domingo, 8 de septiembre de 2019

LA CABEZA DEL CASTELLAR DEL ESCABAS Y LOS RESTOS DE SU CASTRO CELTÍBERO.


Un buen observador del terreno y del mapa topográfico como un servidor llevaba tiempo que le había echado el ojo a esos barrancos que le entran de manera perpendicular al río Escabas en su valle, parte derecha si miras río abajo, antes de llegar a Fuertescusa.

La geología del valle del río Escabas protege a este con una inmensa y alargada coraza de cuchillos, crestas y promontorios rocosos que asombra al caminante que avanza por estos agrestes y hoscos montes.

A dicha coraza de blanca y alpina caliza hay que echarle encima, hasta que el ojo llega, ese infinito manto de verdes pinos y glaucos bujes que pueblan este trozo de mapa serrano que asemeja a una piel curtida llena de cicatrices y cubierta por una gruesa y verde pelliza, contribuyendo a que el avance por estos lares sea arduo y duro aunque muy gratificante.

Unos cuantos barrancos se arman de osadía y horadan la roca, no mucho pero lo suficiente para que por ahí pasen las aguas que vienen de lo alto de las muelas. Bastante es que estas exiguas aguas hayan logrado agrietar la superlativa roca dolomítica. Y digo exiguas pues generalmente por esos barrancos y estrechos correrán aguas en épocas invernales cuando los cielos serranos descargan con generosidad. Durante todo el año, el agua suele aparecer dentro del valle del río, en multitud de fuentes y manantiales, quedándose secos estos estrechos de parte alta.

Estos barrancos antes de forzar y abrir la roca suele crear unos pequeños valles perpendiculares al río y más arriba en altitud. En idioma serrano escabista a estos vallecetes se les llama Hoyas, y a su vez son creadas por muchas ramblas que vienen de la parte alta de las muelas. Las Hoyas en Cuenca vienen a ser hondonadas que se han cultivado desde antaño.




Se puede decir que básicamente tenemos tres alturas: la parte alta de las muelas donde estaríamos de 1300/1400 metros en adelante; luego dentro de las Hoyas sobre los 1100/1200 metros, y por último, el río Escabas que anda en este tramo por los 900 metros.

Vamos a ver tres barrancos, el de la Cueva Honda, el de la Cañada Honda y el del Pruipinarejo. Vaya con este último nombre se dirán. He investigado de donde puede venir este topónimo y no tengo ninguna teoría. Solamente Chema “Purasierra” Checa se aventuró a comentarme que quizás venia de la Pruina que es el recubrimiento céreo y muy tenue que presentan las hojas, tallos o frutos de algunos vegetales. Recuerdo que el día que me fui a ver este último barranco y se lo comenté a Maru, esta me miro extrañada y me dijo que si me inventaba los nombres. 
Después repasando mi documentación sobre Fuertescusa veo que al lugar también se le llama Prespinarejo, cambiando notablemente el vocablo. En todo caso, un extraño topónimo del que no sabemos su significado.


Otra cosa muy atrayente de estas sucesivas Hoyas y sus barrancos es que entre ellas suele haber un collado en alto que nos lleva al puntal o prominencia rocosa que las separa. Esos atalayas suelen ser sitios espectaculares para otear la belleza del valle del río Escabas en nuevas perspectivas no vistas hasta entonces.

En esta entrada, y como viene siendo normal en el blog, verán fotos de dos ocasiones que estuve por allí; una que fui solo y otra que estuve con mi amigo Ignacio.

En la primera excursión yo solo, la de la Hoya del Pruipinarejo, veremos el atalaya rocoso en forma de losa balcón, llamado Las Cabezas, que separa esta Hoya del Pruipinarejo de la siguiente Hoya, el Hoyo de los Castillos, la más grande de todas.
En esta ocasión, con el todoterreno cogeremos un carril que sale del valle donde está el pueblo de Fuertescusa, avanzaremos un trecho, y luego ya iremos a pata para ver la Hoya del Pruipinarejo o Prespinarejo.


         Camino de la Hoya del Pruipinarejo paso por donde hay recios y hermosos pinos.


También se nos abren vistas del valle del Escabas con tinadas diseminadas por sus laderas, mientras al otro lado................


                Un viejo conocido nuestro, el Costerón que exploramos en esta ocasión.


En un claro del camino, le doy al zoom para ver parte del valle del Escabas. Ahora bajaremos a la Hoya del Pruipinarejo que estaría a la izquierda de la foto, y nuestro objetivo es llegar a ese otro lado de la izquierda.


Ya hemos bajado al fondo de la Hoya del Pruipinarejo, la más pequeña y menos profunda de todas.


        ¿Que llevarían los hombres y mujeres de esta hoya en esta vasija totalmente vintage?


Ya estamos llegando a ese puntal rocoso de las Cabezas, que estaría a la derecha de la foto.


                                  El valle del río Escabas se nos presenta en plenitud.


    Sitio este puntal de las Cabezas muy espectacular y donde comí y me eché una mini siesta.



     Si miramos en la otra dirección, río abajo, tampoco es manca la vista que se nos presenta.


Maravillosa vista de como el río abre brecha entre miles de pinos y formas rocosas de todos los tamaños.


Con la cresta de los Galayos escoltando el río, y encima de ella, en esas planicies, estaría el despoblado de Carrascallano Ver aquí.




El círculo es donde nace la pista/carril y la línea discontinua es lo que hice con el coche, y luego con las flechas llegamos a las Cabezas. Realmente no fue una jornada de senderismo y si de exploración con el todoterreno.
                 

Y en la excursión con Ignacio, la hicimos distinto, pues salimos desde abajo, desde el mismo río Escabas, subiendo por el viejo camino del Bco. de Cueva Honda para ver este Hoyo de los Castillos y luego subir al atalaya rocoso conocido como Cabeza del Castellar, que separa este Hoyo de los Castillos de la siguiente hoya, la Hoya del Castellar, a la que bajaremos desde dicha Cabeza y volver a bajar al río por el viejo camino que pasa por el estrecho y baja al río Escabas.

Con esta segunda excursión, doy por investigado aquello, ya que si siguiéramos habría otra hoya más con sus atalaya collado, en este caso, la Cabeza del Calderín, pero al ver que está completamente cubierto de pinos, desechamos la idea de subir a él.


                    Dejamos el coche muy cerca de la carretera y comenzamos la subida.


 En todo momento, encima nuestro tenemos la muralla natural que conforma el valle del río.


A mitad de la ladera nos desviamos a un saliente para poder otear vistas, teniendo cuidado pues hay un buena caída.


                 Dirección río abajo vemos como serpentea el Escabas por su alpino cañón.


   Al fondo con zoom, sacamos al Costerón y todo el laderón que hay que subir para llegar a su punta.


       Si miramos dirección río arriba, vemos los la niebla hecha jirones aún flota por el cañón.



Aunque más al fondo del valle podemos ver como el amanecer aún mantiene niebla en los recovecos.


         Seguimos subiendo, puestos ya sobre el cauce del Barranco de la Cañada Honda.


            Pasando ahora con toda comodidad por el camino que atraviesa el estrecho


Que nos deja dentro de la Hoya del Castillo o de los Castillos, donde quedan restos de viejas tinadas.


                El mapa nos marca la Fuente del Suero que encontramos como manantial.


            Y allí cerca, esta extraña roca artificial que no sabemos el porqué de estar ahí.


                     Vamos a salir de la Hoya del Castillo para tener mejores perspectivas.



Por ejemplo de nuestro principal objetivo, toda aquella cresta conocida como la Cabeza del Castellar.


                    Con el zoom compruebo que este lado del Castellar parece inaccesible.


Vamos para allá, comprobando que no va a estar fácil, al haber ramblas hechas por la lluvia que desgajan la ladera.


Y tramos, sin senda alguna, que nos van a exigir clavar bien las botas para subir la pendiente.


Llegamos al collado que separa la Hoya de los Castillos de la Hoya del Castellar, viendo que aquello se llegó a labrar en tiempos pretéritos.


Por último, algunos lectores os habréis fijado que han aparecido los topónimos Castillo y Castellar, lo cual quiere decir, y más aun conociendo esta comarca de Fuertescusa que fue sitio idóneo de pequeños enclaves prerromanos como el Castro del Castillo en el propio pueblo de Fuertescusa o el del Costerón, ya visto aquí.

Mirando el mapa veíamos que la Cabeza del Castellar, esa atalaya que separa el Hoyo del Castillo de la Hoya del Castellar se ve muy rocoso e inexpugnable, dos buenos requisitos para que los celtiberos buscaran seguridad, cobijo y defensa en ese prominente saliente de roca caliza.

Hasta allí arriba subimos Ignacio y yo, no sin esfuerzo, ya que las laderas inclinadas y el desmoronamiento de rocas hacia eso bastante duro. Comprobamos que solo hay una parte, la sur, que es medianamente accesible y por ahí es por donde entramos a la parte alta.


                Vamos a bordear para intentar subir al Castellar por el otro lado (lado sur)


La subida dura, imaginándonos que no debiera hacer mucho tiempo por el tamaño de la encina que el perolo ese rulara hasta que lo frenara el árbol.


        Un alto para coger aire y ver ya arriba las paredes propias de la Cabeza del Castellar.


No encontramos una primera capa de estratos rocosos que por suerte podremos pasar un poco más adelante.


Desde aquí ya nos asoma esta perspectiva parcial de la siguiente hoya, la de Castellar, y enfrente arriba, totalmente cubierta de pinos, la Cabeza del Calderín.


                        Ahora si que nos ponemos debajo mismo de la pared del Castellar.


Puede ser que de aquí cogieran la piedra para un posible asentamiento celtibero en la parte superior.


       Y por aquí está la única manera de subir a la parte de arriba, que es por estas piedras escalonadas o una pendiente inclinada de ladera que hay a la izquierda.


Dicha parte alta esta compuesto de dos partes, dos promontorios, la más llana que se asoma al valle del río Escabas, y luego la más rocosa e inaccesible que se asoma al interior con vistas a las dos Hoyas. Nuestro error estuvo que al principio llegamos a pensar que de haber existido algo celtibero hubiera sido en esta parte más inexpugnable y rocosa, y tras un barrido minucioso, no encontramos más que un tramo de murete semioculto por la tierra, siendo aquello un hermoso sitio mirador.

Llegándonos nuestra sorpresa al inspeccionar el otro promontorio, más llano, ya que allí si llegamos a observar algunos restos claros de un asentamiento prerromano.  Al descubrir eso, deducimos rápidamente que en la 1ª parte, la más rocosa y vertical tuvo que haber algo, tipo vigilancia, pero actualmente no queda ningún resto visible. En todo caso, un sitio especial donde se ve la orografía del río Escabas y sus cielos.


  Vamos a parte rocosa, donde tendremos que bordearla  con cuidado buscando el posible acceso.


                     Este es el único punto por donde se puede acceder al promontorio rocoso.



En ese lado me encontré semioculto por la tierra estos restos. Eureka!! Allí hubo algo. Seguro que hay más restos, tipo aljibe o habitáculos.


                                                         Ya estamos en la parte alta.


   Vamos con la vistas, porque a un lado tenemos de donde venimos: la Hoya de los Castillos.


                             Vean que lugar tan inaccesible esta Cabeza del Castellar.


    Lo que está más allá, delante de Ignacio es la extensa superficie de la Muela del Rebollar.


Hacia el otro lado, la ladera se lanza vertiginosamente hacia abajo. Nosotros hemos venido por la izquierda, parte inferior de la foto.


Después de explorar esto, deberemos bajar allí abajo, nuestro próximo objetivo: la Hoya del Castellar.


Pasar por ese estrecho y llegar al Valle del Escabas que se muestra al fondo esplendoroso con esos maravillosos pinares tan característicos de la Sierra de Cuenca.


En esta foto podemos ver los dos promontorios; este el rocoso donde estamos, y allí delante se ve el otro cerrete que es donde iremos después.



Pese a no encontrar más restos, compruebo que el cerro rocoso es sitio idóneo para que hubiera un asentamiento.

En este punto me entra algo de decepción por no encontrar ningún resto, más aún en un sitio tan cojonudo para que hubiera algo. Hay que decir que el sitio tan expuesto a los elementos, rocoso, inaccesible y vertical hace que los posibles restos hayan desaparecido. Aunque ahí está ese tramo de piedras semienterradas de la foto de antes, puesto muy cerca de donde está la única entrada a este atalaya rocoso. 
Otra cosa es que hubiera habido un aljibe para el agua pero con la inspección del otro promontorio y la riqueza fluvial y acuática de toda esta comarca con multitud de manantiales, pienso yo que no hacía falta.


Además, es un lugar mágico de esos de hacer un descanso para comer unos frutos secos viendo estos paisajes verdes y el concéntrico vuelo de los buitres.



Vamos al otro promontorio, donde vemos que es una superficie amuelada. Hay que recordar que aunque esta parte parezca más accesible, solo se puede llegar aquí por donde subimos Ignacio y yo, en el tramo de las piedras escalonadas.



      Pinchen la foto donde os pongo este mapa modificado para que veáis por donde subimos nosotros.




Me voy a ver los suaves bordes de esa planicie y ¡¡Eureka ahora si que si!! allí ocultos por la tierra se ven sillares conformando el perímetro de lo que seria el asentamiento.





Todo el perímetro suroeste, el que da al valle del río, está conformado con los restos del viejo muro semi tapados, que debiera circundar el pequeño asentamiento.







Los restos de muros que circundaban la planicie son muy visibles y evidentes. Peculiar la distribución de este castro en toda la Cabeza del Castellar, y una lástima que no se haya conservado más restos.




Otra gran y grata sorpresa es encontrarnos en la superficie restos de lo que fue un habitáculo del asentamiento.




Atención a esta foto tomada desde las Cabezas del Prespinarejo. En ella se ve bien las dos partes del castro celtíbero de la Cabeza del Castellar.




Después de eso, bajaremos a la Hoya del Castellar, mucho más agreste que el Hoyo de los Castillos, y allí, entre mucha maleza y vegetación, buscaremos el cauce seco del arroyo, y con ello, una vieja senda que hace que pasemos por el Estrecho sin apenas apuros.

Una vez dentro del valle del Escabas, buscaremos otra escondida senda que nos llevará hacia el coche pero antes buscaremos las ruinas de lo que en el mapa viene como Huerta Rubia, una olvidada aldeilla con mucha tinada de ganado, todas ruinosas y comidas por la vegetación, aunque en un bello sitio, aprovechando las pocas explanadas horizontales que se forman dentro del valle del río Escabas.


    Desde la planicie del castro podemos ver abajo del todo el río Escabas, al que no habíamos visto todavía.




                             Vamos a intentar volver yendo paralelos al valle del río.



Ya que hemos visto un cresta bien maja, aunque la abandonamos pronto porque aquello se pone peligroso.



Reculamos y bajamos más o menos por donde subimos, yendo por una vertiginosa cuesta abajo.



Ya hemos encontrado la senda que va paralela al cauce seco del Barranco  y al fondo se ve el estrecho.


      





   Pasamos el estrecho y nos desviaremos a coger una senda que se convierte rapidamente en un viejo camino que va a media ladera. Debe de ser el olvidado camino para llegar a Huerta Rubia.

Echamos un vistazo atrás para ver lo bonito que es el estrecho por el que acabamos de pasar.



               Como me gustan estas crestas que caen en picado para formar el estrecho.




  Estamos en Huerta Rubia, la cual cuesta encontrar de lo oculta que está por la vegetación.



Ubicada en unas terrazas horizontales a mitad de ladera y bastante lejos aún del río y la carretera.

Investigando aún encontramos restos de cuando aquellas casas/tinadas estaban enteras y  habitadas.

Para completar esta gran circular solo nos queda avanzar a media ladera y allí delante torceríamos a la izquierda y bajaríamos a la carretera. ¡¡Las cervezas estaban merecidas!!

                                       Veamos todo esto desde la distancia. Foto primera.

                                                                           Foto segunda.

                                                                          Foto tercera.


El círculo como siempre es el punto de salida, y que no os engañe el mapa pues aunque parezca de poca distancia, es una ruta que lleva su tiempo, terreno muy hosco y con muy pocas sendas, más que las que pasan por los estrechos.

Espero que os haya gustado esta entrada escabista, y eso que no aparece el río más que en una foto, pero guarda la magia de este enorme paraje medioambiental y paisajístico, corazón y pulmón de la Serranía de Cuenca.

Hasta la próxima.