domingo, 25 de agosto de 2019

EL CASTILLO DE BUENAFUENTE Y EL ESTINCAR DE HUERTAPELAYO EN EL ALTO TAJO


Vamos con otra excursión Tajera hecha con mi amigo Ignacio del año pasado. En este caso, toca explorar desde la orilla norte del Tajo (más alejada de Cuenca), lo que supone más kilómetros y más tiempo, lo que a su vez supone, valga la redundancia, un madrugón como la copa de un pino.
Estamos en verano, y, aunque no va a ser una ruta fluvial, si hemos planeado que deberemos vadear el río un par de veces, además de los baños que nos demos cuando el calor haga mella en nuestros serranos cuerpos.

Nuestro objetivo, además del recorrer el Tajo y su valle por las distintas orillas para ir completando el conocimiento exhaustivo del río y sus riberas, es ver una especie de muela natural muy peculiar que hay en el lado norte pegado al mismo río, y que tiene el atractivo nombre del Castillo de Buenafuente.
Estamos muy cerca del recóndito Monasterio de la Buenafuente del Sistal, que conocimos hace años en una arriesgada ruta hecho con los chicos.

En este caso, Ignacio y yo queremos conocer unos quiebros rocosos que hace el río en lo que se conoce como el Estincar de Huertapelayo, y aunque al principio nos pusimos como meta llegar por lo menos hasta donde le entra el Arroyo del Barranco de Fuentelengua, que viene desde el pueblo de Zaorejas, al final nos quedamos un poco antes, y desde allí regresamos al punto de partida.





Cuando la noche aún es profunda, y todavía se ven ebrios lunáticos intentando volver a casa por las calles de Cuenca, Ignacio y yo, salimos en dirección Priego, Alcantud, El Recuenco, Zaorejas, cruzamos el valle del Tajo, y nos torcemos hacia Villar de Cobeta por una carretera tercermundista para llegar hasta donde está el apartado Monasterio de Monjas de Clausura de la Buenafuente del Sistal. De ahí, toca carril de todoterreno que nos baja hasta la misma ribera del río Tajo, donde, dejando el coche en sombra, iniciaremos nuestra excursión.




Ya estamos abajo, comprobando qué arriba están los primeros bordes del valle del Alto Tajo.




                         Mucha vegetación exuberante por las riberas pero se puede ir bien.



Encontramos un senda que nos mete en un húmedo y joven encinar de los que da gusto caminar.



     En un claro del bosquecete se nos presenta la primera visión del Castillo de Buenafuente.




                     Aparecen ejemplares mas gordos y también las frescas aguas del Tajo.


Nos acercamos al castillo viendo que por este lateral tiene unas paredes verticales de unos 20 metros aproximados que lo hacen inexpugnable.

Vamos con el Castillo propiamente dicho. Ignacio y yo habíamos visto en el mapa y foto aérea que daba la sensación de ser una muela rocosa ubicada en la ladera norte del valle del Tajo, con muchos visos de ser inaccesible, a no ser que se lleve material de escalada. De su final en la ribera hasta el propio río solo había unos metros y además al principio, ya que luego el propio castillo delimita el río que va encañonado.

En todo caso, el nombre de Castillo podía venir por esa fisionomía propia de una muela rectangular en este caso, e inexpugnable. También albergábamos la idea que hubiera algún tipo de resto celtibero, ya que esa inexpugnabilidad y la zona del Alto Tajo, tan proclive también a restos de estos pequeños y enriscados castros prerromanos, eran propicias para que allí hubiera algo. En las fotos vais a ver lo que encontramos allí.

¡Miren que paredes tiene el Castillo a la derecha!. El Tajo iría a la izquierda de Ignacio debajo de esa cornisa rocosa que se adivina a la izquierda del todo, y en época invernal el agua ocupará todo o casi todo esto.

Comenzamos a subir y llegamos al punto donde las paredes del castillo son más bajas. Si se fijan, verán el único acceso posible al Castillo.

Delicado y endeble paso para acceder al castillo. Ignacio no se atrevió, y si es cierto que aquello está fatal. Hay que tener mucho cuidado.


                            Pero yo si subí a la parte de arriba, donde ya estoy en esta foto.

                                Desde aquí vemos el otro lado del cañoncete del Tajo.

                  Miro hacia atrás y lástima por el sol que me privó de tener un gran vista.

Miro hacia adelante y vemos el río se encañona y el propio castillo hace de borde rocoso del cañón.

Vamos con los restos, porque al lado de donde está la subida (que recordemos que es la parte más baja de las paredes del Castillo) encontramos restos de muros tapados por la tierra.

En la foto no se aprecia bien pero quedan restos de 6 o 7 escalones muy pulidos pero claros, que nacen donde está el acceso.


Me entran muchas ganas de explorar la extensa superficie del castillo por si encuentro más restos del Castro, pero Ignacio me está esperando abajo y no es cuestión de dejarle allí mucho rato.

        Una vez abajo, seguimos recorriendo los bordes. Pero ¿Qué es lo que se ve arriba?

Un lienzo de la muralla del viejo castro en muy buen estado, indicándonos que antaño el borde rocoso estaría mucho más bajo; de ahí la construcción de esta muralla. Arriba la tierra ha colmatado todo, estando por encima de la muralla, y la vegetación avanza entre las grietas.

Como me alboroto cuando encuentro estos restos históricos tan arcaicos y desconocidos, además de un lugar del que no encuentro ninguna información en internet.

                   Llega un momento que no podemos seguir transitando por esta orilla.

La opción de cruzar la desechamos rápidamente, primero porque cubre y mojaríamos las mochilas y segundo, porque luego no podríamos ir por allí.

Explico esto, ya que como llevábamos los mapas, vimos que aunque fuera más directo, si cruzábamos al otro lado, luego había otro estrecho que iba a hacernos, volver a cruzar, todo ello, teniendo que nadar ya que por todo el cañón, no se hacia pie en ningún sitio. Todo esto ya lo habíamos previsto en casa, y nuestro siguiente paso era volver hacia atrás y subir por la ladera, dando la vuelta al Castillo de Buenafuente, para luego volver a bajar a la ribera del río, más adelante.



Los conocedores de esto se habrán dado cuenta que el Tajo no tiene su característico color cristalino. Esto lo cuento un poco más adelante.


Tras trochear un rato por la ladera, encontramos una senda de bestias que nos viene muy bien para subir a la parte alta.


Vamos cogiendo perspectivas de los diferentes puntales del valle del tajo y sus barrancos, como este del otro lado.


Llegamos al colladete donde al mirar atrás vemos la ladera por la que hemos subido desde la parte inferior derecha.


Si miramos de frente, tenemos esta imponente vista de la parte superior del Castillo de Buenafuente, mucho más inaccesible todavía que la parte inferior.


    Miren a la izquierda como se desploma hacia bajo el lateral del Castillo de Buenafuente. Acerquémonos.



Si apuntamos con el zoom vemos ese estrecho que mencionaba antes, que de haber cruzado antes el río, nos habríamos encontrado con un gran impedimento en ese punto.


Miramos ahora a nuestro siguiente punto que es bajar por ladera de la derecha, vadear el río y pasar aquel estrecho por la izquierda. La pared corrida de la derecha si la seguimos con la vista........


                         Llegamos hasta este extraordinario puntal, típico del Alto Tajo.


                             Mas o menos a esa altura deberemos vadear el río.


Tras bajar por la ladera, buscamos un lugar que se pueda entrar al río, y que no cubra mucho para poder vadearlo.


La exuberancia de la vegetación fluvial contrasta con la parte alta del Castillo de Buenafuente.


Encontramos un tramo donde nos cubre entre las rodillas y la cintura, ideal para vadear teniendo cuidado con la corriente.


      Tuvimos que vadear porque por el otro lado, como veis en la foto, no se puede pasar.


                        Aquí hay un buen baño, pero vamos a contar algo del color del agua.


Una cuestión que no estuvo de nuestra parte fue el color del agua del Tajo. Me explico: Uno de los grandes alicientes de las rutas veraniegas por el Tajo y sus riberas son su característico color verde cristalino, siendo un río espejo que se puede ver el fondo perfectamente. Recordemos que todo este extenso y largo  tramo conquense y guadalajareño del Tajo no hay apenas incidencia humana en el río y su entorno.

Pero entonces, ¿por qué va a tener el río ese color verdoso turbio que veis en las fotos? Eso es debido a que toda la comarca es rica en tormentas veraniegas, algunas virulentas que descargan bastante agua, por lo que cuando eso ocurra, hay un tiempo de unos 7 u 8 días posteriores que el agua incrementada arrastra del fondo sedimentos y revuelve las aguas quitándole el carácter cristalino. El día que estuvimos nosotros, hubo unos días antes unas tormentas muy fuertes en la zona de Molina de Aragón, por lo que el río Gallo trajo agua muy revuelta, cosa que a su vez hizo que el Tajo de las juntas con el río Gallo hacia abajo (tramo en el que estamos) cogiera un color turbio que hizo no pudiéramos sacar todo el partido fotográfico a las aguas del Tajo, como otras veces.
Eso sí, como se imaginaran los baños no los perdonamos y la belleza del entorno, aunque las aguas fueran revueltas, es siempre merecedora de toda admiración y esfuerzo.
Voy a poner unas fotos de Ignacio que estuvo en esta parte el verano anterior para que veáis la diferencia del color del agua.


                        La parte del estrecho de la foto de antes. Foto by Ignacio.


                                                                 Desde varias ópticas.






                                                 Parece que cubre poco pero no es así.



  Nosotros seguimos avanzando aprovechando una vieja senda que va por este lado izquierdo.


    Hemos doblado el meandro del estrecho de antes, y ya vemos el siguiente tramo del Tajo.


                                                   Foto comparativa del mismo tramo.



En un hueco en la roca, vemos un covacho que pudo ser la ser la nevera/alacena de algún ganchero.


Vemos en el mapa que el lado izquierdo no parece transitable, por lo que cruzaremos el río otra vez, ahí donde se crea un poco de corriente y podemos pasar andando.


                                                                   Foto comparativa.



Viendo el tiempo que llevamos, sabemos que no vamos a avanzar mucho más, por lo que dejamos las mochilas en la orilla, y cruzamos por ese punto.


                          Aquí hay una enorme poza. Que lástima no verla cristalina!!


                                                                     Así por ejemplo.


                                                                                    O así.



                                                    Un poco de kamasutra libeluliense.


                     Decidimos pegarnos unos baños y hacer un descanso en este rincón.


                                       Donde no tardé ni tres segundos en meterme.


                                                      Ignacio se mete más río arriba.


                            De los baños más solitarios que se puede pegar uno en todo el país.


                Después del baño y el picoteo, intentamos avanzar río abajo por esta orilla.


A la vuelta de la siguiente esquina que ven allí adelante, estaría la desembocadura del Arroyo Fuentelengua de Zaorejas.



Pero el avance por las riberas del Tajo es tan lento, teniendo que estar buscando vadeos, que por este punto decidimos volvernos, además el color denso del agua nos impedía saber por donde cubría más o menos.




                      Echamos la vista atrás para ver estas magníficas postales del río.



            Paisajes hermosos tanto para el caminante, el piraguista, el bañista o el fotógrafo

                 Toca desandar lo andado, -y desvadear lo vadeado- para volver al coche.



Antes de irnos, y con el propósito de hacerlo con el cuerpo fresquito, nos pegamos los últimos baños en estos tablazos tan  maravillosos.


         Y me despido con esta foto de la anterior vez que muestra el color típico del Alto Tajo.



¡¡Hasta la próxima!!

9 comentarios:

  1. Hola Toni,

    Impresionante ruta para ayudarnos a conocer el Tajo más salvaje y desconocido.
    Lástima de las lluvias días antes, aunque ya te digo que no desmerece para nada las fotos, esté el agua clara o revuelta, son impresionantes.
    Que pasada los restos del Castillo de Buenafuente, ese murete se veía muy bien conservado, no se porqué, pero creo que va a haber o ha habido ya una segunda visita para profundizar más en los restos que allí encontrasteis...
    Si es que es ver un poco de agua y no te puedes resistir... jajaja. Seguro que con los calores del verano os sentó genial ese baño.

    Salud, castillos inexpugnables y baños en el Tajo!!!

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  2. Hola David.

    La verdad que si, que lo del color del agua es algo subjetivo que da un poco lo mismo, ya que las fotos de aquello son muy chulas, esté el agua más o menos cristalina..

    Jejeje, como me vas conociendo, el verano que viene es muy posible que suba allí arriba a investigarlo más detenidamente ;-) Esperemos que esos palos para subir aguanten.

    Salud y tajos!!

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  3. Excelente reportaje Toni me encantan tus fotos y comentarios, este año me he hecho 400 kms por la serranía de Cuenca y he disfrutado como un enano. Estam muy bien estos parajes del Tajo algo alejados de Cuenca pero merece la pena visitarlos. El año que viene quiero ir al Salto de POveda que hay una piscina natural considerable.
    Vivan los baños salvajes , para mi lo mejor de la vida, agua limpia y naturaleza, (siempre que alguna energúmeno no se la cargue claro)

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  4. Hola Karmaikel.

    Gracias por tus palabras. Veo que te estas haciendo un experto en recorrer la sierra de arriba a abajo.
    Si es cierto que el Alto Tajo está algo más alejado, pero en mi caso, aún esta dentro de un límite de km normal para ir y volver el mismo día sin hacerse muy tostón el viaje en coche.

    El Salto de Poveda y la Laguna de Taravilla que está al lado es un rincón de esos que hay que conocer si o si.

    Un saludo.

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    1. Experto no , mas quisiera tu si que lo eres este año he subido la mogorrita y baje por un zopetero nadad recomendable por eso no soy un experto , pero de todo se aprende asi que la proxima vez coger la ruta alternativa del camino forestal y como siempre tu inestimable asesoria, gracias por tur reportajes son una maravilla

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  5. Hola Toni.

    Que bueno volver a las telúricas tierras del Alto Tajo.
    Ya veo que os habéis propuesto conocer aquello a fondo, a pesar de las vueltas, revueltas, malos pasos y vados complicados. Nada que vuestras intrépidas voluntades no puedan vencer. Pensad que rememorais aquellas jornadas donde tantas cuadrillas de gancheros -hombres de los que ya no quedan-, dejaron su esfuerzo de titanes para mover tan increíbles masas de madera.
    Esa muela del Castillo de Buenafuente merece una inspección más reposada. Te veo con clavos y cuerda reponiendo esa vetusta escalera para volver a acceder allí, je,je.

    Un abrazo.

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    1. Hola Andrés.

      Si bueno, yo voy alguna vez pero quien esta yendo mucho estos veranos a conocerlo a fondo es Ignacio.

      Buena esa comparativa con los gancheros pues si es verdad que son rutas lo más parecido a la ingrata y dura labor de los sufridos gancheros.

      Pues no sería mal plan reparar el paso ese de los pasos verticales, pues las cuerdas que atan los palos cortos y horizontales están en bastante mal estado. Yo subí porque estaba con Ignacio, ya que solo sería una inconsciencia hacerlo porque de romperse una cuerda te caes y si hay mala suerte te puedes hacer mucho daño, y no es lo mismo estar con alguien, que te pase allí solo en ese lugar.

      Un abrazo.

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  6. Hola Toni.

    No hay agua turbia que disuada de un baño a catador de baños serranos como tú, siempre que esa turbiedad sea natural, claro está. Recuerdo aquel baño en Fuentes de Ayódar, con el agua marrón de la tormenta...pero con el calorazo de aquella tarde de agosto a ver quien era el guapo que se resistía a un baño.

    Guapa ruta explorando desconocidos y agrestes recovecos del río más grande de nuestra geografía, que en este tramo luce bello esté el agua cristalina o no lo esté.

    El Castillo de Buenafuente, imposible oírlo y que no te venga a la cabeza Andreu jeje, otra muesca más en tu lista de descubrimientos y exploración de antiguas fortalezas serranas. Seguro que hay más restos por ahí escondidos, esperando vuestra llegada.

    Un abrazo.

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    1. Hola Dani.

      Cierto que las aguas, sus colores, sus olores y texturas mientras sean naturales son dignas de zambullirse, y mucho más si vas de senderismo acalorado y la tienes ahí tan cerquita.

      Recuerdo el gran baño en Fuentes de Ayodar con Nachete y esa agua de tormenta tan chocolate..

      El Castillo de Andreu porque está lejos (más que lejos, las carreteras son malas, curvosas y luego hay que ir con todoterreno) que si no, estaba volviendo ya, pues en esa gran superficie inaccesible tiene que haber mas restos)

      Un abrazo.

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