domingo, 18 de noviembre de 2018

EL CAÑÓN DEL RÍO BLANCO EN CALOMARDE Y SUS PASARELAS


En el Invierno de hace unos años, mi amigo Paco y yo cogimos el día y nos subimos a hacer un barranco en la Sierra de Albarracín al que yo le había echado el ojo un tiempo atrás. Es el Barranco de la Hoz entre la Frías de Albarracín y Calomarde, por donde discurre el arroyo conocido como el Río Blanco, afluente del Guadalaviar.

Esta es la entrada que le dediqué en aquella ocasión (donde también va incluida otra pequeña ruta a ver la Cascada Batida de Calomarde)

En muchos tramos, Paco y yo debíamos ir por la parte alta del Barranco, ya que el río Blanco se encañona y por allí dentro no se puede ir, pero resulta qué años después, con la idea de dinamizar aquella zona de la sierra, y hacerla más atractiva para el turismo, construyeron una pasarelas para poder transitar por dentro del desfiladero del río Blanco, camino de la Fuente del Berro que es donde puede acabar esta ruta, aunque realmente se puede alargar hasta Frías de Albarracín.






En un fin de semana que quedamos con nuestros amigos de Betxí (Castellón) Dani y Eva en zona intermedia (Teruel suele ser nuestro habitual escenario de batalla), Dani propuso hacer esta ruta, que nos gustó mucho, y que yo aprovecharé para poneros fotos de las dos ocasiones que he estado: de aquello cuando no había nada, y en esta ocasión, cuando han puesto las pasarelas.

Al acabar nos fuimos a comer a Albarracín con el propósito de ver este bello pueblo por la tarde pero una violenta y larga tormenta de bolas de pedrisco como canicas gordas nos hicieron desistir de nuestro plan de turistear por Albarracín, dejándolo para otra ocasión.


Después de desayunar en Frías, ya estamos en la entrada de Calomarde, donde coincidimos con otros coches que también van a recorrer la misma ruta.


Un vistazo a su paso por el pueblo del río Blanco u Arroyo de la Hoz, afluente del río Guadalaviar.


Estábamos a mediados de Septiembre, y aun nos hacen temperaturas agradables.


Al poco de empezar ya llama la atención el gran tamaño de las paredes, donde yo vi lo que parecía a todas luces un buitre que nos observaba.


El resto decía que allí no había nada. Yo estaba deseoso de llegar a casa y descargar las fotos para ver ese buitre. Al final, en casa, me di cuenta que aquello era una sombra, jejejeje....de los poquísimos errores que se me conocen.


      Pero lo que de verdad llama la atención allí es el tremendo Moricacho.



 Al que por supuesto subimos para admirar su pequeño pero portentoso arco rocoso.



Desde aquí arriba, vemos como el verdadero estrecho comienza allí un poco más adelante.




Allí hay un represamiento artificial del arroyo para que haga una pequeña balsa, justo donde hay una placa que cuenta la desgraciada historia de dos que se ahogaron, salvándose la yegua. ¡¡Hay que ser burros!!



Como veis, ya estamos dentro de la Hoz, que hasta aquí está acondicionado como paseo para la gente del pueblo, con farolas y barandillas.


Llegamos a un punto donde la vieja senda sale de la hoz y va en este primer tramo por la parte de arriba, que es por donde fuimos Paco y yo ocho años antes. Ahora como lo han habilitado, seguimos por dentro.



                      Por ahora la senda va accesible por un lado.



             Incluso se alza un poco y se pega a los laterales de la pared.



Y lo primero que nos salen son alargadas escaleras metálicas que ayudan a salvar estos paso por la pared.


Hay un primer estrecho pero lo vamos a salvar por arriba. Ahí delante vemos un puente metálico.



                          Foto de ese bonito estrecho, cogida a Dani.



       Mientras intento captar imágenes fluviales, de esas que tanto me gustan.



Miren que senda fluvial tan chula hemos traído, siguiendo las capas de estratos rocosos.


Y esos tramos fluviales tan olorosos, donde se mezclan todo tipo de vegetación de ribera.


Llegamos a uno de los puntos culminantes de la ruta, que el sol se va a encargar de deslucirnos un poco.


    El río ha labrado de forma mágica y sorprendente un cañoncete muy estético.


La cara de asombro de los cuatro habla por si misma de lo peculiar del sitio.


                         Fijaros que arcos tan chulos vamos pasando.



       Está claro que si no es por las pasarelas, nunca lo habríamos conocido.



           Este es el final del más estético de los varios estrechos que hay.



                  Pero la senda sigue sin perder ni un ápice de interés.




Abro aquí un inciso al querer comentar esa cuestión de meterle hierros varios a un paraje natural, pues si es cierto que en un principio y a priori, no suelo ser partidario de ello.

Un paraje natural debería seguir siendo eso, natural lo más posible pero si es cierto que en las comarcas estas de Cuenca, Teruel y Guadalajara la despoblación está haciendo mucho daño, y este tipo de instalaciones redundan en beneficio de estos pueblos.

Me explico: hace años cuando fui con Paco, llegamos a Calomarde también fuera de época veraniega y aquello lo recuerdo muy solitario. Hicimos aquel barranco por la parte superior en soledad. Realmente era un barranco más de los muchos que hay por allí. Por el pueblo no se veía un alma.

En esta ocasión hecha a mediados de septiembre, fuera de la temporada de verano, años después y ya con la instalación de las pasarelas hecha, he notado aquello distinto. Hay habilitado un pequeño parking que estaba lleno de coches, y durante la ruta nos cruzamos con varios grupos de gente.
Por ceñirnos a nosotros cuatro, y querer dar una pequeña muestra de esto que cuento: la noche de antes dormimos en un hotel en el pueblo de Griegos (Dani y Eva vienen de Castellón y sería mucha paliza llegar, hacer la ruta y volverse), luego nos metimos un buen desayuno-almuerzo en Frías de Albarracín.
Después de finalizar la ruta nos tomamos dos rondas de cervezas en Calomarde, y por último nos fuimos a comer a Albarracín, ya que Dani y Eva no lo conocían, aunque podríamos haber comido en el propio Calomarde o cualquiera de los pueblos de la comarca.
Con esto vengo a decir, que esa instalación de pasarelas en cierta manera mitiga los devastadores efectos de la despoblación, trayendo visitantes que de una u otra manera dejan dinero en la comarca, poniendo el nombre de Calomarde y su hoz en el candelero para que siga recibiendo futuras visitas, y a medio plazo, haya gente que decida asentarse en el pueblo para aprovechar de una u otra manera este flujo de gente.



           El barranco sigue teniendo tramos verdaderamente bonitos.



       Ahora toca bajar un buen puñado de metros con una vertical escalera.



Pasamos al otro lado por otro puente y vemos como la senda ayuda a salvar ese estrecho. Foto de Dani.


Da un quiebro a la derecha y va por un tramo tan chulo como este. Decir que en alguna parte pueda parecer estrecha, no es así, y siempre tiene su anchura suficiente para que no entre el vértigo.


Y además acompaña la geología, viendo como está formado por muchas gruesas capas de roca.


Un clásico de nuestras excursiones. Las chicas por delante hablando, y Dani y yo, alternándonos haciendo fotos.


                           Uno de los muchos puentes que se cruza.



     Una geología muy repetida en los barrancos de la Sierra de Albarracín.


                                           Rincones fluviales.



                        Último de los estrechos que hay que pasar.



                 Se nota que vamos llegando ya a una zona más abierta.


En este punto donde se encuentra el Molino de Abajo, es donde viene la senda que va por arriba. En este caso, podríamos volver por esa parte de arriba, aunque nosotros seguiremos pues queremos ver el Molino de las Pisadas, y sobre todo como tenemos otro coche en la Famosa Fuente del Berro llegaremos hasta ella andando para luego volver hasta Calomarde a por el otro coche y por supuesto, las cervezas.


Aquí es donde se ve perfectamente donde viene a empezar el cañón del Río Blanco que hemos transitado.

Vamos a ver cuatro fotos de cuando vine con Paco hace unos 8 años para que veáis un poco como se ve desde arriba, y alguna otra diferencia sorprendente. Las fotos están puestas en el orden de la entrada, es decir, viniendo desde Calomarde.


Esta 1ª es la más cambiada. Fíjense lo que puede cambiar un paisaje en 8 años. En la entrada actual, esto estaba lleno de vegetación y nosotros íbamos por dentro.


    Aquí ya hemos subido a la parte alta, siendo el barranco un cañón perfecto.


             Donde ya tramos chulos para ver la parte alta de este cañón.


                                  Pero del río no se ve nada.



Volvemos a la actualidad, y nos acercamos a ver el Molino de las Pisadas, donde al igual que hace ocho años.


        Ese árbol sujeta el vetusto balcón, desafiando al paso de los años.


Continuamos hacia delante, camino de la Fuente del Berro, pasando por una zona donde hay maravillosos bosques de pino albar.


      A la que llegamos tras un rato, y que vemos sorprendentemente seca.


                           Aunque cerca se ven otros manantiales.






       Comienza nuestro teatrillo, con esta versión serrana del Circo du Soleil.


Antes de volver en coche en Calomarde, y como no estamos lejos de la Sima de Frías que me conozco, decido llevarlos para verla rápidamente. Este tipo de depresiones en el terreno son conocidas en Teruel como Dolinas; lo que pasa que al ser de paredes verticales la llaman sima. Es muy parecida a lo que en Cuenca se conoce como las TORCAS.


        Este tipo de fenómenos es siempre una maravilla contemplarlos.


           Ahí abajo se puede intuir su fondo. No está mal de profundidad.



        También les enseño los fósiles que hay por allí, al borde de la sima.



    Llegamos a Calomarde con unas ganas de cerveza que quitan el "sentío".


Continua el Teatrillo. A Maru le da un tirón bebiendo cerveza ¡Inaudito! Eva sale en su ayuda mientras el otro aprovecha para cumplir con ese compromiso publicitario que tenemos en este caso, con la Damm, jajaja. 
Nos dejamos patrocinar por cualquier Cervecera (bueno...cualquiera no, las consabidas)




Esto ha sido todo, en una ruta muy chula, ideal para recorrer con chicos, bien señalizada y sin pérdida ninguna, ya que hará las delicias de mayores y pequeños. Anímense a conocerlo.

Hasta la próxima.