viernes, 7 de mayo de 2021

LA CASCADA "FILOMÉNICA" DE LA CUEVA DEL BOQUERÓN Y EL TRAMO ALTO DEL ARROYO DEL OCÉÑIGO


Os voy a enseñar la Cueva del Boquerón. Algunos os diréis ¿Otra vez más en el blog?  Pues sí; lo que pasa que la vais a ver con posiblemente la vez que más agua le he visto expulsar por su boca, y mira que he estado incontables veces; y esto es así, porque con el deshielo de Filomena, por sus intrincados y enigmáticos kilómetros de oscura longitud empezó a correr el agua dispuesta a salir por su bella boca, camino del río Júcar.

La salida de dicha boca, saliendo más o menos agua, siempre es muy parecida. Lo que tomó una relevancia espectacular esta vez fue la cascada que se forma poco después de salir por la boca, recordándome a un Nacimiento del río Cuervo en toda regla.


Este deshielo tan esperado nos tocó en pleno confinamiento perimetral donde no podíamos salir del término municipal, pero con la consabida suerte de tener los conquenses un monte muy extenso, que hace que la Cueva del Boquerón se encuentre dentro de dicho término de la ciudad de Cuenca.

             Como la mayor de las veces, nos ponemos dentro del Barranco de Fuencaliente.

   Esta es justo su entrada al Barranco del Boquerón, donde vemos que el día está nublado.


El bosquecete de arces, entre la caliza tableteada y el exuberante musgo, hacen que este rincón tenga mucha magia.

  Loco me vuelven los detalles de la naturaleza, como esta sabina naciendo de la misma roca.

                                           La senda va por tramos tan chulos como este.

                                  Recordemos que esa senda es el sendero PR-CU-108.

          Que nos lleva en un ramal de ida y vuelta directamente hasta la Cueva del Boquerón.

                    ¡Ostras!, se ve un buen caudal saliendo de la cueva. ¡Acerquémonos!

              ¡Atención! que viene un problema bastante gordo, que nunca nos había pasado.


Todas las otras veces que había venido, para llegar a ese bloque losa rectangular de gran tamaño que hay en el centro del arroyo no había ningún problema, pues el agua, como mucho, llegaba justo por debajo de ese bloque losa, pero esta vez no, el agua, como veis en la foto, llega mucho antes. Aparte, que las todas las rocas estaban muy resbaladizas.


Toca descalzarse, arremangarse bien el pantalón y cruzar por la parte izquierda de la foto, y con mucho cuidado, que la corriente tenía mucha fuerza, y verse arrastrado es para no contarlo.

Una vez calzado otra vez, veo ese espectáculo de ver el arroyo nacer de la boca. Hay cosas en la la vida que no cansan nunca, y ver el arroyo aparecer por la cueva es una de ellas.

Curiosamente, apreciar cuanta agua sale por la que escupe la boca no es fácil, pero me llamó la atención esa corriente espumosa que hay en la puerta. Mucha agua tiene está saliendo, amigos!

                    La mejor manera de comprobarlo es acompañar al arroyo en su descenso.

                                       Ahí delante es donde se descuelga en cascada.

                           El ruido y la cantidad de corriente me tiene en estado de shock.

Comparen el mismo lugar exacto con otra ocasión que el arroyo del Boquerón también iba bien de agua.

                Poco pueden hacer estas fotos para enseñaros aquello en aquel momento.

                  Pero dejemos el arroyo en este tramo, y bajemos para ver la cascada.

                                                                      ¡Dios Santo!

Ya nos hemos puesto delante de la cascada para que la intentéis apreciar en toda su magnitud.

                                           Vais a verla desde diferentes perspectivas.

           Debía andar con un cuidado extremo para no acabar con el calzado dentro del agua.

                                Guarda mucha similitudes con el Nacimiento del río Cuervo.

Os dejo una foto de aquella otra vez, que el arroyo también iba bien de agua. ¿Acojonante, eh? Absolutamente nada que ver.

Acompañemos al agua hacia abajo, ya que un poco más adelante, se une las aguas del arroyo de la Cueva del Boquerón con las del arroyo del Barranco del Boquerón.

             Al fin y al cabo, las mismas aguas que van lanzadas hacia ese estrecho de delante.

                  Hoy es imposible acercarse siquiera a ver la poza que se forma debajo.

               Me subo a la parte alta para ver el arroyo pasar por encima del estrecho y la poza.


                                   La dicha poza en otra época menos violenta y agitada.

Desde aquí vemos que, de otros barranquetes del otro lado, vienen también chorreras de agua.


Aquí vemos el arroyo del Boquerón que se va buscando al río Júcar en el pantano de la Toba, aunque a mí ya me toca volverme.

Mira que he probado la Mahou barrica, la  Mahou Maestra, la roja y la verde, pero la Mahou plateada nunca. ¡¡Guarros, más que guarros!!


Y la 2ª parte trata sobre el menos conocido tramo alto del Arroyo del Océñigo, ese arroyo afluente del Arroyo del Cambrón, que suele llevar menos agua que este, pero guarda la similitud de conformar otro valle paralelo al del Cambrón de enorme belleza también, con la salvedad y ventaja de no ser privado como pasa con el del Cambrón. Hace un par de años recorrimos el cordal que separa estos dos valles para ver la Peña del Aljibe, y volvimos bajando al Arroyo del Océñigo en su tramo intermedio/final.

Hoy, después de unos días muy buenos de lluvia me voy a acercar con mi amigo Paco a la cabecera de este arroyo, dentro de la Muela de la Ciudad Encantada para recorrerlo en sentido descendente, en busca de lo que se puede considerar sus primeras aguas. Una parte del arroyo apenas conocida y bastante ardua de transitar. 

Cuando ya estemos a mitad del barranco del Océñigo, con su magnífica senda paralela al cauce, buscaremos una salida lateral que nos ponga en el cordal entre dicho barranco y el Barranco de Santa Maria para volver por el carril que transita por allí arriba.

Después de un tramo en que el Oceñigo va llanamente entre pinares, llegamos a un punto donde aparece la roca a los lados.

                     Hay que negociar este tramo, viendo cuál es el lado mejor para avanzar.

              En el lado derecho nos encontramos más a gusto, yendo por una senda de bestias.

Hasta ahora el arroyo iba seco, pero del lado derecho nos encontramos con un primer manantial.

                                                                    Fresca y cristalina.

             Las primeras aguas del Océñigo se desparraman por la ladera buscando el cauce.

         Un poco más abajo está el 2º de los manantiales gordos, donde Paco me saca metido...
                                                 

                                            Casi dentro de la pequeña gruta de la que nace.

                      Ahí estoy en acción. El agua mana a ambos lado de donde estoy yo.


   Completamente hipnótico como irrumpe el agua caudalosa de dos huecos como este, entre musgos y diversa vegetación rupícola.

               Buscando la comodidad, dejamos el cauce abajo, mientras al fondo asoma.....

               La peña del Aljibe, como puntal rocoso que separa el Cambrón del Océñigo.

                           Qué salvaje y virginal está este tramo del arroyo del Océñigo.

                                     Oímos un ruido fuerte y nos acercamos al arroyo.

                                    Que gozada poder disfrutar de estos saltos de agua.


                           Un modelo recio para poder calibrar mejor el tamaño del salto.

Unos ocultos corrales nos proporcionan la primera muestra humana desde que empezamos la ruta.

                El erosionado cordal rocoso que separa los valles se nos muestra más completa.

                  Yo sigo deleitándome con esta sucesión de rápidos y saltos del royo.


Aunque ya vamos llegando a la parte del Océñigo donde el arroyo se va volviendo más apacible.

De hecho, ya estamos en la cómoda senda que va paralelo al arroyo casi hasta el final de su confluencia con el Arroyo del Cambrón.

                                              Nos despedimos por última vez del arroyo.

Porque le tengo el ojo echado a una canal que pueda que nos saque del barranco de Océñigo.

El mapa no miente, y hasta descubrimos un antiquísimo paso para ponerse en la parte alta.


                                              Océñigo abajo, con el modelo recio de antes.

            Sobre el Campichuelo se ha instalado todo el día un banco de niebla alargado.


                                                                          Océñigo arriba.

              En este mirador tan chulo sobre el valle toca comer, antes de iniciar la vuelta.

                          Tenemos hasta refrigerador para mantener las cervecillas frescas.

La barra de chorizo que lleve debiera llevar mucho en la nevera, que se me cayeron los piños al morderlo ;-)


Toca ponernos en la parte alta y volver por una senda primeramente, luego un cómodo carril, que nos llevará hasta donde tenemos el coche, en la carretera que va desde la Ciudad Encantada a Uña. 

La restricción del cierre de toda la hostelería de Castilla La Mancha hizo que Paco y yo por 1ª vez en nuestra historia tuviéramos que hacer acopio de latas de cerveza en una nevera para poder cumplir nuestro final sagrado ritual excursionista, con el maletero del coche abierto y unas latillas como aperitivo ¡Qué cosas estamos viviendo! 

Hasta la próxima!