EL OCEJÓN DESDE MAJAELRAYO

 

Pueblos negros de la Sierra Norte de Guadalajara en invierno. Que buena mezcla para los que gustamos de esta estación. Después del verano 2025 rememorar esta ruta del invierno del 2023 me está siendo toda una gozada, ya que fue, por fin, la subida de Maru y mía a una montaña icónica de Castilla La Mancha como es el Ocejón de 2046 metros. Enorme mole montañosa que conforma la última estribación de la Sierra de Ayllón, que se ve desde muchos puntos de la Serranía de Cuenca y que, como es costumbre de Maru y mía, la teníamos inconclusa.

Me explico: esta vez subimos desde el pueblo de Majaelrayo, más corta de distancia, aunque mas directa, pero hará como unos 10 años lo intentamos desde el pueblo de Valverde de los Arroyos, más lejana, aunque algo más tendida, y así ver también las Chorreras de Despeñalagua. Eso sí lo hicimos, pero una densa niebla se veía por encima de la cascada haciendo que abortáramos la ascensión más allá, volviendo hacia el pueblo y ver otras cosas. Por eso, el Ocejón pasó a nuestra personal y peculiar lista de cimas intentadas, otrora más numerosa que la de las cimas holladas. Desde hace unos años a esta parte, la lista la hemos revertido y ya hemos terminado hollando muchas de estas montañas que, por una razón u otra, se nos quedaron en el intento.

Pueden pensar que ahora estamos más en plan de subir montañas y hacer cima para ir tachándolas de una lista pendiente. Ni antes ni ahora fuimos senderistas montañeros de esos que sus objetivos pasa, casi exclusivamente, por tachar cimas de una lista, además, en muchos casos, de manera veloz. Sí es cierto que al estar en mejor forma física que nunca, muchas rutas las buscamos de cierta dureza y pasan por subir a lo más alto de una montaña, de dos o de tres. 

Y hay multitud de ocasiones en las que disfrutamos igual o mas con una ruta sin ascensión propiamente dicha que la de subir y bajar un pico. Al ejemplo de la entrada de la semana que viene me remito.



Esta fue de nuestras primeras escapadas con la Camper Gina, donde pernoctamos en un aparcamiento que hay antes de entrar al pueblo de Majaelrayo. Desde la media tarde hasta el mediodía del día siguiente las temperaturas eran muy bajas, llegando a valores alrededor de los 0º, grado arriba, grado abajo. De ahí que esos viajes, donde el edredón se conjuga muy bien con la calefacción de la Gina, nos sean tan placenteros.

Con las primeras luces del alba y bien abrigados, cruzamos el pueblo y comenzamos las duras rampas que nos metían en el fascinante ecosistema botánico geológico de esta montaña. Al terminar, nuestra intención habría sido celebrarlo con un buen par de tercios y alguna ración en el bar del pueblo, pero, aunque estos pueblos los veamos los fines de semana, incluso invernales, con trasiego de turistas, se ve que no da para mantener bares en esta estación pues en Majaelrayo se veía mucha casa rural pero ningún bar ni restaurante para comer un sábado. Sin problema por nuestra parte, en la Camper tenemos el bar con el mejor aperitivo imaginable, jejeje.

 

Ahí amanecimos bien solicos. Se nota la mañana gélida.


                 Y también se nota el Ocejón al fondo, 900 metros de desnivel más arriba.


Un espectáculo como el rocío helador se agarra a las losas de pizarra típicas de estas sierras.


                            Los arbolillos en modo invernal son un buen reclamo fotográfico.

       Si uno/a no se ha espabilado todavía por la mañana, que se lave la cara con este agua.


                                 Estamos flipando del contraste del comienzo de la ruta.

                                            


                            Lanzamos el zoom para ver la cuerda cimera de nuestro objetivo. 


                                    Antes tenemos la subida bajo un suelo petrificado.


                                                    Al igual que la flora que nos rodea.


Eso en este lado de umbría, pues en el otro lado el sol va calentando otras montañas como son Cabeza de Ranas y cumbres adyacentes.


                                   Nosotros también vamos llegado al límite sombra/sol.

Y empezamos a jugar con el efecto.


                        Pero que no engañe; a estas horas el frío, aún al sol, es cosa seria.


                                      El robledal es joven y crea un inmenso tapiz.

                                                               Abajo vemos Majaelrayo.

Al fondo asoma la cima del Ocejón, pero antes debemos llegar a esta punta de la izquierda, donde se nos abrirá la 2ª sección de la subida.


                    Nos vamos acercando a la 1ª cresta y hacemos alguna parada para.....

Ver al otro lado lo que yo creo que es el cañón del río Jarama y la cimas del San Cristóbal y Cabeza del Viejo.


                                  Efectos ópticos de la umbría y la solana en la gayuba.


 LLegando a ese primer alto, conocido como el Ocejóncillo, donde comeremos un frutos secos.

                        Admirando el cresterío de pizarra y cuarcita que jalonan esta montaña.

           Majaelrayo, Campillo de Ranas, Campillejo, Robleluengo......Pueblos Negros y bellos.


Al sur aparece el pequeño embalse del El Vado, el 1º que crea el río Jarama. La ruta del día siguiente (la próxima entrada) transcurrirá a la derecha del mismo.

                Aun nos quedan unas fuertes rampas para acabar la 1ª sección de la subida.

                                  Allí un cartel nos indica que se juntan varias subidas.

Por ejemplo, los que viene de Valverde de los Arroyos, suben por ese barranco que se intuye abajo.


Vendrían de la izquierda; ahí delante nos juntaríamos y subiríamos todos hacia la derecha, hacia la cima.


                     La gran pala de subida viene a ser un gran pedrera moteado de arbustos.

    Arbustos que cada vez hay menos, y se va llenando de pizarra y cuarcita a mansalva.

Detrás nuestro vamos dejando la Loma de las Piquerinas. Valverde estaría abajo a la derecha.


                    Fascinado me tiene como va la senda entre bloques llenos de líquenes.


          Y como la parte alta se va encrespando y cogiendo todo mucha más verticalidad.


             Antes de llegar a la cima, nos asomamos a un hueco para ver una nítida vista sur.

La vista oeste nos muestra las montañas antes mencionadas y al fondo se ve la cuerda de la Sierra de Guadarrama.


                                         Esta canal acuarcitada nos va a poner .....

                              En la parte superior donde nos espera un cielo impoluto.

                            La Maru va disparada al vértice que esta en su lado norte.


                                                             Maru y Toni al Ocejón.

       En dirección norte, en la Loma de las Piquerinas asoma ese hermoso pliegue rocoso y a la izquierda el Cerro del Campo (1934 metros)

                                   La gran cresta sigue descendiendo hacia el norte,

                                                Apareciendo Valverde de los Arroyos.

      En dirección sureste, dos cosas icónicas de la comarca: las Tetas de Viana a la derecha.

                                                    Y, como no, la Central Nuclear de Trillo.

Algo mucho mejor, esta montaña nevada. Dani me indica que es la montaña más alta de la riojana Sierra de la Demanda, el Pico San Lorenzo.

El Océano Atlántico! Que no, que es broma. ¡El Océano Indico! Tampoco. No sé lo que es, pero me gusta. Es representativa del enorme radio de vistas lejanas que puedes tener en esta montaña. 

                             Nos vamos al lado sur de la cuerda cimera pizarrera.

                  Pues hay una especie de monolito con un buzón y otras cosas que deja la gente.


Mi teoría es que esto es lo que había antes de la construcción del vértice.


                                                 Cosas de la gente, como por ejemplo esto.


             Aunque, puestos a elegir, prefiero esto con mucho aroma colegial: tiza y pizarra.

Cuando empezamos a bajar, en el punto que se unen las subidas desde Majaelrayo y Valverde, vimos esto. Otra de las cosas buenas de la Furgoneta, sales tan pronto que te evitas esto. Vamos con otra apreciación furgonetera.

Debo reconocer que mi vida montañera antes de la Camper era distinta, más a la intemperie, vamos lo usual, casi como todo el mundo que le gusta la naturaleza y la frecuenta en épocas invernales.

¿Pero qué queréis que os diga? A estas edades, todo lo que sea placer, alivio o comodidad en la montaña bienvenido sea. A Maru y a mí nos surgió la posibilidad de comprarnos una y la aprovechamos lo más rápido posible. 

¿Qué nos hubiera gustado tenerla 10 o 15 años antes y haber conocido la vida furgonetera entonces? Claro que sí, pero la ocasión se presentó cuando tocó y lo que tenemos claro que no es un proyecto para usarla de vacaciones solamente, como hay gente que la usa, sino que casi todos los fines de semana ahí estamos en ella y sacándola por el monte -o ciudad- a la mínima que podamos. 

Pienso que la furgoneta se puede ver como un refugio de montaña, cuando estas inmerso en una travesía entre refugios, pero con la salvedad que este refugio es móvil y está siempre, a la vuelta, cuando sales de ruta, sea en donde sea.

Esas veces que llegamos a ella, después de varias horas de ruta calados o húmedos de la lluvia o con un frío serio y poder calentarnos y ducharnos al momento son puro disfrute que hace que la furgo ha sido la mejor inversión que hemos hecho, sin duda alguna.



      Cuando bajamos la primera y mas empinada ladera, nos salimos del camino de subida.

                                Evitando por los pelos tener que bajar con toda la gente que subía.

Ya que vamos a volver en vez por la pala de dentro, por esta cuerda de afloramiento rocoso donde se intuye una sendecita.

                          Que nos permite encontrar, por ejemplo, este refugio vivac.

                     El bajar por aquí nos evitó cruzarnos con toda la gente que subía.

                           Y que mucha de ella ya andaba triscando por la cuerda cimera.



            Ya en la parte baja, debemos quitarnos abrigo, pues hace un calorcete que se agradece.

                           Cruzamos alguno de estos arroyetes que traen agua de la montaña.

Aquí todavía albergábamos la esperanza que un domingo como este, sobre las 13:00, hubiera un bar abierto para echarnos un par de tercios.


Pero no lo había y tuvimos que irnos tan campantes y felices a celebrarlo en la bendita furgoneta. ¡Va por ustedes, escas@s, pero fieles lector@s!


Termino con otra curiosidad relacionado con nuestro cambio a la vida furgonetera; cuando veíamos que, en no mucho tiempo, tendríamos una buena cantidad de dinero debido a una herencia, estuvimos mirando para construirnos una casa de madera, tipo bungalow en la huerta de Maru en el pueblo de Villar de Olalla, a 11 km de Cuenca ciudad. Por entonces, me veía allí cuidando el huerto y las gallinas, bebiendo cerveza y escuchando música americana debajo del porche de madera, mientras recibía alguna que otra visita de amigos. 

¡Increíble que antes pensáramos eso! Porque si hay alguien que no puede estar enclaustrado, si hay alguien que es muy poco manitas, si hay alguien que necesita monte, barranco, bosque y senda ese soy yo. ¿Qué hago de por vida metido en un terrenillo con 7 almendros, un chamizo, un puñado de gallinas, una nevera repleta de cervezas y un trozo de huerta que cuidar? Seguro que mi barriga volvería a crecer como antaño.

                      Y volvería a ser como este impresentable e inclasificable sujeto del pasado.

¡Ay las vueltas que da la vida! y menos mal que es así, porque habría sido un error gordo. Pero la influencia de amistades furgoneteras como Dani o Pato y lo que nos contaban mi hermana y mi cuñado que se habían comprado una furgoneta igual que la nuestra año y medio antes, fue decisivo para que cambiáramos rápidamente de opinión y podamos disfrutar de la libertad de viajar y conocer con nuestra furgo Gina, llamada así, aprovechando que la marca de la camperización es italiana, en honor de la actriz italiana Gina Lollobrigida.



Pueblos Negros, Sierra de Ayllón y furgoneta. Lo veréis más veces en el blog. Para empezar, en la próxima entrada.



                                                         ¡Hasta la próxima!

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