría al Estrecho de San Blas. Era un plan arriesgado porque no sabíamos si habría más saltos verticales transitables, pero teníamos tiempo aún de sobra para recular. Si es cierto, que cada vez nos iba quedando menos tiempo pero aún estábamos dentro de lo estimado para llegar al coche con luz diurna.

Por la otra faja corrida de enfrente ya vimos que no había manera de bajar y salvarla, por lo que nos subimos por esta por la que viene Ignacio.

                                 Aquí el desplome que encontramos para poder bajar.


Y luego la ladera de piedra descompuesta y bastante empinada por la que había que bajar con cuidado, y que nos valía para salvar la 2ª cascada que estaba la derecha de la foto.


A todo esto ya íbamos por el barranco común, es decir, donde ya se habían juntado el barranco corto y agreste, y el barranco del Dau .Llegamos a un tramo que el cauce del arroyo se estrecha y aparecen unas placas de hielo y nieve residual que nos hace extremar el cuidado. Muy bonito todo, pues además se nos presentaba, sensacional, ante nuestros ojos la gran faja de la Peña del Fraile, de tamaño gigantesco.  Un poco más adelante intuimos otro cortado vertical en barranco. Se nos acelera el pulso mientras nos asomamos al borde, y ¡Zas! nuestros peores presagios toman  forma de golpe y porrazo. Había un salto de unos 8 metros imposibles de salvar. Además, para más inri, había otro salto más un poco más abajo –el último ya- de unos 4 o 5 metros verticales que desde aquí nos parecía también insalvable.


El fondo del barranco tiene neveros residuales y planchas de hielo donde había que extremar el cuidado. Foto by Ignacio.


                     Ya en el cauce común, se nos abre la faja de la Peña del Fraile.


Con una pintaza salvaje y que me gustaría recorrer algún día. ¿Te acuerdas Dani, cuando subimos a San Felipe, que en el Estrecho de San Blas me comentaste que esa faja que se ve desde abajo tiene muy buena pinta? Pues esto es el otro lado de dicha faja.


                             Las fotos no hacen justicia a lo espectacular del paraje.


Pero avancemos por el cauce hasta el siguiente salto pues aquí nos pegó el bajón. En primer plano está el salto de unos 7/8 metros, y más adelante (en la parte superior de la foto) se ve el último salto vertical que será de unos 4/5 metros, y que desde aquí también parece insalvable.



                    Aquí puesto al borde de dicho salto infranqueable. Foto by Ignacio.

Nos miramos los dos, y la opción se nos revelaba urgente, nítida y salvadora. Había que poner la quinta marcha, y volver hacia atrás cagando leches. El tute que nos íbamos a pegar iba a ser antológico pero somos dos tíos curtidos y no era la primera vez que nos veíamos en una de estas. Por unos momentos, contemple la opción de intentar subir e ir por la gran faja que crea la Peña del Fraile pero era ya muy tarde para acometer eso, era una auténtica locura.

Pero en ese momento tan delicado, Ignacio se dio cuenta que en un lateral había como un paso de un metro de ancho, como hecho a pico, por donde se podía intuir una sendecita muy poco perfilada.

¡Aleluya! En efecto, aquello era un pequeño abertura artificial que por una senda prácticamente desaparecida salvaba estas dos últimas cascadas por dos pasos por la roca en los que probablemente hubo que allanar la roca con el pico y la maza y poder pasar y ya salir al valle del Arroyo del Hontanar, afluente del Júcar.

Justo detrás de Ignacio, en la parte izquierda de la foto está el pequeño paso que salvara las dos últimas cascadas por la izquierda.

Bienanventurado el tragacetero de antaño que hizo este paso, seguramente para poder subir a la parte alta y aprovechar los buenos pastos que hay en todos estos valles y cañadas que quedan entre la Mogorrita y San Felipe.
Ignacio y yo ya relajados en la parte baja, comprobamos además que tenía bastante agua el arroyo, por lo que llegamos a la deducción que justo después de la última cascada, debiera haber un manantial, ya que arriba estaba seco.

Remontamos el tramo de arroyo hasta ponernos debajo del espectáculo de caliza que era todo este gran barranco que habíamos bajado paro comprobar que las últimas nevadas estaban haciendo que la Sierra se vaya recargando y allí teníamos la primera surgencia de agua cristalina, que debajo de una gran roca y entre berros, me ofreció, después de estos momentos de expectación y cierta tensión, unos tragos de agua que me supieron como la mejor cerveza del mundo. 
A instancias de Paco de Tragacete me dice que ese manantial se llama Fuente de la Isilla, y ese rincón tan bonito es el Rincón de la Isilla. Gracias Paco.

Según pasamos por la senda y bajamos por una ladera, vamos teniendo a lo lejos la faja de la Peña del Fraile.

Como hemos visto agua en el arroyo, volvemos arroyo arriba mientras el Barranco del Dau y parte de la faja según nos acercamos más imponente.


Que alegría me entró cuando apareció la surgencia manando su agua después del execrable año 2017 que habíamos tenido.


                      Por supuesto que bebí unos buenos tragos en agua tan pura.



                       Las dos cascadas finales vistas desde abajo del todo, el Rincón de la Isilla.


Al Arroyo del Dau le viene algún otro manantial que hace que se encharque antes de echar sus aguas al Júcar.
 
Ya puestos en el carril que va paralelo al joven Júcar, y después de 8 horas y media de ruta, llegamos al coche, y fue en casa, ya descansados, donde nos dimos cuenta de nuestro pequeño error. Error que no trajo más consecuencias más que descubrir un pequeño pero espectacular barranco de la Serranía.

    Pasamos por una vieja construcción con la visión al fondo de la Peña del Fraile (1615 m.)


Y después de pasar por el Albergue refugio de San Blas, llegamos al Estrecho homónimo con su bonito merendero, y donde nos espera el coche tras 8 horas y media de ruta, y unos ricos tercios en Tragacete.


             Plano con la ruta realizada, siendo el círculo el principio y final de la misma.



                                                                  Hasta la próxima.