LA ALDEA NEGRA DE LA VEREDA EN LA SIERRA DE AYLLÓN
Después del Ocejón nos fuimos a dormir con la furgo por el entorno del Embalse de El Vado, pues la ruta que teníamos planeada viene a entroncarse directamente con mi trabajo cotidiano, más en concreto con el despacho donde yo trabajo. ¿Pero qué dices, Antonio?¿Ya empiezas a desvariar? Paciencia y sigan leyendo. Enfrente de mi mesa laboral ha habido un calendario de la Junta de Comunidades todo un año donde cada mes viene una fotografía de lugares naturales de Castilla La Mancha. Resulta que un mes en concreto venía con una foto de lo que parecía una aldea abandonada.
La foto era muy chula y la vista desde mi mesa me acrecentaba las ganas de visitar aquel lugar alguna vez. En el calendario venía solo el nombre del
lugar: La Vereda, aunque no la ubicación. Viendo la arquitectura
de la misma y el enclave natural llegué a la conclusión de que debía ser la
Sierra Norte de Guadalajara y esa arquitectura negra tan característica. El nombre de la Vereda lo olvidé al poco.
Luego ya entra en juego al azar. Al día siguiente de la subida al Ocejón, había que buscar una ruta más ligera y distendida. Teníamos otra noche más de furgoneta por lo que podíamos elegir lo que quisiéramos, ya que no había que volver esa tarde para Cuenca. Vimos que en los carteles de la zona se publicitaba una aldea abandonada llamada la Vereda. ¡Mira que bien, Maru! con lo que nos gustan los sitios abandonados y despoblados. Nos salía unos 18 km y unos 500 de desnivel positivo. Pelín larga, pero con menos desnivel que la del Ocejón.
Lo que yo no recordaba en aquel momento que esta aldea de la Vereda iba a ser la bella aldea de la foto del calendario de la JCCM de mi despacho. Eso lo descubriría un poco más avanzada la mañana, cuando me planté con Maru, más o menos, donde había sido tomada la foto del calendario y me llego la epifanía de…¡Hostia, esto me suena a mí! ¿Dónde lo he visto?
Como ya habíamos visto en Majaelrayo como se las gastaban las heladoras mañanas por esta comarca, en la ruta de hoy, como hay que transitar por dentro de unos barrancos profundos, seguramente lo del hielo y el sol hará el paisaje harto caprichoso, hasta el punto de que, según estuviéramos a la solana o a la umbría, parecía que andábamos por dos lugares distintos, dos paisajes tan marcadamente singulares, que era una auténtica maravilla. ¡Ay! que lástima me da pensar que el aciago futuro nos augura unas sierras sin heladas, una naturaleza sin frío en la que siempre lo ha habido.
La ruta sale desde el embalse del Vado que lo crea principalmente el río Jarama y el Arroyo Vallosera, que por su barranco es por donde va a transitar la ruta. Y hay una historia detrás de esto ciertamente fascinante. Os la voy contando.
Bonito lugar donde pernoctamos.
Tras desayunar, cruzamos la presa del Embalse del Vado.
Viendo el barrancazo que horada el río Jarama, tan de alta montaña y tan bello. Le espera un urbanita y feo final atravesando una de las áreas mas pobladas del España.
Por una pista forestal avanzamos con la furgoneta, mientras a ras, el embalse, y a cielo abierto, nuestro protagonista del día anterior.
Al poco hay un aparcamiento para dejar los coches y empezar la ruta a la Vereda, con las marcas señalizadas de Pequeño Recorrido.
Al coger altitud se nos muestra nítido y omnipresente el Ocejón.
Los quietos reflejos del agua en la montaña que tanto me gustan.
Hay noticias del pueblo del El Vado ya en el siglo XIII, ubicado a orillas del río Jarama donde siempre hubo un vado, y luego un puente que era paso obligado en las rutas de la trashumancia castellana. Y ya desde estas épocas medievales se nombra también dos de sus aldeas, Matallana y La Vereda.
Existe un documento del siglo XVI que testimonia la existencia en el Vado de un hospital, carnicería, fragua y, como no, taberna. Inimaginable la vida cotidiana en aquellas épocas con los inviernos escupiendo hielo y muerte sin cesar.
Ahora bien, en 1954 el despreciable Caudillo inauguró este embalse quedando anegado y bajo las aguas dicho pueblo. El ayuntamiento se trasladó a la Aldea de la Vereda desde 1954 hasta 1972, donde fueron parte de los habitantes del Vado. Y en este último año pasó el Ayuntamiento a estar en el pueblo de Campillo de Ranas. El embalse a su vez dificultó y estropeó los caminos quedando la Vereda muy inaccesible e incomunicada.
Un brusco meandro dejamos a la derecha, mientras ya vemos de cerca las aguas, no del pantano, sino del arroyo Vallosera.
Hermoso macho cabrío posando para nosotros.
Aunque para espectáculo el barranco Vallosera. ¡Que no se tengan problemas de movilidad/salud y vayas en coche a la Vereda perdiéndote este bello camino! ¡Un delito!
Atención pues llegamos a un pequeño bosque de hermosas encinas.
Y de un tamaño muy considerable, que bien seguro que han dado sombra a generaciones de autóctonos.
A lo lejos ya tenemos la primera visión de la Vereda. ¡Menudo lugar chulo! La montaña que despunta a la izquierda es el Cabezas (1437 metros)
Luego nos vamos acercando y nos va cambiando la perspectiva, sacando la aldea, luego el barranco del Arroyo Vallosera, y al fondo la cuerda de la Peña Centenera (1809 m)
Lugar idílico el de la aldea en esa plataforma al borde del profundo tajo del barranco Vallosera.
Entramos en ella, comprobando la célebre y bella arquitectura negra que utiliza la piedra pizarra autóctona del lugar.
¿Qué pasó aquí en 1972 para llevarse el Ayuntamiento de la Vereda a Campillo de Ranas? Pues al igual que en otros lugares del país, como en el pueblo conquense de Valtablado de Beteta, fue expropiado por motivos de repoblación forestal por el ICONA, quedando pasto del olvido y del avance de la naturaleza.
A finales del siglo pasado se creo la Asociación Cultural Hijos de la Vereda, consiguiendo por licitación que la Junta les otorgara el aprovechamiento de las tierras y el disfrute de los edificios, manteniendo los usos y tradiciones de antes, empezando por la arquitectura. Por eso, la Vereda están en estado tan bueno de conservación, con la celebración de jornadas y todo tipo de actividades para dinamizar aquello.
Por último, estos años atrás el largo carril que te llevaba a la Vereda, no en tan buen estado y muy a merced de la inclemencias meteorológicas, no incitaba mucho a hacerlo con los coches. Eso hacía que quien quisiera visitar la Vereda sin meterle caña a los coches debiera llegar andando por la preciosa ruta que hemos hecho Maru y yo. Hoy en día, el carril es una perfecta pista forestal que hace que la gente llegue en coche hasta la misma aldea.
De hecho, Maru y yo hicimos la ruta y no encontramos a nadie ni en la ida ni en la vuelta. La fría época de visita hizo que en el pueblo solo coincidiéramos con dos parejas llegadas en coche. Es de imaginar que con buen tiempo habrá más gente, y con más gente, pues qué queréis que os diga; para dos habitantes de la España Vacía como Maru y yo acostumbrados a la escasa, por no decir nula, masificación, el paisaje en sí no nos llega tanto, no nos causa tanta impresión. Por eso, nos encanta visitar los sitios en épocas invernales.

Vemos que la Vereda se compone de dos núcleos separados por una rambla que sería zona de huertas.

El tajo del Bco. Vallosera es tremendo y me dan ganas de meterme por ahí abajo.

Por aquí vimos una casa de la que salía humo de la chimenea y la mujer que estaba dentro nos contó que ella solía ir muchos fines de semana allí y hacía muchas tareas variadas, todas para el cuidado y mantenimiento del lugar.
No sé si Dios proveería de calor a los fieles, pero solo imaginarme los inviernos de siglos pasados ahí dentro de la iglesia, me dan escalofríos.

La nave lateral con ese soportal rústico destila autenticidad.

Menuda potencia visual cualquiera de las vistas de las casas.
Maru andando por la vaguada de antiguas huertas que separa los dos barrios.
Es la hora de volver, cosa que haremos por la pista forestal. Aquí en bajada para cruzar el arroyo otra vez.
La pista nos saca del valle hacia el otro lado, otorgándonos nuevas vistas del barranco y la aldea, arriba a la derecha.
Nos despedimos de la Vereda, muy contentos de haber acertado con esta ruta tan bonita.
Nos queda una larga tirada de carril, a ratos tedioso, pero que las ganas de la cerveza nos hace que pase rápido.

















Hola Toni.
ResponderEliminarMe ha encantado la historieta del calendario, es muy tuya... Es que te imagino en el momento de estar frente a esa casa soltando un "Copón Maruja, si esta es la casa del calendario!!!" jajaja.
Y oye, vaya ruta chula chula para llegar hasta allí, con esos senderos ancestrales que tanto te gustan y con el añadido de ver a ese portentoso macho cabrio con toda su familia. Pero lo que me ha dejado boquiabierto ha sido lo de esas umbrías... Macho, ahí no penetra el sol ni en pleno verano!! Creo que nunca había visto un escarchada tan bestia, a la vez que maravillosa, como la que nos has enseñado. Menudo contraste guapo entre la solana y la umbría.
Y el despoblado de la Vereda es de los mejores conservados que he visto nunca, lo cual ha sido toda una sorpresa, y más teniendo en cuenta que la hostilidad climática de esa zona juega en contra de su conservación. Por eso es muy de alabar el trabajo de esa asociación, para que el pueblo no caiga en la ruina ni en el olvido. Inmediatamente después de leer tu reportaje me he ido al blog de Faustino Calderón, en el que hay un completo reportaje sobre la Vereda, en el que también menciona a dicha asociación.
Me ha chocado el topónimo Vallosera, pues aquí en Castellón, en el Maestrat, existe la Vallussera, y se trata de los pocos lugares inhóspitos que aún quedan en la provincia, y es muy salvaje, como aparenta ser el que tu has enseñado aquí.
Y el tema de inundar el Vado... ¿Cuantas historias como esta se repiten en el estado? El del culo blanco construía pantanos, sí, pero al precio de borrar pueblos del mapa, y con ellos la historia de mucha gente. Esta la desconocía por completo. En el mapa histórico del Iberpix aún no estaba el embalse, y se ve la situación exacta en la que estaba el Vado.
Por cierto, no te habrás fijado, pero en la foto de Maru con el roble, de su tronco emerge la cabeza de un camello con cornamenta 😉
Un abrazo.
Hola Dani.
EliminarCuando estemos juntos, a la 3ª cerveza, te pediré que me expliques eso de que la historia del calendario es muy mía, jajaja.
Lo que si te doy la razón es en la frase dicha a la Maruja con el copón delante, jajaja.
Maravilla la entrada del blog de Faustino Calderón. Lo de Vallosera/Vallusera puede que trate de lugares recónditos, Valle y algo más, quizás sera sea fuera/lejos, etc. En todo caso, es un topónimo muy bonito.
Cuando has dicho lo del mapa antiguo me he ido al iberpix de cabeza, y en efecto, el pueblo estaría justo debajo del cordalillo donde subsiste la ermita arriba.
He ido a la foto y es verdad que es una figura medio mitológica. Y digo mitológica pues un camello con cuernos nos habla de la exuberancia imaginativa que hay dentro de tu almendra, jajaja
Un abrazo.
Maru, Toni... me ha dejado boquiabierto esta zona de esa comarca tan profunda y esa historia tan interesante cómo triste.
ResponderEliminarHay algunas fotos, cuando cruzáis el Vallosera por esas piedras, que son preciosas con toda la vegetación completamente congelada. Debió ser dura la vida en ese lugar, como bien describes.
Esos buitres estaban preciosos ahí asoleándose... y las cabras, que supongo serán victoriae, pues la hispánica no tiene ese color y esos cuernos tan enormes, son realmente bellas.
Me ha encantado la historia del almanaque... lo has bordado... y lo bien que supiste ver esa foto. Hay que buscar inspiración para viajar, aunque a veces no hace mucha falta esa inspiración, si no más bien curiosidad, ¿verdad? Había un dicho por ahí que rezaba: Si quieres perderte, coge un mapa. Cada uno lo interpreta a su manera, pero es verdad... lo primero que mira uno en casa cuando plantea hacer algo, es el propio mapa. No hay excursionismo sin mapa. Ni habría mapas si no hubiera habido excursionistas.
Esos robledales, esas vetustas encinas... son impresionantes. Muchas gracias por la ruta, por mostrarla, y por el trabajo de investigación que te has pegado. Me ha encantado.
Saludos, pareja.
Hola Fran.
EliminarMe alegro que te guste la historia del almanaque. Si es verdad que algunas veces cuando te pones a escribir la cronica de la entrada que vas a colgar, en mi caso que suele haber pasado bastante tiempo desde que la recorrí, pues no recuerdo ya bien los detalles y no me fluye el texto, pero en este caso la historia -muy mía como dice Dani- del almanaque no se me había olvidado.
Ya habías conocido el Pico del Lobo y eso, pero toda esta Sierra Norte de Guadalajara/Sierra de Ayllón es un comarca muy chula y sorprendente. Para ir y volver en el mismo día desde Cuenca está lejos, pero para pasar hacer una noche o más con la furgo es ideal, por lo que irán saliendo mas viajes.
Me encanta el dicho que comentas, el de Si quieres perderte, coge un mapa. Todo el blog, toda mi afición por la naturaleza, las enseñanzas de mi padre, etc...................todo gira en torno a un mapa. Desde que soy muy niño llevo viendo mapas. Antes siempre en papel, ahora más virtual, pero siempre un mapa y sus líneas de nivel.
Un saludo y gracias por tus palabras.
Hola Toni Y Maru. Una excursión muy chula y sobre todo fresquita, o más bien fría, las fotografías son espectaculares, y las cabras haciendo lo suyo la cabra triscando por los riscos. Y pienso lo difícil que seria la vida de las personas vivir, en esos lugares, con los accesos tan complicados, la poca tierra para cultivar, el frio y la nieve, para complicar todo mucho más, eran unos héroes. Y para vosotros también por no encontrar un bar para poder tomar las cervecitas de rigor. Pero bueno eran otros tiempos que afortunadamente ya han pasado. Muchas gracias por hacerme pasar tan buenos ratos con tus publicaciones, a pesar de que no escriba ningún comentario algunas veces, no me pierdo ninguna. Solo decirte que me alegro mucho que habéis comenzado el año dándole caña a la Gina para que no se aburra y vosotros menos. Un saludo y un abrazo enorme de Félix
ResponderEliminarHola Félix.
EliminarQue sepas que siempre es una alegría leerte y saber que estás ahí.
Sí sí, los inviernos en las sierras montañosas del interior siempre han tenido que ser durísimas, y en esta sierra norte de Guadalajara se palpa solo con ver las fotos e imaginar un poco la vida en estas aldeas.
Jejejeje y nuestro propósito para este año es que la Gina esté en el garaje lo menos posible.
Un abrazo.
Creo que el término Vallosera, proviene de Valle de osos, estos parajes aparecen en un libro se Monteria de Alfonso XI, en un relato de caza de un oso y se le cita como la Foz de Val Osera.
ResponderEliminarGracias por el blog
Hola.
Eliminar¡¡Valle de Osos!! Nos has dado la solución. Seguro que todo este topónimo repartido por toda España, estando en sitios recónditos viene de ahí, de Val Osera.
Gracias por el dato.