domingo, 19 de mayo de 2019

DE CÓMO FUE EL REENCUENTRO DE ZACARÍAS Y SU PRIMO HILARIO

Hace un tiempo en esta Entrada, al final de la misma, puse un pequeño relato sobre un personaje de mi invención, en este caso un pastor de la Serranía de Cuenca llamado Zacarías, alias Siglo (por haber nacido con el siglo XX). Si quieren saber más de este personaje, recomiendo leerlo. Ahora en esta entrada quiero enseñaros un relato más amplio, que alternaré con fotos mías y algunas antiguas en blanco y negro que he cogido prestadas de internet, dando de antemano las gracias a quienes puedan ser sus dueños.
En cuanto a las fotos antiguas quiero remarcar una cosa, y es que debo primeramente pedir disculpas por tomarme la licencia creativa de inventarme historias ficticias en base a lo que muestran esas fotos en realidad. Cualquier semejanza de la ficción por mi inventada con la realidad es producto de la más pura coincidencia.
No obstante, si el dueño o descendientes del dueño de la foto o de la gente que sale en las fotos no le gusta lo que me he inventado y lo considera ofensivo o improcedente, que me lo comunique y yo rápidamente borraré tanto la foto como la historia producto completamente de mi invención. Vayan mis humildes disculpas siempre por delante.
Y con esto, os dejo con otro relato sobre Zacarías, pastor de la Vega del Codorno/ Cuenca, y afincado en el pueblo de Buenache de la Sierra.



"DE CUANDO ZACARÍAS FUE A REENCONTRARSE CON SU PRIMO HILARIO"


Una vez al año, Zacarías el Siglo debía hacer el hatillo e ir a Carrascallano, una aldeílla estival dedicada basicamente al pastoreo, que pertenecía al pueblo de Fuertescusa. El motivo era  ver a su primo Hilario, con el que le unían, aparte de lazos de sangre, muy buenas migas, y por cierto, también ruleras, pues Remedios, la mujer de su primo, cocinaba las mejores migas de la Sierra de Cuenca, a juicio del bueno de Zacarías. Solo había que esperar que la Reme estuviera esa noche en Carrascallano, y no en Fuertescusa. Algunas veces Zacarías aprovechaba ese viaje para adquirir alguna oveja y seguir manteniendo su rebaño, después de las bajas de ejemplares que padeciera, bien por  enfermedad o accidente. En este caso pensaba comprar cuatro ejemplares que ya destetados, acaban de entrar a la edad adulta, teniendo dos años escasos. Generalmente con los partos de sus hembras, va equilibrando y aumentando el rebaño pero un atípico suceso con dos ovejas suyas, le han decidido a aprovechar el viaje para traer unos ejemplares. El periplo debiera hacerse antes que llegaran las nieves a esa parte de la sierra y los pastores dejaran estos poblados estivales y volvieran a Fuertescusa y a otros lugares menos adversos durante el largo invierno conquense.

Zacarías e Hilario pastoreando juntos. Foto de fecha desconocida.






Marcial Bachiller, un potentado de Fuertescusa, que tenía varias tinadas por Carrascallano, las Pobedas y Tarayuela, todas aldeas estivales de Fuertescusa, lugares idóneos por la altitud y por la humedad del río Escabas para la calidad de buenos pastos, era quien le suministraba los animales previo pago pecuniario.
A este acuadalado ganadero de Fuertescusa no le ha llegado a conocer nunca. El suele tratar con su primo Hilario Cardo, mayoral de dicho potentado, un enjuto y espigado hombre originario de la Vega del Codorno pero asentado hace ya años en Fuertescusa, y precisamente Hilario era el motivo principal para ir pues los dos primos han sido siempre como uña y carne, y siempre le gustaba compartir la noche que se quedaba allí, el queso, vino y por supuesto su preciado licor Benedictine con Hilario y su mujer Remedios, si  esta última estuviera, ya que aunque Carrascallano pertenece a Fuertescusa, no está cerca ni fácil.
El río Escabas y sus feroces laderas separan estos dos lugares en demasía, asunto que hace que sea inusual que Remedios ande por Carrascallano. Su preciado talento en los fogones es inversamente proporcional a la fuerza en las piernas y no le digas a Remedios de subir muchas cuestas que te bufará y a la mínima te mandará a freír espárragos, aunque Zacarías siempre ha pensado que a la Reme le pesan mucho las posaderas.
Foto del potentado de Fuertescusa, Marcial Bachiller (en el centro de pie y con bigote), siendo Hilario, su mayoral, el de su derecha.

                        Remedios(la de la izquierda), mujer de Hilario.

Desde Carrascallano después de bajar al Escabas, el camino para llegar a Fuertescusa, iría por dentro de esa hocecilla, estando el pueblo al otro lado de la loma que se ve en primer plano.




La rama paterna de Zacarías procede de La Vega del Codorno, y en concreto Zacarías e Hilario, la infancia la pasaron en la Vega pero luego vivieron juntos durante mozos a principios de siglo en Cuenca capital por circunstancias de la vida. Después Hilario volvió a la Vega para al final acabar en Fuertescusa y casarse con Remedios, una fortera de recios brazos y semblante serio que  todo lo compensaba con una impresionante mano izquierda en la cocina, atesorando sus migas y su morteruelo la categoría de lo más sabroso que se puede comer por la Sierra de Cuenca.

                                                              Morteruelo de la Reme.

                             Zacarías e Hilario en la Vega del Codorno en 1908.


Debe ir antes que llegue el frío y riguroso invierno a la sierra por lo que el viaje le llevaba dos días a Zacarías. Dejaba su rebaño al encargo de un vecino del pueblo.  Partía de Buenache a Valdecabras, intentaba evitar siempre el Cambrón y sus historias de beatas, curas y monjas por una suceso de antes de la guerra que ya contaré en otra ocasión. Zacarías no tiene nada contra la iglesia. Sabe que Dios está en todos los rincones,  pero de sus ovejas, de su casa y de su estómago no cuida Dios sino él, y solamente él. Por eso, no quiere saber nada de cruces, sotanas y bendiciones. Él es un hombre pragmático, no le da vueltas a ese tipo de asuntos tan fútiles para su duro día a día en la Sierra de Cuenca.
Evitando el Cambrón, parte de Valdecabras a Villalba de la Sierra por un viejo y delicado camino que va por encima del Barranco de la Fuenlabrá.

En estos últimos años, siempre que pasa por aquí, le entran ánimos de ver a otro primo suyo por la otra rama, Gumersindo Aguilar, el “Gumer”, un maquis que se ha echado al monte junto con otros camaradas a resistir, haciendo caso omiso de las nuevas directrices de dictador Franco, pero Zacarías sabe que debe mantenerse callado e ignorante, y aunque en Cuenca ciudad y alrededores no ha habido frente ni batalla, si ha habido delaciones, escabechinas, venganzas, grescas, muertes, insultos y mucho odio, quedando todo muy enrarecido. Zacarías no le tiene ninguna simpatía al nuevo Caudillo y su régimen de terror, pero es lo que ha tocado. Hay que joderse y aguantarse, el ajo y agua de toda la vida.
Por lo menos en  Buenache se nota poco, más allá de las batidas y palizas de la Guardia Civil que vienen de Cuenca por algún soplo o acusación  pero sobre todo, donde más libertad siente, es cuando pastorea por los montes de la Sierra de Cuenca, allí se le olvida, por lo menos durante un buen rato, que esta maldita guerra solo ha traído muerte, desolación y tristeza al país.  
Él piensa que por la Cueva de la Labrailla o la Cueva de la Fuenlabrá pueden estar su primo y los demás maquis, allí escondidos, pero en su fuero interno, sabe que no debe acercarse y sí seguir con su propósito de ir a ver a Hilario y cambiar las ovejas en Fuertescusa. La decisión de ellos es valiente pero muy dura, extremadamente dura. Zacarías no les tiene nada de envidia pero sí les desea lo mejor.                                                        

                El Valle del Cambrón, lugar de malos recuerdos para Zacarías.



Grupo de Maquis en 1943, siendo Gumersindo Aguilar el que está de pie. Dos años después, tuvo que huir de la zona de Valdecabras y alrededores hacia la parte de San Martín de Boniches, donde el movimiento maquis era más fuerte.


    Entrada a la Cueva de la Labrailla, antiguo refugio del Maquis.



Una vez en Villalba, coge el transitado camino que discurre por la vega del río Villalbilla, pasando por los pueblos de Portilla y Arcos de la Sierra. En este último pueblo se queda a dormir en la fonda del pueblo. Antaño, llegó a retozarse unas cuantas veces con la dueña de la Fonda, una mujer que en un momento dado no estaba de mal ver, y de hecho, ella le propuso el amancebamiento mutuo pero Zacarías no estaba por labor de aceptar ese tipo de planes a medio o largo plazo. La vida es hoy, como mucho mañana, y ya está, eso siempre lo ha tenido claro Zacarías desde sus duros días como ganchero en los ríos de la sierra. Todo acabó solucionándose cuando llegó el día que descubrió que esta se había casado con un malhumorado  y hosco arriero de La Frontera, una bestia parda de esas que hay que evitar lo más posible y desde entonces, la parquedad y la premura han sido la base de las conversaciones entre Zacarías y la mujer de la Fonda, como si no se conociesen.

Todo sea dicho, Arcos es un pueblo que siempre le coge de paso y con mucho trasiego de pastoreo hacia la Sierra de las Majadas y Poyatos, comarcas que él no frecuenta tanto. Cuando aún falta un poco para que salga el sol, se pone en marcha. Estamos a principios de otoño del año 1944 y aunque hace fresquete por las mañanas, estos días atrás el sol ha lucido alto y sin apenas nubes, haciendo calor, pero Zacarías sabe que por esta época, ya entrado el otoño, el tiempo es impredecible, de ahí su hatillo con más ropa, además de la comida, por si cambia. Las tormentas en la serranía pueden ser muy virulentas.

En vez de ir por el camino que va a Castillejo de la Sierra, cogerá un ramal que es el viejo camino de Cuenca para llegar a Poyatos/Fuertescusa y que comienza a subir a la sierra alta por una agreste ladera pasando entre el Alto del Rocho y la Herrería de Castillejo. Una vez en lo alto del cordal montañoso, solo le queda seguir el Camino de los Vinateros hasta llegar a un cruce donde, con unas hermosas vistas del Valle del río Escabas, elegir el ramal del camino de Fuertescusa que pasa al lado de Carrascallano, dando por finalizado su periplo.

      Camino de Cuenca, en su tramo de Arcos/Castillejo hacia la Sierra Alta.

                                                                  Otro tramo del camino.

                Vista de Castillejo de la Sierra desde la parte alta del camino.     
              


El plan es hacer las transacciones ovinas, pasar la noche con su primo y al día siguiente, bien pronto, para Buenache con las cuatro ovejas que va a adquirir. Ejemplares tan jóvenes necesitaran para la vuelta al pueblo de su vigilancia y cuidado pues estos paramos enriscados de rocas y pinos son tierra fragosa de lobos, y una ovejita recién salida de cordero es lo más apetitoso que se podrá echar a sus fauces un lobo por la Sierra de Cuenca. Además, tendrán que ir reconociendo la voz de Zacarías para integrarse bien en el rebaño.

         Zacarías eligiendo las ovejas en los corrales de Carrascallano.


Según llegaba al puntal rocoso donde se asienta Carrascallano, dejando abajo a la derecha las casas de las Pobedas, el más grande de estos pequeños núcleos estivales de Fuertescusa, vio una persona al final de camino y pondría la mano en el fuego que era su primo Hilario con ese encorvado de espaldas que hacía que su silueta fuera reconocible a mucha distancia, recordándole a una sabina tronchada por el viento.
No es la vista de lo que anda mal Zacarías, ya que prodigiosa la tiene, siendo capaz de ver el pico de un buitre en lo alto de una buitrera con solo echar un vistazo pero en cambio siempre ha sido duro de oído, y desde que paso los 40 nota que cada vez oye peor. ¡¡Ea, que se le va a hacer!! Se ve en pocos años con una buena cornetilla para oír a sus paisanos.


  Aparecen las casas de las Pobedas, con el valle del Escabas detrás.

 La Pobedas, el más grande estos asentamientos estivales de Fuertescusa.


                                                        Otra foto de las Pobedas.

Zacarías pasa de largo dejando atrás las Pobedas, mientas el valle del Escabas se muestra todo a lo largo.


Debajo de Carrascallano y demás asentamientos se ven las crestas y cuchillos del valle fluvial. Fuertescusa estaría al fondo a la derecha.




            Enfilamos el camino hacia Carrascallano que asoma al fondo.



          Carrrascallano y el puntal donde está ubicado.



                  


                      Vista de Carrascallano.
              




             Resto de una casa/tiná de Carrascallano.





Más restos.





De pronto, sonó una voz estentórea que se tenía que oír desde cualquier rincón de la sierra:

-Sigloooo, ya estas por aquí, Pataco (12)!! Ven pacá, dale un abrazo a tu primo.

-Hilariete, jodío, que ganas de verte, cordelero (1)!

Los dos se fundieron en un recio abrazo y comenzaron a contarse cosas sin cesar. Todo un año era mucho tiempo para los dos primos que habían llegado a vivir y pastorear juntos en muchas etapas de su vida, no guardándose secretos el uno para el otro. De hecho, aunque eran primos, su relación era más cercana a la de unos hermanos pero muy amigos, que en los pueblos todos hemos oído o conocido alguna vez historias de hermanos que se llevan a matar entre ellos y, llegando incluso a la literalidad de esa última frase, se llegan a matar.
Unas horas después, hechas las operaciones con las ovejas, están los dos sentados en un puntal rocoso que hay detrás de las casas de Carrascallano. Todas las tinadas están repletas de animales después de haber pasado todo el día por los pastos montañeses. Entre balidos de oveja y el crepitar de un enorme fuego que han hecho, ven como cae el anochecer sobre el valle del Escabas y la alargartada piedra del Costerón.

-¡copón copón, como está el morteruelo de la Reme, primo! Tú de lacenero (2) no ties futuro, jajaja.

-Jejejeje, ya sabes que llegar hasta aquí no le gusta un pelo pero tenía conocencia (3) de cuando ibas a venir, y ya te lo tenía to preparado. He llenado las alforjas de la mula con unas cazuelas de morteruelo pal condumio (4); las migas me ha dicho que te diga qué pa la siguiente vez. Ah! También me ha dado pa tí estas cucharas de madera de buje de Poyatos   ¡Oye Siglete! ¿Cuéntame que le pasó a esos ovejos tuyos?

-Pues una cosa un poco rara, primo. Maparecieron ahogadas en el centro de uno de los navajos (5) de Tierra Muerta, en Prado Ciervo. Ya sabes que nunca me ha gustado del to pastorear por Tierra Muerta pero Prado Ciervo tenía aún buenos majadales (6)

-¿Ahogadas unas ovejas? ¡Qué raro!

-Pensándolo bien, sólo se me ocurre que hayan sido atacadas y acorraladas por lobos y ellas al escapar se hayan metido al agua. Son listas y saben que el lobo no entrara donde le cubra mucho el agua. Ya sé que cada vez hay menos lobos pero es lo único que me viene a la cabeza.

-Los lobos suelen estar más por aquí arriba que por Tierra Muerta pero es tan grande aquello que es posible. ¿Pero, por un lado el ovejo piensa en huir del lobo para salvarse, y a la vez sabe que al entrar en agua va a estar en peligro, que va enfilao a la muerte?

-Que preferirías tú, primo, ¿morir esgarrao vivo a dentelladas o hacerlo ahogado en agua?

- ¡Ea! la verdad que sí…...

-Bueno bueno, dejemos tos estas historias y mira lo que he traído….jejeje….

-¡¡Arrea mi calavera!! ¡¡el Benedictino!! Copón copón.  No sé Siglo, si prefiero que vengas por verte o por cogerme una templa de ese licor, jajajaja que por aquí arriba no lo tienen en ningún sitio. Además, ¡¡ casi dos botellas!!! ¡Con la socarrina (7) que tengo! Por aquí solo lo de siempre, cazalla de la Frontera, resolí y algún brebaje malo malo, capaz de envenenar a diez guitres (8) de golpe.

-Pues el resoli de aquel ganchero de Fuertescusa que no me acuerdo como se llamaba, lo recuerdo mu gueno, cosa rica.

-el tío Usebio; copón pues se murió el pobre este invierno pasado ahogado en el paso de los Toriles entre Carrascosa y Alcantud, y mira que tenía experiencia. Pobrecilla su mujer, además deja 5 buenas mozas. ¡Tú lo sabrás bien, Siglo, lo jodío que son los Toriles!

-Qué lástima por él; el Guadiela por allí tie muchismo peligro. Sabes, primo, que aquellos años míos de ganchero cuando tenía 20 años es de lo más duro que he vivido, y el Paso del Toril era un auténtico calvario. De hecho, mi tío Vicente de Priego estuvo a punto de fenecer ahogado allí mismo.

-¡Ea!, Menos mal que el tren y los camiones están acabando con el oficio de ganchero porque es tan peligroso lo de bajar por el río. ¡Oye! pero el tío Usebio me dijo que su receta del resoli se la enseñó hace muchos años el cura aquel del Hospital de Santiago en Cuenca. ¿Te acuerdas de él, Siglo?

-Aquel zorromostro (9) con sotana, menudo samugo (10) pero si es verdad que tenía buena mano con el resoli.

-jajaja, entre aquel cura metijoso (11) y lo de la monja del Cambrón, no quieres saber na de la Iglesia, ¡eh Siglo! ¡Y eso que tos los años sales en las Turbas!

Mía tú! A mí, mientras vayan a lo suyo y no se metan en mi vida y mis ovejas, me da igual sus rezos y bendisiones. Alguna vez te he dicho, Hilario, que mi Iglesia está en los montes de Cuenca. ¡Ah! y en las Turbas claro, que eso es algo mu mío y de mi familia de Cuenca; eso si que es sagrao pa mí.

-Jejeje, siempre he dicho que eres un pastor un poco raro, Siglo, pa lo que se ve por nuestros pueblos…

-Tú tampoco, eres muy normal que digamos, Hilario, jajajaja

Y así entre recuerdos imborrables, carcajadas estruendosas, anécdotas olvidadas, improperios y exabruptos, viejas batallas y nostalgias varias, Hilario y Zacarías se pimplan las casi dos botellas de licor Benedictine y se cogen una buena templa como en los viejos tiempos, y hasta callan a los ovejas de las tinadas que silencian sus balidos ante la escandalera que provoca el jolgorio del reencuentro de los dos primos.

Al final, como la casa está llena de una cuadrilla de hombres de Cañamares que han venido de parte del potentado de Fuertescusa para construir más majadas, Hilario le ofrece que vaya a dormir a la aldeílla del Collado, muy cerca de allí, justo encima del Costerón, donde sí hay sitio, pero a Zacarías ese día no le apetece nada dormir bajo techo en una casa, y le pregunta a su primo si sigue en pie aquel refugiete de piedras al lado de Carrascallano, al que se encamina con su manta, su zamarra y su hatillo; aunque siendo fiel a la verdad, no tan encaminado puesto que anda trastabillando y dando algunos quiebros de más, dispuesto a dormir la mona mientras lanza un estentóreo eructo dirigido al astro de la noche, que con su luz y la bóveda estrellada le indican el camino a seguir al beodo pastor.                                                                                    


    
  1. - burlón, socarrón.
  2. – Hombre cocinillas, que se mete en las competencias de cocina de la mujer.
  3. – Conocimiento de algo
  4. -  Comida
  5. – Laguna/charca de invierno que se forma con el agua de lluvia/nieve o de formación artificial como abrevadero.
  6. – Zona de pastos abundantes para el ganado
  7. – Sed intensa.
  8. – Buitres.
  9. – persona espantajo, dicho despectivamente.
  10. – persona cabezona, pesada o terca.
  11. - persona entrometida
  12. - Perteneciente a una familia concreta conquense  desde principios del siglo XX, relacionada con la Procesión Camino del Calvario (Las Turbas) de la Semana Santa de Cuenca, peculiar procesión que tiene sus orígenes en el siglo XVI.
                                                 





 Detrás de Carrascallano está ese puntal donde Zacarías e Hilario celebran con jolgorio y regocijo el reencuentro.

            Viendo como cae la noche sobre el Costerón (izquierda).


                         Un navajo en Tierra Muerta.


                Oveja de Zacarías ahogada en otro navajo.


        La 2ª oveja está más o menos debajo de esta que sobresale.







                       Prado Ciervo en Tierra Muerta.


Lugar donde el verde de los pastos suele aguantar más que en otro lugares durante el verano.


                       Resoli casero del tío Usebio.




Zacarías (el de la gorra y camisa blanca con chaleco) en 1920 en una de sus primeras maderadas en el Escabas, pasando por el pueblo de Priego, donde aprendió de los mejores, los gancheros de este pueblo.


Zacarías en plena acción en 1924 en una maderada en el Turia, poco después de haber cargado los pinos en el Aguadero de los Villares, en el pueblo conquense de Santa Cruz de Moya.



El río Guadiela en el temible Paso de los Toriles. En época no invernal el río va por debajo de ese caos de enormes piedras.


Por lo que hay que esperar a que el Paso de los Toriles baje con más agua como en esta foto, pero se eleva el riesgo, la dificultad y el peligro al máximo.


Hospital de Santiago en Cuenca, ciudad donde Zacarías e Hilario vivieron desde 1909 a 1919, en que Zacarías marchó para hacerse ganchero e Hilario volvió a la Vega del Codorno.


Zacarías (3º por la izquierda con turbante blanco) en 1916 con parte de sus familia materna en la Procesión de las Turbas.


   Las Turbas entrando en la Plaza Mayor. Foto actual cogida de internet.



Zacarías en Carrascallano, bebiendo de la bota con parte de la cuadrilla de Cañamares. Hilario no sale en la foto.


       Refugio camuflado en la roca al que se va a dormir Zacarías.


    Situado a unos 200 metros de las últimas casas de Carrascallano.



                     

              Para Zacarías un alojamiento a todo confort.


Nos vamos a despedir con el Licor Benedictine (o Benedictino como le llaman los dos primos)-botella de la izquierda-

                             FIN

TONI VIRTUDES SEGARRA (ABRIL/2019)

Por último mencionar y dar las gracias a los autores de los libros de los que me he ayudado a la hora de buscar los vocablos para las conversaciones del relato. Son dos:
-El habla de Cuenca y su serranía (Jose Luis Calero López de Ayala)
-Noches de Serranía (Alfonso Calle García)

Esto ha sido todo, espero que les haya gustado.

19 comentarios:

  1. Madre mía Toni, me quito el sombrero ante este relato. Cuánto me ha gustado y qué bien lo has contado. No exagero si te digo que no he levantado la vista ni una sola vez. Super interesante. Hay un autor que es profesor en Valencia, el señor Salvador Fernández Cava que es todo un erudito en temas de maquis y lucha armada en la Serranía de Cuenca. Me has recordado mucho a los libros que he leído de él. Enhorabuena, como siempre y gracias por alegrarnos la vida a los que no tenemos la fortuna de disfrutar de cerca la fantástica Serranía de Cuenca. Un abrazo

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    1. Hola Javi.

      Yo encantado que haya conseguido que lo leas manteniendo el interés. Son un poco experimentos a ver que salía. De la primera foto que salen los dos pastores, se me ocurrió el personaje del primo, y lo ir añadiendo fotos fue posterior, ya que al principio era solo el texto pero si lo quería subir al blog debiera animarlo con fotografías.

      Lo de los maquis en la sierra es un parte fascinante de la historia que seguro que sigo investigando.
      La verdad que solo se me podía ocurrir a mí el meter en la misma historia, pastores, maquis, gancheros y hasta turbos, jajaja, madre mío que desvarío.

      Un abrazo.

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    2. Sólo se te podía ocurrir a ti y a mí, ya que escribí una novela basada en el maquis en la Serranía de Cuenca 🙂

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    3. Voy a buscar a ver dónde tengo el libro La Lucha Armada, que va sobre todo lo que ocurrió con el tema del maquis en Cuenca y si quieres te lo dejo. Vas a flipar.

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    4. Ostras, Javi, no sabía esa faceta tuya, ademas del tema del maquis. Me encantaría leerlo.

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  2. Enhorabuena Toni por este extraordinario relato inspirado en la vida de la Serranía de Cuenca a principios del siglo XX que tu conoce a tan bien porque te has desplazado por ella cientos de veces.Lo has contado de forma maravillosa con Eso a todos del lenguaje propios de nuestras gentes serranas.He disfrutado muchísimo con su lectura Muchas gracias por todo ello.Un abrazo.Mariano

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    1. Hola Mariano.

      Es un enorme halago que alguien como tú, versado en el mundo rural de la sierra de Cuenca y alrededores, encuentre el relato de interés. Esto me anima a ver si me sale alguna otra historia. Gracias Mariano.

      Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Luis, encantado que te haya gustado.

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  4. Hola Toni, una verdadera maravilla de relato que te transporta en el tiempo apoyándote en esas fotos tan chulas, las actuales y las flash-back. Una pasada. Si ya admiraba tu vena literaria, con esto todavía más. ¿para cuando un libro? ...
    Un fuerte abrazo, ¡odo!

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  5. Hola Paco.

    Encantado que te haya gustado este experimento mío de mezclar relato con fotos antiguas y modernas, y adaptarlo al formato blog.

    El libro? por ahora voy cogiendo maneras de best seller, porque ojo! se me ha ocurrido meter pastores, maquis, gancheros, resolis y migas ruleras, curas y monjas, turbos de semana santa de Cuenca, ovejas ahogadas.

    Solo faltaba que hubiera habido un crimen, y su investigación por parte de Zacarías, jajajaja.

    Un abrazo, ¡ea!

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  6. Hola Toni,

    Nunca dejas de sorprenderme, impresionante relato del bueno de Zacarías, que arte que tienes escribiendo, ya me gustaría a mi poder escribir así.

    Ahora nos toca esperar a la próxima de las aventuras del bueno de Zacarías.

    Salud, Zacarías y grandes relatos!!!

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    1. Hola David.

      Pues no creas que no le he dado vueltas al texto. Lo he hecho y rehecho mil veces, y se lo he dado a Maru y a mi madre para que me lo repasaran. Escribir medianamente bien es muy difícil.

      A ver a ver, porque aparte de escribir bien o mal, lo más importante es la inspiración y que te llegue la claridad y saber qué y cómo quieres contar, que eso es harina de otro costal.

      A ver a donde llevo la próxima vez al bueno de Zacarías....jejeje.

      Salud y relatos serranos.

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  7. Hola Toni.

    Antes de irse a dormir, después de haberse puesto finos de Benedectine, un pensamiento rondaba por la cabeza de Zacarías e Hilario, aunque no se lo llegaron, pese a que a no tenían secretos entre ambos, a confesar de el uno al otro. Ese pensamiento, que en cierta manera les apesadumbraba, no era otro que si, pasados 80, 90...100 años, alguien se acordaría ya no de ellos y de este oficio de pastores que les hacía llevar una vida nómada por la sierra, pernoctando en tinás y recónditas aldeas, sino también de los maquis y como se la tenían que ingeniar para no ser cazados, de la sufrida vida de los gancheros y como se jugaban esta para llevar un mendrugo de pan a casa...

    Podían irse a dormir tranquilos los primos esa noche, ha pasado el tiempo y si que hay quien se acuerda de ellos, y lo hace con mucho respeto y admiración, rindiéndoles homenaje, como tu has hecho en este magnífico relato. Mi más sincera enhorabuena amigo. Eso sí, te has sacado de la chistera a Zacarías y el público, entre los que me encuentro, va a demandar más relatos sobre él.

    Un abrazo.

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    1. Hola Dani.

      Si te digo la verdad, estaba esperando a tu comentario, ya que en anterior texto de Zacarias, te lanzaste a darle un poco de vida también, y me descubro también ante tu inspiración, y lo bonito y emotivo de tu párrafo.

      A ver qué se me ocurre con el siguiente. Con esa historia de la monja del Desierto Convento Carmelitano del Cambrón no se ocurre en qué berenjenal meter a Zacarías.

      Seguro que la chispa de Benedictino estará presente otra vez, jajaja

      Un abrazo.

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    2. Se me olvidó decírtelo en el comentario, pero la parte del relato en la que conversan Zacarías e Hilario me ha parecido sublime.

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  8. Hola Toni.

    Estupendo relato!, nos estás mal acostumbrando y estás dejando el nivel muy alto, para los siguientes. Seguro que la inspiración te vino, con algún trago de Benedictino beer :)

    La verdad que ha quedado muy bien hilado, por cierto aún sigue habiendo lobos por la serranía?.

    Un saludo

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  9. Hola Eduardo.

    Pues es verdad, porque por ahora estoy en blanco a la hora de pensar en qué historia meter a Zacarias.

    Tendré que hilar más fino todavía y buscar la inspiración, dándole a la bebida como Zacarías.

    Los lobos desaparecieron hace muchos años, y en los últimos años se han visto en la Sierra Norte de Guadalajara, incluso alguien afirma de ya hay algún ejemplar en el Alto Tajo pero esto último no esta corroborado oficialmente.
    Lo que si creo yo, que es cuestión de tiempo que vuelvan ante tanta despoblación...

    Un saludo.

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