domingo, 13 de septiembre de 2020

DE HUERTAPELAYO AL PUNTAL DE PIE LABRO Y PUENTE DE TAGUENZA



Todos los veranos Ignacio y yo nos solemos ir al Alto Tajo para recorrer su maravillosa orografía, juntándolo con baños en el río, incluso con rutas fluviales. En este caso vamos a ver una que la mitad será a pie y la otra mitad por el río.  Ya he hablado en otras rutas semejantes que dentro de lo desconocido que es el Alto Tajo, en los veranos tiene mucha afluencia de gente entre los que vuelven al pueblo y los visitantes vacacionales, pero dentro del mismo hay áreas que por su pésima comunicación, su carácter agreste y ausencia de carreteras son dadas a que sigan solitarias e ignotas todo el año.

Un sitio que nos encanta es el pequeño pueblo de Huertapelayo (perteneciente a Zaorejas), posiblemente de todo el Parque Natural del Alto Tajo es el que más cerca está del río, junto con Peralejos. Cosa que hace que puedas llegar con el coche bastante cerca del poco accesible y agreste cañón del Tajo. Además, este pequeño pueblo es de una belleza arrebatadora, allí abajo como fuera del mundanal ruido, solo al compás de la naturaleza, su ritmo y su calma.

Hace unos años estuve yo solo por esta zona e hice una pequeña ruta de ida y vuelta para ir andando desde Huertapelayo al Puente de Taguenza, puente mítico que salía en la novela de Jose Luis Sampedro, el Río que nos lleva, contando la dura y terrible epopeya de los gancheros, bajando los troncos por el río. La vuelta fue por el mismo camino.




Esta vez desde el pueblo cogeremos una senda en buen estado que nos va acercar al cañón del río, siempre yendo paralelo a él, río arriba. Ignacio ya se conocía esta senda de otra vez que estuvo el por esta zona. Nuestra intención es llegar al Puntal de Pie Labro donde ya podremos acceder al río, aunque no bajaremos aún por dentro de sus aguas, pues hay un largo tramo de cañón rocoso con pozas profundas, rápidos, enormes rocas diseminadas por su cauce que no aconsejan mucho bajar por ahí, aparte que todo ese tramo está a la sombra permanente, y al Alto Tajo como no haya solecito, ya os digo yo que cuesta entrar.


                 Ya estamos puestos en la senda y vamos dejando el pueblo abajo.


                            Nos asoma la bonita ladera rocosa de la Peña Calera.


      Ya tenemos la vista de de como se emboca el valle al Tajo que es lo que hay al fondo.



       La senda se dirige hacia arriba para salir por un lateral del valle donde está el pueblo.


                           Uuumm que buena pinta para echarse unas trepaditas. 


          Ya estamos al otro lado donde está este barranco paralelo al del pueblo.



Nosotros nos dejamos caer hacia el río pero no mucho, lo suficiente para ver parte de su cañón.


              Ya que nuestra nueva senda ancestral va más arriba y paralela al río.


                 Ese enorme fraile que se ha desgajado de la derecha capta mi atención.


        Miramos río arriba, ya que más adelante es por donde podremos acceder al río.


                                         La senda va alternando tramos diferentes.


          Comienza a bajar gradualmente. Nos estamos acercando al Puntal de Pie Labro.


          Tenemos que buscar un sitio donde no cubra mucho para poder vadear.


                  Nos ponemos en el otro lado y avanzamos entre mucha vegetación.



              Llegamos a esa parte que el río se encañona con paredes verticales.


Cosa peculiar, como el agua trajo este neumático cuando el árbol era inexistente o muy pequeño.


                     Ahí abajo es la zona de rápidos y rocas que comento antes.


               Como ven el río por aquel lado es inaccesible en varios kilómetros.

Después de pasar ese tramo más hosco, ya entraremos en el río. Pocas cosas más placenteras que pedirle permiso al río para entrar en su quietud y su calma y avanzar por él, solo oyendo el ruido de nuestro propio chapoteo con el cuerpo mientras nuestras cámaras echan humo intentando captar esos momentos fluviales donde agua y cielo luchan amistosamente mientras el verde de las riberas resalta y salta con el pétreo de las paredes.

Pasaremos por un lugar que yo ya conocía, un sitio de baño para la gente del pueblo en verano, donde Ignacio y yo comeremos plácidamente, y donde pese a ser sábado de agosto no vimos un alma.  Desde ahí  tocaba ir hacia el Puente de Taguenza por dentro del Tajo, con esos últimos metros espectaculares encajonado entre dos paredes.


                                           Toca meterse por donde mejor veamos.


                                   Lo que nos gustará a Ignacio y a mí esto.


                                  Francamente es una maravilla para los sentidos.


                                                             Así me ve el río Tajo.


     Tras un rato largo, llegamos a esta zona que yo me conocía de antes. Creo que se conoce como la Manguilla.


                                            Miren que quietud y claridad la del agua.



 Nadar y avanzar por el agua da un hambre del copón, y este es el sitio elegido para comer.


                         Aprovecho el descanso para fotografiar instantes fluviales.








     Después de comer seguimos avanzando que nos queda aún un trecho hasta el puente.



       El avance por el río debe ser lento y cuidadoso pues llevamos las cámaras de fotos.


                                            Un ser del río, el Caballito del Diablo.


                                  Vuelven a aparecer las paredes rocosas cerca.


                                  Llegamos a un tramo de muchas rocas en el río.


                                        Por aquí tenemos que ir nadando.


         Estamos en el desfiladero que se crea justo antes del Puente de Taguenza.


Como hay que ir y volver nadando, dejé la cámara atrás, por lo que os pongo fotos de la vez anterior que estuve yo, hace unos años.


Ahí está el mítico y ancestral Puente de Taguenza, único paso en multitud de kilómetros para comunicar ambos lados de Tajo. Si alguien quiere ver la entrada antigua: Ver Aquí


                                                        Toca volver nadando.


Volvemos un tramo de río para salir por el lado derecho un poco más adelante de donde está Ignacio.

La vuelta la haremos por el viejo camino que comunica Armallones con Huertapelayo, por donde callejearemos un poco, impregnándonos de la tranquilidad y belleza de este pequeño rincón olvidado de la mano de Dios, pero que firmaba ahora mismo por tener una casa allí, y pasar temporadas.



Al poco de salir, vemos las diferentes capas de roca a distintas alturas que van conformando el valle del Tajo.


Ya estamos sobre una pista forestal mientras vemos parte del cañón por el que hemos bajado nadando.


           Nos dirigimos hacia Huertapelayo, donde ya se ven sus característicos cerros.


Peña de la Calera a la izquierda y a la derecha el Pico Ila(no sé si estará bien este topónimo)


                                       Vamos dejando cada vez más atrás el río.


Ahí está el Collado por donde pasábamos nosotros esta mañana. Han pasado unas buenas horas.


                 Entramos al pueblo donde se ven casa tan llamativas como esta.


Aunque a mí lo que me gusta son estas plazas tan frondosas y silenciosas donde vimos a una chica echándose una siesta en un tumbona debajo del árbol.


                                                     El frontón del pueblo.


                     Otro rincón bonito donde se aprecia lo encajonado que está el pueblo.


         El pueblo es atravesado por el arroyo de la Vega, que va directamente al Tajo.


                   Otorgándole al pueblo esa vegetación a ratos exuberante que hay.


Esto ha sido todo, tocaba volver a Cuenca, haciendo parada para el refrigerio cervecero en el pueblo de El Recuenco, que estaba en fiestas. ¡Madre mía, como entraba esa cerveza fresquita en pleno agosto!

¡Hasta la próxima!