viernes, 15 de octubre de 2021

EL PASO DE LA CAMBRONERA DE VALDECABRAS


Llega el mes de septiembre, como aviso del deseado final del verano por mi parte. Volvemos a Valdecabras, acompañados, como no, del mejor cicerone posible, mi amigo Paco. Compruebo en el blog que nunca os he enseñado en una crónica rutera el Paso de la Cambronera. Estoy hablando del paso ancestral por el que la gente de Valdecabras iba a Cuenca, pasando por la aldea de Verdelpino, aunque ya encima de la muela los caminos ancestrales, en tiempos remotos serían una especie de escaletrix , yendo y viniendo a todos los puntos de destino posible.

Hasta el paso todo muy correcto, pero una vez en la parte alta, apareció mi retorcida cabeza en busca de tránsitos arduos y, muchas veces, imposibles. La idea que me rondaba de hace mucho es bajar hacia el estrecho de Valdecabras, siguiendo la línea de rocas erosionadas que conforman el valle y el estrecho. 



Dicho así, fácil, incluso la primera parte nos dio alas y parecía que mi idea se podía llevar a cabo, pero un poco más adelante, vimos que todo aquello se ponía con su punto de peligro, cosa que hizo que nos subiéramos a la seguridad de la parte alta, y viéramos estos paisajes valdecabreros, tan queridos por nosotros, desde otras ópticas no tan vistas.

Con el atardecer pisándonos los talones, y un par de tercios imaginarios como zanahorias colgando delante de nuestros ojos, llegamos al coche, dispuestos a dar por terminada otra jornada de tarde que marcan el final del verano y el comienzo, otra vez, de nuestras rutas conjuntas, ahuyentados ya los rigores extremos de la larga canícula.


                             Lo primero es cruzar el río de Valdecabras por un viejo vado.


Vemos que el rio Valdecabras aguanta bien los rigores del largo verano, dispuesto a que las lluvias otoñales le den más brío.


Los márgenes del río es el joven robledal de Valdecabras, que siempre es  una gozada andar a su sombra.

Un robledal de última generación, que muestra lo bien que va repoblando de manera natural.

                   Debemos atravesar viejos pedazos (peazos) donde las cabras pastan a su antojo.

    Al fondo asoma el borde del valle y justamente donde no se ven pinos en  la línea rocosa.

                                               Es por donde va el paso de la Cambronera.

                 En mitad de estos peazos, nos desviamos porque Paco quiere enseñarme algo.

Los Aguachares, donde una fuente de que manaba algo de agua todavía (recordarles que estamos en Septiembre)

   Buena fuente de combatir la sed y los calores para los hombres que trabajaban estos peazos.  En el mapa viene como Fuente del Enebro.

                                         Llega la ladera empinada, por la que atajaremos

                                                  En busca de la senda de la Cambronera.

                                  No cede la cuesta, aunque ya se atisba arriba el final.

                                                      Llegamos al Paso de la Cambronera.

                          ¡Cómo me gustan estas pequeñas maravillas de ingeniería vial!

      En esa abertura que hace la roca, es el lugar elegido parar levantar este ancho camino.

                                                            Ya estamos en la parte alta. 

      El mejor sitio para otear el valle de Valdecabras y esos cielos que ya presagian la llegada de tiempos más frescos y revueltos.

                                          Otra perspectiva del Paso de la Cambronera.

                                                                    Paco y yo, yo y Paco.

                        Ahora entra en juego mi plan, que es seguir esos bordes rocosos.

                                                Buen bosquecillo de arces se ve abajo.

Siguiendo una senda de bestias, avanzamos muy bien, incluso con puntales para fotografiarnos.

                     Poco a poco la sendecita se va poniendo con peor pinta y una caída sería.

Paco no tarda en subirse más arriba. Estamos pasando más o menos por debajo del Cerro del Madroñal.

         En otra de estas baja, pero comprobamos los dos que esto no mejora, sino lo contario.

                       Mi intención era llegar al final del estrecho por este lado izquierdo.

          Os acerco con zoom la línea de rocas (izquierda) que yo quería llevar todo el rato.

                                    ¡Alto! mi portentosa vista de lejos ha visto algo.

                                                      El buitre de turno semiescondido.

                Decidido, hay que salir de ahí, y para eso buscamos una senda de bestias

                                                      Que nos ponga en la parte alta.

            Por la que iremos en dirección al Estrecho, y por donde volveremos también.

                                                 No es tan mal las vistas del valle desde aquí.

                   Nos estamos acercando justo encima de donde empieza el estrecho.

                         Unas cuantas veces hemos andado esos bordes del otro lado.

                                                    Valdecabras en el fondo del valle.


También vemos otras cosas como el aprisco de la Cueva del Escalerón del Estrecho, visto con Paco hace unos meses.

                Si tiramos la vista a la parte alta, vemos que está lleno de huecos y agujeros.

También vemos los enigmáticos restos de la construcción del Vallejo del Pumar. Se dice que podían ser restos árabes, aunque la hipótesis de mi primo es que fue posterior, y debió ser algo relacionado con el movimiento ermitaño eremita de corto alcance y olvido rápido. Investigación hecha en Esta Entrada.


Toca volver por el mismo camino, y una vez pasado el Cerro del Madroñal, nos topamos con esta gran tiná.

Con el Chozo al lado, donde el pastor descansaría, y armaría unas lumbre dentro para calentarse, con unas toperas de humo inimaginables. ¡¡Menudo olorcillo cogerían estos hombres!!


                                              Regresamos por el Paso de la Cambronera.


              En el mismo paso, tenemos la planta que le confiere el nombre, el Cambrón.


                                       El sol se va ocultando detrás de los bordes del valle.


                                                                   Más o menos así.


                        Siempre es bonito ver como cae la tarde, y si estás en el monte, más aún.


Al llegar al río, nos topamos de suerte con este extraño puente de somieres de cama, por el que cruzamos.


     No termino esta vez con cerveza, sino con los ricos frutos que nos el monte por el mes de Septiembre.


¡Hasta la próxima!