LOS HERMANITOS DE TEJEA EN LA SIERRA DE GREDOS

 

A principios de diciembre del 2025 nos salió un viaje con un matrimonio amigo y su hija a ver el Parque temático de la Historia Puy du fu en Toledo. Este plan ideado tres meses antes fue el acicate necesario para orquestar el verdadero plan que fue aprovechar la cercanía de la ciudad imperial de la cara sur de la sierra de Gredos. Es decir, Maru y yo preparamos la furgoneta con todo nuestro material senderista. Además, yo cumplía los años ese fin de semana y Gredos era todo un regalazo. Después del estupendo día completo viendo Puy du Fou y despedirnos de Vane, Edu y Leonor, nos fuimos a dormir entre Madrigal de la Vera (Cáceres) y Candeleda (Ávila). Al día siguiente empezaríamos a andar y a empaparnos del Gredos del final del otoño.

La cara sur de la cordillera de Gredos la habíamos tocado unos meses antes en pleno verano cuando fuimos con Nachete al curso de supervivencia. Fue en Sotillo de la Adrada, en su parte más este, lindando con la Comunidad de Madrid. No era la época ideal para ver Gredos, pero si lo cambias con el fin del otoño, donde su fantástico ecosistema botánico aún aguanta de color, hace más frío, corre más agua y, además, te vas más hacia el oeste, dirección Cáceres, donde la cordillera alcanza unos tamaños y unas prominencias más montañeras, entonces lo que se prepara tiene una pintaza que Maru y yo pensábamos aprovechar al 100%.


Los planes previstos era hacer la ruta que, desde el pueblo de El Raso, iría por una de sus hermosas gargantas, muy cerca del límite con Cáceres, para ponernos en los Hermanitos de Tejea, un cordal mirador natural a la espectacular cara sur del señor de Gredos, el Pico Almanzor. Ese día, al acabar la ruta, por la tarde iríamos acercándonos hacia el este y el plan era dormir en Guisando para hacer la ruta al Refugio Victory, justo debajo de los Galayos. Por la tarde iríamos a dormir cerca del Tiemblo, cada vez más cerca de Cuenca, para por la mañana irnos a ver el Castañar de este pueblo que en estas fechas tendría que estar, quizás, todavía con hoja. Al acabar, volver a casa y Chim Pum. Otras grandes mini vacaciones furgoneteras a la buchaca y tan felices Maru y yo. Qué bonito queda contar las cosas, con la ilusión de los planes bien trazados y las ganas intactas. ¡Ay infeliz de mí! ¿Pero, qué dices Antonio? Na, no me hagáis caso.  

Vamos con la primera ruta con el bonito nombre de de los Hermanitos de Tejea, dos pequeñas y prominentes cumbre montículos que coronan el cordal que se adentra el la cara/ladera sur del Almanzor.

Esa misma noche leemos que el carril que sale del El Raso hacia el Castro celtíbero donde pensábamos aparcar y empezar a andar está en buen estado y podemos hacer más del mismo en furgoneta y avanzar unos 2,5 km para empezar en el puente del Arroyo Pinillo. Estamos hablando de 5 km menos de andar entre ida y vuelta. Genial para poder adentrarnos más en Gredos y ver más cosas. La ruta en sí es fácil con su puntito exigente sin ser excesivamente dura. Si empezamos en el Puente Pinillo tiene unos 9 km de longitud y unos 750 metros de desnivel y así es como la vamos a hacer, o, mejor dicho, como la pensamos hacer.


            Aparcamos la furgoneta un poco antes y bien abrigados comenzamos la ruta.


  Comprobamos que los robles están en modo estupendo con el otoño aún engalanando sus ramas.


                           El Puente sobre el Arroyo Pinillo, un barranquete tributario.....


De la Garganta Tejea un hermoso barranco que atraviesa Gredos desde la cara sur del Almanzor hasta Madrigal de la Vera. Aquí los vemos descendente.


La cara de Maru muestra lo contento que estamos. Ya había ganas de abrigarnos bien después del caluroso verano y el templado otoño.


                                                    Dejamos a nuestras espaldas a Gina.

                                                       Entramos en la Garganta Tejea.


Atención porque esas dos cumbrecitas que se ven arriba son los Hermanitos, aunque en ese momento no lo sabíamos todavía.


Llevamos un rato oyendo rugir el agua del arroyo que baja perdiendo metros de poza en poza.


                                                  El puente sobre el arroyo nos permite....


Ver cómo es el espectacular cauce de la Garganta con ese caos de piedras graníticas tan proclives en estas montañas.


 Lanzo el zoom para ver las cumbres de la divisoria de Gredos, pero unas nubes la tapan.


     Esa poza con el hermoso roble llama la atención, pero fijaros bien en el tamaño de todo.

 Cuando calculas dicho tamaño con el del monigote que aparece ahí, se ve lo grandioso de esto.


                      El roble también coge otro tamaño, más acorde con lo que le rodea.


El monigote, que cumplía 51 años, está en su salsa al lado de un paisaje tan bestia. ¡Ay probrecillo!

                                    Una preciosidad todo el entorno del Arroyo Tejea.


El tamaño de los perolos de cauce hace que haya un interminable sucesión de pequeñas cascadas.


              Ya en este lado, el sendero va en ascensión paulatina entre inmensos robles.


                                     Vistazo hacia atrás para ver la Garganta Tejea.


                             Nos topamos con árboles sin tronco, de esta maravillosa estampa.


                                            La senda se va empinando por momentos.


     Las nubes se han ido y ya se nos presenta el Almanzor y demás cotas adyacentes, con nieve en la parte alta.


Uuuy uuuy...le digo a Maru que paremos y bebamos algo que me siento cansadete y necesito un plus de energía.


                   
Fíjense que formación vio Maru justo donde había parado yo a descansar. Debajo de las raíces del roble duerme una bella mujer un sueño milenario.


                   
                         Recupero el resuello y seguimos subiendo entre robles y modelos.


                  
Ya estamos a punto de terminar esta primera cuesta que trata de salir de la garganta, mientras las cumbres se nos muestran nítidas.

                   
                 Llegamos al Collado del Fraile, donde esta fuente nos ofrecería su rica agua.


                                 El Refugio de Casa Blázquez aparece ya a tiro de piedra.


Una vez ascendida la primer cuesta fuerte hasta llegar a ese Refugio, me di cuenta qué me había costado horrores afrontarla. Maru ya se quedó extrañada al ver que tuve que parar dos o tres veces para coger aire. Esos 300 metros de desnivel positivo se me habían hecho largos. En ese momento le dije que tenia un poco de mal cuerpo, un ligero malestar estomacal muy incómodo. Un sudor frio me perlaba las sienes y una flojera de piernas se me instaló sobre todo a la hora de ejecutar esfuerzo en las subidas. Solamente mis ansiosas ganas de hacer la ruta, empaparme de este bello paisaje y conseguir llegar a los dichosos Hermanitos para poder ver esas panorámicas del alto Gredos, hizo que siguiéramos la ruta.

Lo que pasa que aún quedaban 450 metros desnivel hasta los Hermanitos. No me vi con fuerza y se lo dije a Maru, pero sí que andar por llano podía. El mal cuerpo era llevadero, siempre que no forzara la máquina. Vimos que, aparte de la senda que subía, primero pasando por los restos de un castro de los Vetones (encima para más fastidio mío, sabiendo que había un castro celta con lo que me gustan) y luego llegando a los Hermanitos, salía otra senda en llano que bordeaba este cordal y entraba a media ladera en la Garganta de Alardos, otro gran barranco paralelo al de Tejea. Iríamos lo que pudiera por esta otra senda y pendiente de cómo me evolucionaba la salud, por si era algo pasajero.


La Casa Blázquez es un refugio en perfecto estado de esos de solicitarlo a la Junta de Castilla León.


                         Ubicado en un sitio estupendo para trazar rutas por Gredos.


La fuente de la Majada de los Blázquez. Ahora en vez de subir hacia la derecha de Maru, iremos por sendero llano hacia delante, hacia lo que se ve al fondo.



Detrás de Maru baja la Garganta de Alardos, y los altos del fondo es la cuerda  del Alto de la Horca (2157 m.) y el Peludillo (2249 m.)


Comenzamos a andar ya paralelos a la Garganta de Alardos, viendo a la izquierda como baja perpendicular el Barranco Encinoso.


Esta Garganta de Alardos también se ve de gran tamaño y allí delante gira a la derecha. Por ahora la senda va bastante llana a mitad de ladera.


                       Giramos con la forma de la garganta y al fondo vemos su cabecera.


El brutal paisaje me tiene encandilado y así salgo haciendo fotos, aunque bien sabía yo en ese momento que la procesión iba por dentro.


                     Hasta aquí llegamos, viendo los Hermanitos de Tejea desde el otro lado.


   Este cordal de los Hermanitos (a la izquierda) separa la Garganta de Tejea de la de Alardos.


Toca regresar comprando que las nubes del principio de la tarde empiezan a invadir estos valles.


                           Helechares y robledales siguen mostrando su belleza cromática.


                   
Eso sí, yo llevo ya un rato que no estoy como un roble, apenas un arbolillo tronchado; poco más que un cascajo. 


Esta es la última foto que hago de esta ruta. Las ganas de llegar a la furgo cuanto antes y tumbarme me invaden.

Ya habíamos decidido que lo de irnos a Guisando a dormir allí se anulaba y nos quedamos con la furgo en Candeleda, el pueblo más grande que teníamos cerca. Me tomé un paracetamol y me metí en la cama con los cuidados de Maru. A ver cómo dormía y pasaba la noche. No era muy optimista, pero bueno en la furgo estaba en mi casa y no se me ocurría mejor lugar para pasar este inesperado virus, infección o lo que fuera.

Curiosamente, no pasé demasiado mala noche, y pude dormir a trancas y barrancas unas 6/7 horas. ¡Estaba tan cansado la tarde anterior! Como me levante mucho mejor le dije a Maru que podíamos hacer un ruta más suave por allí mismo, en la propia Candeleda, saliendo de donde teníamos la furgoneta.


                           Muy chulo este sitio de furgonetas en Candeleda donde dormimos .


                                      A orillas del río de la Garganta de Santa María.


Estas pozas represadas se conocen como Charcos y han sido zona de baños de los candeledanos.


              El primer paseo muy cortito va a ir por un paseo fluvial remontando el río.

                     Vamos dejando las casas y entrando más en un paisaje de garganta.

   Una cosa típica de estos pueblos de Gredos, como ya vimos en verano en Sotillo de la Adrada.


  El agua de beber es el agua que baja por estas gargantas de la altas cumbres. Este paseo termina aquí, ya que no se puede remontar la garganta a pie de agua.


                        La sacan por canales como este y la llevan a balsas y depuradoras.

Después de este paseo, volvimos a la furgo, ya que, atravesando el pueblo, comienza esta ruta para familias, que va a ir a media ladera por la Garganta de Sta. María para luego bajar al cauce más arriba.


Tiene al principio unos únicos 250 metros de desnivel positivo que afronto con buenas sensaciones, admirando el bello paisaje.


En este punto acaba la subida por carril y se coge una senda que va bajando paulatinamente hasta el cauce de la Garganta de Sta. María.

         En esta curiosa fuente comienzo de pronto a sentirme mal otra vez y debo sentarme.

Le digo a Maru que hay que volvernos y aquí se acaba mi reportaje fotográfico y empiezan mis penurias verdaderas.


Según volvíamos el dolor de tripa se iba agudizando. ¡Joder, con lo bien que iba subiendo minutos antes! Nada más entrar al pueblo fuimos derechos al Centro de Salud, ya que los retortijones y pinchazos que me daban por todo el torso, espalda y hombros eran muy fuertes. Al final esta teniendo un episodio de gases por todo el cuerpo. Al virus estomacal/intenstinal que tuve el día de antes se le había unido lo de los gases. ¡Qué mal se está cuando se está mal! Al final con los gases ya remitidos, pero muy flojo todavía, nos volvimos para Cuenca, conduciendo Maru del tirón. Menudo cumpleaños. 

Lo que está claro que, como ni olvido ni perdono, volveremos a Gredos y me vengaré de todas estas Gargantas, subiéndolas y bajándolas las veces que haga falta, jejejeje. 


                                                            ¡Hasta la próxima!

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