domingo, 2 de diciembre de 2018

LA DESPOBLACIÓN DE LA SERRANÍA CELTIBÉRICA

 
Uno de los temas más en actualidad por lo grave, problemático e impactante en estos días es la despoblación de una gran parte de España, teniendo una densidad de población por debajo de la región escandinava de Laponia, lindando con el Polo Norte, además de una extensión mayor de dos veces el país de Bélgica. Hablamos de una vasta comarca que engloba casi la totalidad de las provincias de Soria, Teruel, Cuenca y Guadalajara, luego el interior montañoso de Castellón y Valencia, y áreas concretas de Zaragoza, Burgos y la Rioja. Básicamente gran parte del Sistema Ibérico, lo que se conoce como la Serranía Celtibérica.


España en gran parte de su territorio se despuebla. La gente abandona paulatinamente los pueblos y la vida rural yéndose a vivir a las ciudades, cayendo estos en el abandono en algunos casos, el silencio y la soledad siempre, si exceptuamos los veranos. El resultado es cruel, pues en la mayoría de los casos la historia de estos rurales núcleos de población se van perdiendo con el tiempo, emigrando o muriendo sus últimos habitantes, sus términos municipales son invadidos por la naturaleza, desapareciendo las sendas, caminos, fuentes, huertas, tinás, molinos y una larga lista de construcciones de valor en el campo para la sobrevivencia de sus habitantes, además del patrimonio oral e intangible.


No voy a entrar en detalles de este problema pero hay que remarcar que su gravedad es alarmante, pues no es un problema coyuntural, sino estructural y no tiene visos de solucionarse.
Esta zona se despuebla a marchas agigantadas, siendo principalmente Madrid, Barcelona y otras ciudades grandes y sus pobladas periferias por un lado, y todo el corredor del litoral mediterráneo por otro, destinatario final de toda esta población que emigra en busca de más oportunidades.


Gran cantidad de pueblos están en riesgo de desaparición o lo han hecho ya, y otros muchos sus cifras demográficas decrecen ostensiblemente, pero hasta las capitales de provincia como Teruel, Soria o Cuenca, ven como su población se estanca o incluso decrece lentamente.

         Nuestros mayores se van muriendo. Hay que pintarlos. El pueblo se extingue.



Magia Serrana quiere dar su visión de este triste fenómeno, incluyendo los textos y las fotografías que jalonan la entrada. También he querido incluir textos ajenos, en este caso del escrito Sergio del Molino, presentando extractos de su magistral libro: La España vacía, y también del periodista Paco Cerdá: "Voces de la Laponia Española" Completamente recomendables los dos.


Como ya he dicho, también incluiré unos textos míos sobre este tema por eso de darle el toque personal, aunque muy lejana queda mi intención de equipararme con estos profesionales de la literatura y el periodismo. Cuando los textos sean suyos, pondré al final de los mismos sus nombres. El resto de textos serán míos. Dar las gracias de antemano a Sergio del Molino y Paco Cerdà por coger prestado sus escritos.



Los últimos habitantes de estas sierras parchean las casas, evitando que se desmoronen por completo, como en este Rento.



                        Todo comenzó con el abandono de caleras, pegueras, hornos, etc....



                   Tinás o corrales de ganado donde árboles ya han crecido dentro.



        Siguieron otras construcciones como los molinos de agua invadidos por la naturaleza.



De los que cada vez cuesta más ver su forma y funcionalidad, ante el deterioro progresivo.






Toda la gran comarca de esta Serranía Celtibérica engloba unos 1355 municipios contiguos. Casi la mitad tienen menos de 100 habitantes. De esos 1355 pueblos, 1160 tienen menos de 500 habitantes. Solo 6 poblaciones superan las 5000 almas: Cuenca, Teruel, Soria, Calatayud, Almazán y El Burgo de Osma.


Es el 1% de la población española ocupando el 13% de su territorio. El extraordinario desequilibrio se va ampliando de forma acelerada. En 1930 España tenía 26 millones de habitantes y esta área, la Serranía Celtibérica, rozaba el millón de habitantes. En los casi 90 años trascurridos, España ha duplicado su población mientras que la Serranía Celtibérica ha pedido la mitad de ese millón de habitantes.


456 pueblos no llegan a dos habitantes por km cuadrado; otros 369 municipios oscilan entre dos y cuatro habitantes por km cuadrado. Desiertos demográficos sin posibilidad de regeneración, los llaman los geógrafos. En diez años desaparecerán la agricultura y la ganadería en los 631 municipios de menos de 100 habitantes. En veinte años su población permanente se extinguirá, porque la pérdida de población es exponencial debido al envejecimiento.

El Catedrático Francisco Burillo ha acuñado un concepto nuevo para entender esto. La palabra asusta: demotonasia. Demos: población; Tanatos: dios de la muerte pacífica. Ahí está la definición: un proceso que tanto por acciones políticas, directas o indirectas, como por la omisión de las mismas está provocando la desaparición lenta y silenciosa de la población de un territorio, que emigra y deja la zona sin relevo generacional. Es una muerte inducida, no violenta.
(PACO CERDÀ)




El abismo que separa la España llena de la España vacía es demasiado grande. Probablemente no se borre nunca. Conforme pasa el tiempo y los españoles se alejan más y más de sus orígenes rurales, las mitologías familiares que componen esa España vacía mental también se diluyen. En parte, se hacen más fuertes, porque los mitos son más mitos cuanto más brumosa es su narrativa.

A medida que se pierden fechas, nombres y parajes, se gana en sugestión y en capacidad para amarrar nuevas identidades.
La infancia es una patria poderosa, pero la infancia de los padres y de los abuelos lo es mucho más. Como la España vacía no se va a llenar y las tendencias demográficas, si no se alteran radicalmente en los próximos años, auguran más desierto y más vacío, con la desaparición de miles de pueblos, esa mitología se va trasformar y robustecer.
(SERGIO DEL MOLINO)



Durante 9/10 meses aproximadamente, muchos pueblos están intactos, con las casas enteras y/o reformadas pero nadie por sus calles. Ni personas mayores. El silencio es descomunal.



Ante la continua despoblación, las líneas de trenes se vuelven obsoletas, convirtiendo en fantasmas las estaciones.



 Muchos oficios y costumbres hay que escenificarlas o recrearlas para que no caigan en el olvido.






Alberto huye de idealizar el entorno rural, un pecado mortal que ha sembrado tantas frustraciones en emigrantes utópicos que pretendían dejar el asfalto urbano y abrazar cielos de mariposas y pajarillos que jamás hallaron en el pueblo. Habla de un alcoholismo acentuado en los hombres, un rasgo que acude a la mente al contar 96 cajas de cerveza apiladas a las puertas del Casino de Checa. Suman casi tres mil botellines vacíos.

Habla también de la falta de iniciativa en la gente, inducida por un acomodamiento y una resignación que amodorran. Habla de mentes refractarias a los cambios, aunque sean nimios: cuesta mucho cambiar la vieja Mahou por la nueva Turia.

Habla de la necesidad imperiosa que tienen aquí de saber enseguida quién eres, qué quieres, de dónde vienes y si pueden saber quién carajo son tus padres, mejor. Alberto es crítico desde el amor. La crítica más pura; quizás el amor más auténtico.

(PACO CERDÀ)

Para un europeo, el paisaje es un parque. El paisaje se pasea, se disfruta, se contempla. Un español, en cambio, necesita hacer algo más. Necesita salvar a las gentes que se achicharran en el yermo, necesita llenarlo de árboles, modernizarlo con autopistas, irrigarlo con canales y pantanos. Un español tiene que intervenir porque le ha tocado un paisaje que no es paisaje, sino un problema a resolver. En cualquier caso, algo que no forma parte del que observa. (SERGIO DEL MOLINO)



Entrar dentro de las casas es ver el desmoronamiento de estilos arquitectónicos de pasado.



El tamaño real de las ruinas nos hace comprender el verdadero sentido de esta tragedia.



El avance de la naturaleza es un proceso tan natural como necesario pero ahonda en el dramatismo de este asunto.



Las plantas trepadoras son un buen ejemplo de como la naturaleza, ante la ausencia del hombre, pide que todo regrese a su estado primigenio.








Primero inquietan los titulares. Después estremece el contexto. Pero ni los titulares ni su correlato explicativo. Nada golpea con tanta fuerza ni rasga las entrañas tan a fondo como llegar a la aldea valenciana de Arroyo Cerezo -10 habitantes en invierno- y ver cómo, al grito de Vicente, sale Vicente Lázaro con paso lento y vacilante de entre la penumbra de la casa.
Es pastor. Tiene 80 años: los suficientes como para haber presenciado el goteo constante de puertas que se cerraron para siempre, de campos que nadie volvió a trabajar, de paisajes que se han ido degradando. Vive en el techo poblado del País Valencià, la última aldea lindando ya con sierras conquenses y turolenses, a 1340 metros de altitud.

Yo aquí estoy muy bien, dice. ¿Más gente para qué, para reñir más?

Esta aldea que llegó a 265 habitantes puede quedar despoblada por completo en veinte años. (PACO CERDÀ)




Los pueblos con una tradición que inventar para placer del turista son pueblos afortunados. Mucho peor es no tener siquiera unas piedras medievales. La desesperación de muchas comarcas ha llevado a sus alcaldes y vecinos a caer en manos de timadores. Cualquier huerta heredada de los abuelos podía ser fuente de riqueza. Cualquier parcela podía interesar a los constructores de fantasías, aeropuertos y autopistas. En la Mancha hay municipios que han llegado a competir para quedarse con un cementerio nuclear.
Lugares como Sanabria, Sigüenza, Albarracín o Almagro y todas esas viejas ciudades de interior, en las que los automovilistas paran a comer asado y a comprar miel o berenjenas en vinagre, existen como proyección de un pasado eterno. En sus plazas hay un tiempo distinto, que remite a lo de siempre, a esa eternidad que inspiró los muros de los pueblos abandonados. A la España vacía real no le han quedado más que dos caminos: negar y destruir su propia tradición o representarla en una función ininterrumpida al gusto de aquellos que abandonaron hace mucho sus casas y sus calles.(SERGIO DEL MOLINO)



Los aperos y utensilios de la España vacía sirven -óxido mediante- para recordarnos lo que tuvo que ser el duro día a día en estas sierras.


                      La de migas, gachas y morteruelos que habrá visto esta sartén.



El asno, animal de carga por antonomasia, al igual que los hombres, está en proceso de desaparecer de estas sierras.


Una imagen reveladora: mi amigo Paco en los restos de la Tiná de los Rasos, la tiná de su abuelo, donde él recuerda ayudar a su abuelo siendo más niño. Nos costó encontrarla un buen rato.



Ni las Iglesias se salvan, sumidas en la soledad y abandono de pueblos fantasmas completamente ruinosos.


           Algunas ya se han venido abajo, aceptando en su seno a la Madre Naturaleza.






El silencio nos recibe. La desolación nos rodea. La belleza de la despoblación se despliega con toda su fuerza. Parece una contradicción, una paradoja. Pero es una innegable sensación de placer estético y sentimental que, a un tiempo, inocula el sentido de culpa en quien la experimenta.

Nadie debería gozar de la catástrofe etnológica, de la muerte de un pueblo y de su reducción a evocadoras ruinas. No debería uno permitirse el lujo inhumano de sentir regocijo visual de un silencio que es enmudecimiento forzoso, de una paz que es el resultado de una guerra perdida, de una melancolía ajena que no fue más que bilis negra sin ápice de encanto ni atractivo sensorial en quien la padeció en sus entrañas.

Nunca la fascinación romántica por el tempus fugit de un pueblo, jamás la decadencia con rastro de muerte civilizatoria debería –por muchas teorías sobre lo bello y lo sublime- conmover nuestro espíritu con fruición y deleite. Uno no debería.

Y sin embargo resulta imposible detraerse a la contemplación de esta cruda belleza”   (PACO CERDÀ)



"La España vacía, vacía sin remedio, imposible ya de llenar, se ha vuelto presencia en la España urbana. Tantas cosas remiten a sus huecos. Como aquellos judíos de Sefarad que, varios siglos después de la expulsión de sus ancestros, conservan la llave de su casa de Toledo o de Gerona o de Córdoba, la casa que ya no existe en la patria que sólo se conserva en el léxico del ladino, en ese español arcaico lleno de palabras turcas, hebreas, árabes y griegas.
Hay llaves imaginarias en muchos salones de España. Llaves que siguen pasándose de generación en generación. Y lo nietos, los bisnietos y tataranietos miran mapas de regiones devastadas. Los miramos. Los volvemos a cartografiar. Alteramos las distancias y las toponimias. Distorsionamos los recuerdos para mantenerlos vivos y legarlos a nuestros hijos. 
Hay un país en España que ya no es, pero a veces parece más fuerte y sólido que el país que es, tan negado a sí mismo, tan arrugado en sus propias vergüenzas, tan asediado por las otras patrias que se levantan orgullosas para desquicie invertebrado de los nietos de Ortega y Gasset." (SERGIO DEL MOLINO)


            Se empezó con viejos poblados que nacieron al calor de la actividad minera.



                      Siguió con Balnearios que llegaron a conocer tiempos mejores.



Refugios forestales donde antaño íbamos con la familia o amigos a pasar varios días de campo.



                                          El abandono ya ha penetrado en ellos.



                                       
        Y hoy en día, solo es habitado por las vacas que pacen tranquilamente.



Hubo varios proyectos del pasado para revitalizar la comarca que hoy duermen el sueño de los justos, completamente abandonados y cerrados a cal y canto.



  El abandono de los merenderos es otro claro ejemplo de que la despoblación no perdona.



Quedando como testigos mudos de tiempos mejores donde eran el centro de la actividad campestre.



El estado de las barbacoas no deja lugar a dudas; también acabaran siendo un montón de piedras sin sentido.



Los mejores testigos de la decadencia de la Serranía Celtíbérica, del desplome de estas antiquísimas sierras y del huir de la mayoría de sus moradores, es el estado de los Castillos medievales (árabes y cristianos). España, tan ajena de si misma, deja de lado gran parte de su territorio, y con ello, desgraciadamente sus ruinas y su pasado.

La Historia, que cada vez  va quedando más en los libros, y menos en la tierra, es encubierta, cuando no desmoronada, por el inexorable avance de la soledad, la belleza y la resignación en forma de desaforada vegetación. Ante la inacción del hombre, ante el abandono, la Madre Naturaleza pide derecho innato de ocupación.


Castillo cristiano medieval de Aliaga (Carboneras del Guadazaón), perteneciente al Marquesado de Moya. Origen: siglos XI/XII.



Castillo árabe de la Magdalena/Las Malenas (Salinas del Manzano). Época de Taifas, siglo X.


Restos de su torre. No pasaran muchos años antes de que se desmorone del todo, y sea un montón de piedras sin sentido.


Una joven y vigorosa encina nació a pie de muralla y sus raíces y ramas se van cargando las muralla lenta e inexorablemente.


No solo castillos, hay puentes medievales que se están viniendo abajo. Este ha tenido la suerte, y tras años así, ha empezado a reformarse.


Pero otros no tuvieron tanta suerte, y son ruinas pintorescas, hasta que las crecidas del río y el paso de los años lo desmoronen por completo.


Desde un punto de vista senderista, se puede llegar a pensar que no hay consecuencias nefastas sino ventajosas, al quedarse unos parajes donde la naturaleza y la falta de masificación los hace grandiosos y vírgenes, pero no es tanto así. La despoblación va haciendo que dentro de dos o tres generaciones, lo que vuelvan al pueblo a pasar unos días durante los dos meses de verano, solo lo van a haber conocido siempre en verano, es decir, siempre vacío el resto del año, sin haber conocido a los últimos habitantes del pueblo. Volverán a las casas reformadas de sus ancestros por unos días en verano pero como ya no vivirá nadie que tuviera relación con los últimos habitantes, todos serán, en cierta manera, nuevos.


Puede sonar cruel pero se puede decir que el pueblo va a acabar como un sitio completamente vacacional donde los bisnietos y tataranietos de los últimos habitantes serán como turistas, eso sí, con la bella casa de pueblo allí puesta, en el caso que la sigan manteniendo, y varios álbumes de fotos donde poder ver como eran sus ancestros y como era el pueblo cuando lo habitaban.

Eso hará que los caminos, sendas y fuentes principalmente, que antes podían ser limpiados y recuperados por esos últimos habitantes, ahora caigan en el olvido y sea arduo y difícil caminar por ellos. A la larga, los senderistas y amantes de la naturaleza de las grandes ciudades que vengan a la Sierra de Cuenca, se las verán canutas para transitar por muchas de sus sendas, como ya me va sucediendo a mí hoy en día.
Obviamente, habrá sitios de indudable atractivo turístico y rutas y senderos que por su celebridad se salvaran de ese olvido, pero la mayor parte de la Serranía acabara asalvajada y agreste, y será muy duro recorrerla.
Si no hay hombre, vuelve la naturaleza, y esto que a priori parece muy bonito, no lo es tanto, porque volverá descontroladamente, invadiendo todo.
Por seguir poniendo crudos y claros ejemplos. La gran nevada acaecida en Abril del 2018 en las Serranías de Cuenca y Guadalajara ha tronchado y quebrado una ingente multitud de pinos y otros árboles sobre el terreno, cortando muchas sendas, caminos, carriles y pistas. Algunas se limpiaran, pero muchas, las más recónditas seguirán allí cortadas, inutilizando el transito por el monte. Imagínense cuando esto vuelva a pasar dentro de X años, cuando haya mucha menos población. Ni se cortará, ni se limpiará y todas estas pequeñas vías para poder moverte por la sierra y acceder a los sitios, tanto para el caminante como para el todoterreno, serán inutilizables.



Al no haber gente en los pueblos, las fuentes se terminaran obstruyendo, pese a estar en época de lluvias.


El proceso de abandono y obstrucción de las venas de la fuente hará que empecemos a verlas así.



Dejaran de manar agua y se desmoronaran, quedando como testigos los tornajos o gamellones hasta que tierra los cubra.



Otras, auténticas obras de arte serranas, aguantaran, sin uso ninguno, el paso de los años, recordando su esplendor pasado.






Entré en Valdemoro de la Sierra; tuve que dirigirme por otra calle distinta a lo que suelo hacerlo, ya que tres coches aparcados en hilera me impedían entrar. Nada más girar a la derecha vi un grupo de mujeres jóvenes charlando de pie; además el hecho de llevar todas la misma camiseta morada es lo que hizo darme cuenta que era una peña. ¡¡Valdemoro estaba en fiestas!!
 Entré en la plaza, donde atisbé un sitio para dejar el coche, entre dos grupos de niños que jugaban alegremente. En la plaza había tres bares abiertos con sus terrazas, y gente bebiendo y comiendo como se hace en las fiestas de un pueblo, con exceso, euforia y regocijo. 
Las clásicas banderitas cruzaban de un lado a otro de las calles dándole al pueblo un aspecto idílico y lleno de vida, alegría y jolgorio. 
Se me hizo extraño aquello a la vez que sentí un poco de lástima al saber que eso que estaba viendo no era ajustado a la realidad, al día a día el resto del año.
Entré al bar al que suelo venir a tomarme mi clásica jarra de cervecita fría después de una jornada de pateo por sus montes. Decenas de botellines vacíos en la barra mostraban el jaleo que tenía la mujer del bar a la hora de recoger, no dando abasto para tanta demanda. Algunos clientes jóvenes del bar se me quedaron mirando como preguntándose de donde había salido yo, solitario, sin camiseta de peña, con mi aspecto de senderista, y no siendo conocido por alguien.


Una vez apoyado en la barra con mi cerveza, recordé..


(Cinco meses atrás)


Entré en Valdemoro de la Sierra. Era un gélido día de febrero. Venía de pegarme un tute a andar y subir cuestas siguiendo el río Guardarroyo, afluente del Guadazaón, en una preciosa, solitaria y dura jornada de senderismo. Llegué rápidamente a la plaza del pueblo, donde un gato esmirriado cruzó veloz por delante de mí huyendo de la rasca inclemente que azotaba allí. El gato era lo único vivo que había visto hasta ahora en el pueblo, ya que un silencio descomunal se escuchaba en las calles.
Pude comprobar como la fuente de la plaza tenía principio de congelación, y dirigí mis pasos, acuciado por el frío, hacia el único bar que se encontraba abierto.
Siempre que hago una ruta por toda esa parte de la Serranía, no perdono nunca la cerveza en ese bar de la plaza de Valdemoro.
En la plaza existen otros dos bares, pero yo no los he visto abiertos nunca. Eran las 17:00 de la tarde, y la noche iba a llegar en breve, con un desplome de las temperaturas de las cagarse la pata abajo.
Entré en el bar, y rápidamente una oleada de calor de madera serrana me recibió de sopetón. ¡¡Señor, que gusto poder ver y sentir una gran estufa de leña caldeando el ambiente!!

Saludé a la mujer, me coloqué bien cerca de la estufa a degustar mi jarra de cerveza, mientras notaba el calor penetrar por todos los poros de mi piel.

Al final de la barra había otro parroquiano apoyado en la barra, y esbocé una sonrisa al comprobar que parecía que estaba durmiendo con todas las de la ley. No es fácil dormirse así, pero juraría que ese hombre se encontraba bajo el influjo de Morfeo, acrecentado por el calorcete de la estufa, y la inestimable ayuda de unos anises, pues una botella de tan espirituosa y cabezona bebida estaba cerca de él, en la barra.


Éramos solo los tres en el bar, y pocos más en el pueblo.

Una agradable conversación con la mujer del bar sobre las bondades de los bosques de Valdemoro, una estufa de leña soltando calor, y una jarra de cerveza enfrente mío para hidratarme bien después de la paliza a andar que me había dado, era todo lo que necesitaba en ese momento.


Aunque también me entró una profunda sensación de lástima, y al final, de seguir esto así,  no tendría ni bar para tomarme la cerveza en invierno en el pueblo de Valdemoro, como ya sucede por ejemplo en el vecino pueblo de Campillos Sierra, y en otros muchos pueblos de la Serranía de Cuenca. 
El cierre del último bar del pueblo es como el seco martillazo al ultimo clavo del ataúd.

                                                                  (TONI VIRTUDES SEGARRA)



                                             Hay un España que se agrieta.






                                  Las ruinas, un elemento más del paisaje.






De seguir así, las próximas y exiguas generaciones de estas tierras verán muchos más montones de piedras, cascotes y tejas que nosotros.




Junto con las ruinas se van al olvido las mil historias de los sitios, ya que no va quedando nadie para contarlas, y nosotros nos quedaremos sin saber.




Esta foto resume el poderío de la Madre Naturaleza a la hora de ir ocupando y regresando, como cuando se le clavó o ató ese madero al venerable chopo, que lejos de amilanarse, ha ido creciendo y cubriendo el madero.





Trascurren los años, y el tema de la despoblación vemos que se agrava a pasos agigantados. No es que se vaya a solucionar, sino que uno comienza a pensar, viendo los derroteros que van tomando las distintas actuaciones y la omisión de acciones,  que esto no se quiere solucionar. Sé que puede parecer algo osado pensarlo, pero creo que desde un principio hay “macro” intereses,- grandes poderes en la sombra- que esperan en que esto se despueble.

¿Y por qué? Así poder traer a estas extensas sierras despobladas otro tipo de actividades que de existir una densidad alta de población no podrían hacerlo. Si hubiera población en la Sierra con esas actividades, habría oposición y protesta, y al final no prosperarían.

Unos buenos casos son por ejemplo, una actividad de muy dudosas consecuencias como las Macro Granjas Porcinas, que de un tiempo a esta parte,  han empezado a proliferar por todos los partes, que producen excedentes de purines de cerdo, y solo de pensar que se filtren a los muchos acuíferos de la Serranía de Cuenca dañándolos, estremece. Por ahora, su eliminación de purines de cerdo y otros animales está muy regulado y se hace de manera benigna y legal, pero se están dando incumplimientos por parte de algunas de estas Macro Granjas, aparte que a la larga, tanta apertura de Macro Granjas por todos los sitios no parece los más deseable.

También desmanes de grandes Empresas como la que ha llevado las Minas de Henarejos, zona de la Serranía con un alto déficit de población, donde una Empresa ha estado estos últimos años explotando el Carbón allí existente, dejando un desastre ecológico de altos vuelos, ante la pasividad -y aquiescencia- de las Administraciones y la ocultación a la escasa población de la comarca.

Otra actividad más ambiciosa, es convertir la Serranía en grandes Cotos de Caza exclusivos, privatizándola.

Están los ejemplos en la Serranía de Cuenca de las grandes Fincas privadas del Valle del Cambrón y el Valle de Torrefuerte, pero la finalidad, pienso yo, es que haya muchas más, todas ellas con sus vallas y su seguridad, siendo reclamo para gentes de las grandes ciudades en venir a la Serranía a cazar, como si se vinieran a un Safari en el Serengueti (África). 
(Que conste que no estoy en contra de la caza. Pienso que la actividad cinegética controlada es necesaria en nuestras sierras)
Se pueden ir trayendo más ejemplos que nos hablan de la crudeza del problema y el pésimo futuro que tienen estas tierras a medio y largo plazo, pero no quiero explayarme de más.

Solo mentar de pasada otro gran problema: la despoblación lleva consigo la desaparición de votos y por tanto el desinterés de la clase política, que ignora estos desiertos demográficos, lo que lleva consigo la condena a estas tierras. Tenemos el tristemente celebérrimo caso del Trasvase Tajo-Segura que lleva ahí mucho tiempo, dando como resultado el empobrecimiento de todas estas extensas comarcas de Cuenca y Guadalajara alrededor del Tajo en detrimento de las populosas regiones de Murcia, Almería y parte de Alicante. 
(Estos veranos pasados donde el pantano ha llegado a estar por debajo del 10% de su capacidad -siendo gran parte de eso, cieno-, ha habido muchos pueblos de alrededor que tenían que ser aprovisionados para poder beber agua de camiones cisternas)
El principio de solidaridad interterritorial lleva décadas ahondando en el brutal desequilibrio entre distintas partes de España, y lo peor es que la voracidad de la parte receptora del Trasvase no para de crecer.




                                  Finca privada del Valle de Torrefuerte.


                                             Con su castillo dominando el valle.



                                       Finca privada del Valle del Cambrón.



  Con su Monasterio en el centro del mismo, donde vienen a "cazar" personajes famosos (por lo menos hace unos años)



                                  Casa y finca privada en el Castil de Cabras.





"Durante más de medio siglo, el patriotismo ha sido una expresión marginal en España. La apropiación de todo el patriotismo por parte de una dictadura larga y sanguinaria, de la que cualquier persona sensata querría alejarse, explicaban esa omisión sana y, seguramente, imprescindible para el fortalecimiento de una cultura democrática y pacífica. Tocar las ruinas de la España vacía, pasear entre ellas, es pasearnos. No es que reconozcamos el paisaje, es que somos él. Somos esa España vacía, estamos hechos de sus trozos. Es la única forma plausible de patriotismo que queda para un español". (SERGIO DEL MOLINO)


                       La España vacía, tan desoladoramente bella como triste.




Esto ha sido todo, que no es poco. Sé que esta entrada desprende algo de pesimismo pero la realidad, hoy en día, no es nada halagüeña. ¡Ojalá cambiara, apreciados lectores! 

Ante un panorama tan negro, solo me queda proclamar el lema de este Blog con mucho orgullo: ¡¡Serranía y Libertad!!


domingo, 25 de noviembre de 2018

EL RINCÓN GRANDE Y EL RINCÓN CHICO DE VALDECABRAS


Volvemos a Valdecabras que hace mucho que no lo enseño en el blog. Que mejor que quedar con Paco, y recorrer la única parte de su término municipal que me quedaba por conocer. Paco llevaba muchos años sin visitar esa parte también, y fue la ocasión idónea para recorrerlo. Con el todoterreno entraremos por un carril en precario estado para quitarnos un par de kilómetros iniciales, y desde allí, el Rincón de Polvoroso como dice el mapa, aunque como bien nos dice nuestro experto valdecabrero Segundo en el Bar de Cabras al final de la ruta, se le conoce como el Rincón Grande.

Como reconocemos Paco y yo a posteriori con los tercios fresquitos entrando por el gaznate, la ruta de hoy nos sorprenderá por los distintos puntos de interés que nos encontraremos.






Empezaremos con un puente  de traza bastante antigua donde sobreviven sobre reformas posteriores, algunas partes que me inclinaría a echarle algún que otro siglo de historia. Desde allí remontaremos el arroyo del Rincón grande que recoge el agua de varias fuentes y, en época de lluvias, el agua de escorrentía que baja de las muchas ramblas diseminadas por allí.


              ¡¡Pero que porte el de Torri!!, mi cochecete para el monte.


Estamos al lado del puente sobre el Arroyo del Rincón grande, al que vemos con una buena anchura para que pasaran antiguamente carromatos de todo tipo.



Busco otra perspectiva para comprobar que tiene una buena altura y con aspecto de ser bastante antiguo.



Por una especie de viejo camino donde aun se aprecian empedrados y muretes del mismo, vamos entrando en el Rincón Grande.


Prontamente giraremos hacia la derecha, pues arriba del todo, como faro en mar embravecido, hay tres enormes piedruscos que llaman mi atención poderosamente, y allí nos dirigimos. Estas tres piedras, a falta de saber si se les llegó a poner algún topónimo, las voy a llamar con un nombre inventado por mí, los Tres Mastuerzos.


Al principio no sabíamos hacia donde dirigirnos pero allí al fondo a la derecha algo llama mi atención.


Apuramos el zoom para ver esas atractivas y atrayentes piedruscos en la parte alta.


     Un poco mas, para apreciar las caprichosas formas de los Tres Mastuerzos.


Aunque para friki, este de la foto, con una hermosa cornamenta que nos encontramos allí mismo. 


Con suerte, encontramos una sendecita que nos permite progresar con cierta comodidad.


Vemos que la senda sube por un lateral pero nosotros vamos a llegar al fondo pues vemos algo...



                Este rinconazo con techo de no pequeñas proporciones.



      Por donde vendría a caer el agua del arroyo que viene del Rincón Chico.



                Aquí estaríamos justo encima de ese rinconazo rocoso.



Los 3 Mastuerzos, como faros serranos, marcan nuestra subida. Se me pasó por la cabeza subir a ellos marcando la línea recta por la parte izquierda, pero la senda nos seguía llevando por la parte derecha.


Lo mejor de todo, que el hecho de querer ver los tres Mastuerzos y seguir la senda, hizo que conociéramos la belleza de un sitio muy singular, el Rincón Chico.
Un escondido valle rincón de reducidas dimensiones, con el fondo verde de vegetación y una mini ciudad encantada con unas formaciones harto curiosas. Allí despunta, la Fuente del Rincón Chico, una preciosidad de manantial que nace en la parte alta de un lateral, justo debajo de una gran roca, corre entre berros por un cauce y se deja caer por la ladera hasta el fondo del Rincón Chico, donde unos gamellones recogen el agua.
Para terminar de aderezar esta bella escena, vemos que varios de los gamellones, más que de madera son de piedra. Auténtica roca que la calcita del agua de la Serranía con el paso de los incontables años, ha creado alrededor de la madera una gruesa capa de roca que es toda una delicia de la naturaleza.



                            Nos van apareciendo rocas curiosas.


Llegamos al Rincón Chico, un pequeño valle delimitado con enormes rocas en los lados y unos húmedos prados en el medio.


Paco sube a ver eso enorme risco, ya que a pie suyo hemos visto un aprisco de ganado.


                 Y al bajar encontramos la Fuente del Rincón Chico.



Nos llama la atención como todo el tornajo o gamellón de madera está recubierto de una gruesa capa de roca.


          Aquí podemos ver la madera original debajo de la capa de roca.


Otra cosa harto curiosa, es que el agua de la fuente viene de allí arriba, donde está aquella gran piedra, y cae por la ladera creando un pequeño cauce de toba.


Subimos por la ladera a la parte alta para ver la verdadera fuente, hecho con un pequeño tornajo. Una maravilla absoluta esta fuente del rincón chico, con la parte alta y la baja.


La fuente mana literalmente debajo de la gran roca, y en su fluir ha sido tapado con estas rocas para que no le caigan cosas.


Muchos sabréis que me gusta escribir, y aunque no lo hago bien, yo lo intento a ver que sale,  y a raíz del descubrimiento de esta fuente con tornajos "enroquizados" me salió este texto:

"Cuando te miraba de manera penetrante, te convertías al instante en piedra”.

 Tal era el temible poder de Medusa, el personaje mitológico, una de las tres hermanas Gorgonas, que fue decapitada por Perseo, hijo de Zeus y una mortal. Dice la mitología que el héroe Perseo usó su cabeza cortada como arma, y yo añado, que después se deshizo de dicha letal testa, y por medio de algún extraño designio, fue a parar a la Serranía de Cuenca allá en la lejana Hispania Romana, donde el paso de los siglos la dejó enterrada y el extenso bosque nacido encima le hizo perder su carácter mortífero, pero siguió manteniendo la facultad de hacer brotar rocas y  convertir en piedra lo que del subsuelo manaba, en este caso, por medio de la calcita y las frías y puras aguas subterráneas surgidas en este rincón del mundo, tan viejo como la mitología que se cita.

El recuerdo del monstruo ctónico Medusa aún campa por los ignotos y bellos rincones de la Sierra de Cuenca, aquí, en la vieja Hispania Romana.

Pero nosotros seguimos por el vallecete del Rincón Chico pues aún tiene cosas que mostrarnos.


El vallecete parece que acaba en este rincón tan peculiar, ya que es cerrado y no se puede seguir.


       Vaya forma de erosión más rara, a mi me recordaba a una nave espacial.



                        Por ahí viene a caer el agua que cae de arriba.


                    Bonita la formación que se está haciendo allí justo.


                                   Pared tipical de la Serranía.


   El Valdecabras Explorer IV tiene previsto girar en órbita a la Tierra en breve.


Volvemos para atrás y subimos a la parte alta; donde nos asomamos a este puntal.


                            Al que Paco no lo ve tan claro llegar.



                       El bonito rincón de antes visto desde arriba.


Lo curioso es que desde aquí arriba, al fondo se veía una especie de montañita con unas antenas arriba que no sabía reconocer.


Le damos al zoom para verla mejor. Hasta que no volví a casa, no supe lo que es, y creo que es el vértice de la Atalaya (1236 m.) entre los pueblos de Fuentes y Arcas donde hay una historia de telefonía.


De allí iremos a ponernos encima de los Tres Mastuerzos, como buenas proas miradores sobre el Rincón Grande, el valle del Río de Valdecabras, y más allá los montes de la Atalaya y la Tórdiga.
Nos pondremos en los bordes de la parte alta del Rincón Grande para ir bordeándolo y buscar una bajada lo más cómoda posible para volver al punto de inicio.


              Vamos hacia los Mastuerzos por esta gran lámina rocosa.



                          Aquí esta Paco en el primero de ellos.



                                          Y en el segundo.



    Vista a todo el Rincón Grande, y al final el valle del río de Valdecabras.


                   El tercer mastuerzo es de proporciones ciclópeas.


     Entre el 2º y el tercer mastuerzo hay una bajada por esta especie de túnel.


 Nos ponemos en los bordes que delimitan el Rincón Grande y por ellos iremos.



                    Volvemos a caminar por la traza de un viejo camino.



Pasamos muy cerca de otros grandes bloques pétreos con muy buen aspecto pero no tenemos tiempo para explorarlos.




Y dale con la manía de querer tirar perolos. ¿A quien le habré copiado la idea? ;-)

Lo curioso es que un rato antes desde lo alto de uno de los Mastuerzos, nos ha parecido ver el plano inclinado de lo que parece un viejo camino que baja desde el borde rocoso hasta cerca del puente, que es donde tenemos el coche. Y en efecto, dimos en el clavo, pues allí se ve un paso en la roca donde metieron el camino para bajar, y comprobar que aquello fue un viejo camino de herradura con empedrado, muros, muchas lazadas y un viejo aroma de camino histórico del que nos gusta encontrar a Paco y a mí. Para terminar de aderezar ese viejo camino, al poco de tomarlo nos topamos con otra fuente en este caso un manantial al que le pusieron una gran losa de roca para que no cayera suciedad al propio manantial, y de que corre bastante agua para ser mediados de Junio. Segundo nos aclara que esa es la Fuente de Polvoso, que es como llama el mapa topográfico al Rincón Grande.



Lo que veíamos mientras descendíamos y donde fuimos buscando esa posible bajada.



Los gamones me sirven de marco para otear el Rincón Grande y el Valle del río Valdecabras desde otra perspectiva mientras bordeamos todo el Rincón desde arriba.


¡¡Aja, lo habíamos encontrado!! el paso "oficial" para salvar el desnivel del Rincón Grande.


Toda una maravilla de tiempos antiguos donde con piedras sujetaron el camino de herradura para que mulas, carros y carretas pasaran por allí.


                    Además nos mete de lleno a un joven robledal.


Va dando grandes lazadas para suavizar la pendiente, y aunque en esta parte anda muy desaparecido, luego aparecerá más nítido.


Llegamos a la Fuente de Polvoso, donde los gamellones andan ya obsoletos y fuera de la fuente.


     Pero esta mana su agua protegida por esa gran losa en la parte superior.



        Comprobamos que el agua de la Fuente corre por el mismo camino.



Ahí vemos las losas en perpendicular clavadas en la tierra para mandar el agua fuera del camino. Paco y yo intentamos reconstruir eso un poco.


Luego continuamos bajando, admirando los auténticos empedraos en el suelo para hacer más transitable el camino en otras épocas.



Y ya solo quedaría bajar hasta el coche, formando una preciosa circular por un rincón de Valdecabras mucho más desconocido pero igual de bonito o más, que otros parajes del término.


                       Pinchen en el mapa para ver la ruta realizada.


Hasta la próxima.