viernes, 17 de septiembre de 2021

DE LOS LAGUNILLOS A LA LOMA DE LA ORUGA Y EL CEÑAJO DE LA VENTANA


Llevaba ya tiempo fijándome en la Loma de la Oruga, o la Oruga a secas, un cordal rocoso, a ratos ancha cresta por el que quería ver si se podía transitar. Para ello, debemos irnos al Área Recreativa de Los Lagunillos, uno de los mejores merenderos de la Serranía de Cuenca, y lugar de obligada visita los fines de semana durante la década de los 80 y parte de los 90 por parte de los conquenses.

Con el tiempo, cayó un poco en el olvido y el abandono, hasta que se reformó no hace mucho, y, aunque la carretera “asfaltada” que te lleva hasta allí deja mucho que desear, el paraje sigue bello e incólume, como cuando íbamos siendo más chicos.

Recuerdo campamentos veraniegos de la OJE en que dormíamos al raso con nuestros sacos en este lugar, muy cerca del único lagunillo kárstico que queda, y que le da nombre al paraje. Arrullado por un joven, frío y caudaloso río Escabas, que acaba de salir de su nacimiento, dentro del valle del Hosquillo, es un lugar donde el descanso y la relajación cobra mucho sentido.



Nosotros lo vamos a tener de punto de partida de nuestra excursión, que va a tratar de subir al principio (o final) del cordal rocoso de la Oruga para recorrerlo y, en un punto dado, bajar y buscar uno de los pocos carriles que serpentean por esta abrupta zona filtrada de decenas de frondosos barrancos, para volver hacia Lagunillos, no sin antes asomarnos a uno de los bordes del final del valle del Hosquillo, donde el río se escapa de esta bella cárcel por la Umbría del Guillomar, mientras va diseminando pozas y baños con una generosidad fluvial cristalina que enamora.


Estamos en el área recreativa de Lagunillos, donde en esta ocasión que estuve yo, un fiambre me aderezaba la estampa.


                                      El merendero se compone de varios edificios.


                                                     La de veces que habré estado aquí.


    Su fuente más famosa es la del brutal Sauce  (o Fresno, nunca lo he tenido claro del todo).

                                                                      Pero hay más.

    Dejemos el merendero de aquella ocasión primaveral y comencemos la ruta, ya que el carril se pone tieso desde el principio.


                 Dejamos el carril y subimos campo a través con la ladera todavía más tiesa.


     Ya estamos a punto de colocarnos encima del cordal rocoso de la Oruga en su parte final.


Un hito allí puede parecer extraño, pero hay que saber que antiguamente por aquí iba el camino de la Loma de la Oruga, una vía para uniría el río Escabas y la vieja Casa de Lagunillos con el Collado de los Vasallos de Tragacete y toda esa zona.


Las vistas comienzan a ser gloriosas, con la cresta cerro de Dos Hermanas destacando en el centro de la foto, y al fondo del todo, el pueblo de Poyatos.


        Nosotros tenemos una buena tirada de chula cresta hasta subir a la parte alta de la misma.


                    No se anda mal por aquí, aunque hay que asegurar bien la pisada.


                                 A Ana Mari le cuestan un poquito llegar al alto.


Se intuye allí abajo el valle hondonada donde está el merendero de Lagunillos, con el Ceñajo del Duende y el Romeral delante, como muro pétreo de cuchillos y crestas.




                    Paso a presentaros a Jose, con los puntales del Hosquillo al fondo.


                  Un poco de zoom para enseñároslo. A la vuelta pasaremos por la parte baja.


      Maru está muy a gusto sentada y remolonea a la hora de ponerse en marcha otra vez.


Otra cosa curiosa para los fans de la serranía. Lo de abajo es la actual carretera que une el Refugio de Tejadillos con los Lagunillos. Y la senda de arriba, es el camino ancestral cuando no existía carretera.


Hay que mencionar, ya que la tenemos debajo nuestro, por donde sale el río Escabas del Hosquillo: la Umbría Guillomar, con el Estrecho de Marinales a la derecha. Uno de esos parajes que tenemos que cuidar como oro en paño.


             Debemos seguir por la oruga, en este caso toca bajar, siempre más peligroso.


                                                            Extremando el cuidado.


                                              Lo suyo es intentar ir siempre por el medio.



                                      Tramo muy estético de la Loma de la Oruga.




Nos estamos poniendo muy delante de lo que se considera el final del Hosquillo, con el Alto de Peñajosa,, donde el Mirador del Reloj, a la derecha.


                                El equipo al completo. Jose, Ana Mari, Maru y un servidor.


Hace un tiempo os enseñé en esta ENTRADA una cueva que se ve arriba del todo, cuando coges ese carril que bordea las paredes rocosas del Hosquillo. La cueva, más bien una oquedad grande gasta el rasgo peculiar de tener como dos ojos. Por supuesto, subí con cuidado desde abajo, y me metí en ella, nombrándola la Cueva de los Ojos del Hosquillo. No se me dan mal poner nombres bonitos, eh! 

Realmente, la cueva está en un lateral de la cresta de la Oruga. En toponimia serrana a todo ese parte del cordal de la Oruga donde está esa cueva se llama Ceñajo de la Ventana, refiriéndose claramente esa ventana a la gruta de los Ojos del Hosquillo.


                                                       Ese arco de enfrente es la entrada.


                    Luego la cueva es completamente abierta con todo el Hosquillo delante.


                          Luego en un habitáculo aparte, tenemos uno de los dos ojos.


                                                               Y Maru puesto en el otro.




                           Después de salir de la cueva, hay que subir y seguir adelante.


         Ya no hay cordal rocoso, y ahora seguiremos por la traza de un viejo carril o camino.


                                        Quise atajar y nos metimos por el Barranco del Bu.


Pero fue un plan fallido, pues el barranco se cortaba en vertical antes de terminar. Tocaba recular.


Por eso, seguimos más adelante para cruzar el Bco. del Bu y bajar por esta ladera del Barranco de las Torquillas.


Una antigua vía de saca de madera que nos va a poner en la parte baja, por donde va la actual pista que se viene de Lagunillos (dentro del Bco. de la Cueva)


    Volviendo ya por el carril, Jose y yo exploramos una cueva que nos sale por los laterales.



Por ejemplo, esta con cierta profundidad, donde nos llama ese pequeño gamellon (o dornajo) en el suelo.


Puede parecer que está tirado en el suelo pero no es así. Está colocado justo debajo de unas filtraciones en la roca, donde el goteo constante lo llena y así, los pastores y hombres de campo tenía agua fresca para los duros veranos. Pura sobrevivencia!


Cuando estamos por el carril, con el zoom vemos en Ceñajo de la Ventana, con esos ojos del Hosquillo.


                               Antes de seguir, nos vamos a desviar para enseñarles una cosa.


                          El Barranco de la Cueva viene a caer al Hosquillo por aquí.


                         Que lo mejor para verlo es tumbado como lo hace Maru. 


Estamos hablando del Parque Cinegético de El Hosquillo. De régimen visitable y donde podrán ver osos, lobos y más anímales.


Estamos hablando de una gran dolina/valle asimétrica de más de 1000 hectáreas de extensión, donde nace el río Escabas (excepto en época de fuertes lluvias), y que debido a su orografía fue sitio idóneo para una reserva cinegética.



Y ahora volveremos por el carril hasta el paraje merendero de Lagunillos, donde os voy a enseñar lo que da nombre al paraje. Parece ser que antiguamente había más de uno; de ahí, el plural del topónimo que aún se mantiene. 

Hoy en día, solo queda uno, bello como él solo. En época invernal de lluvias es un enorme manantial que le echa el agua recién nacida al río Escabas, y el resto de año es como vais a ver en las fotos.


                                              Lo primero es buscar este puente de madera.


                                      Que nos ayudará a cruzar el río casi recién nacido.


Un cártel nos habla de la riqueza natural de dicho curso fluvial, una de las joyas de la Serranía.


                 Una barandilla circular nos indica claramente la ubicación del Lagunillo.

       Fenómeno kárstico total en vías de extinción ante la falta de lluvias regulares y la colmatación de la cubeta.


                                          Su color y su fondo es realmente hipnotizador.


                                                                  ¡Menudo rincón!            


                                   Que locura de tonalidades verdes y reflejos acuáticos.


En inviernos y primaveras nace del él un arroyo que va a echar sus aguas al río Escabas tras 50 metros de trayecto aproximadamente.


Esto ha sido todo. Hasta la próxima!!