EL CASTELL DE CASTRO EN LA SERRA D'ESPADÀ

 

Toca viaje a Castellón para que nuestra furgoneta pase una revisión de la camperización. El finde es largo y por lo menos una ruta senderista sí podremos hacer antes de que el domingo por la tarde nos volvamos a Cuenca. La asfixiante canícula ya acabó y estamos en otoño que, aunque por estas tierras suele ser pelín caluroso, las temperaturas fueron más llevaderas. Nuestro plan es aunar mar y montaña. Mar, con dormir es un sitio que nos han enseñado mi hermana y mi cuñado, donde las furgonetas y caravanas podemos pernoctar casi encima de una playa sin urbanizar, y Montaña, con la ruta que os voy a enseñar, que trata de subir a ver un castillo en ruinas en plena y cercana Sierra de Espadán.

Es curioso porque esta ruta trata de la subida a una montaña, pero el objetivo en sí para nosotros no es la cima, ni un vértice geodésico, ni siquiera las vistas, aunque esto último no es así del todo, pues en todo alto un@ siempre buscara las vistas y, más aún, con la calidad de horizontes que hay allí arriba. De hecho, la mayoría de los visitantes ante su desinterés o desconocimiento por los restos históricos, subirá para admirar las vistas. Lo digo porque lo que hay en lo alto son los restos roquedos de un castillo medieval islámico. Y de todo el mundo que triscaba por allí arriba, nosotros y otro par de parejas, éramos los únicos que íbamos explorando e intentando comprender un poquito las ruinas. 



Había oído a Dani hablar de él, pero lo que tiraba de nosotros para visitarlo, aparte de nuestra querencia por los castillos roquedos serranos, era la fama que siempre tuvo de inexpugnable. Otro aliciente es que la ruta para visitar el castillo ya es un ruta hecha y derecha, es decir, este castillo esta en un sitio muy agreste y para llegar a él hay que meterse unos 650 metros de desnivel positivo, transitando por unos bellos y frondosos barrancos espadaneros donde la surera, las nítidas vistas del mediterráneo y la belleza de las ruinas de este castillo subsistiendo allí arriba, nos cautivaron, como siempre suele hacerlo la rodena Serra d’ Espadà.

Tras amanecer en el cercano mar y meternos un buen desayuno llegamos con la furgo al pueblo de Alfondeguilla. Allí empieza nuestra ruta, que subirá al castillo por el Barranco de la Horteta y bajará al pueblo por el barranco de la Cabrera. Tras las cuatro horas de ruta y siendo domingo, no nos pudimos explayar mucho. Tras hacer una comida rápida en la furgo, mini siesta, café y para Cuenca. 

Cansados sí, pero con muy buen regusto por el fin de semana y por esta hermosa ruta dominical. Ya sabéis, sarna con gusto no pica y en los amantes del senderismo y la montaña este refrán se hace realidad multitud de veces.


          Una buena brisa marina nos recibe ya al atardecer en nuestras cervecitas en la playa.


El viento hace que nos continuemos más adentro. Aquí se aparcan las furgonetas y tenemos todo este trozo verde y natural que veis, empezando la playa donde despunta una palmera al fondo.


Tras una tranquila noche mecidos por el relajante e incesante rumor del oleaje, el amanecer es obligado.


                                        A los de interior estas cosas, por inusuales, nos gustan. Eso sí, el verano por aquí cuanto más lejos mejor.


Tras un rato de carretera ya estamos en la montaña, callejeando por las estrechas calles de Alfondeguilla.


                            Otro pueblo de esos encajonados tan proclives por esta bella sierra.


                      Desde el principio esto trata de subir dejando abajo, pequeñito, el pueblo.


                                    Hay rampas que obligan a hincar bien la bota.


                                        Jóvenes alcornoques nos jalonan la subida.


              
La geología siempre es atractiva, como este tramo de senda sobre la misma roca arenisca.


         No tardamos en coger altura y ver el cercano mar, ese que nos arrulló por la noche.


Otro gran aliciente es para deleitarse con los Quercus suber, las sureras o alcornoques, tan fecundos por esta sierra.


              LLegamos al Collado de la Mina, donde subsisten unas viejas minas de Mercurio, els Pous de Cantallops.


                                     Por aquí ya nos salen al fondo unos peñascos


                             Aumentemos el zoom, pues se divisa el objetivo de nuestra ruta.


                         En el de atrás sobresalen las viejas construcciones del Castell de Castro.


Nuestra ruta ahora descenderá al fondo el barranco que veis, mientras se agrandan les Penyes de Moixell.



                           Durante un tramo corto cogemos el Camí de L'Horteta.


                   
 Lo dejaremos para subir por la izquierda del peñasco rocoso, ya por una empinada senda.


                                         La frondosidad es por momentos salvaje.


           
        Estos alcornoques gordos muestran la desnudez típica de la saca del corcho.




                   Las pedreras que vienen de la parte alta de las laderas no son pequeñas.



Tras pasar el Coll del Boix, torcemos para entrar por aquí. A 1ª vista, se podría pensar que el castillo está arriba a la derecha.



Pero no, ya estamos dentro del castillo. Lo que pasa que la 1ª línea de muralla está muy oculta por la vegetación y el deterioro.


                   Las vistas se abren que dan gusto. Aquí podemos ver la capital, Castellón.




En vez de seguir subiendo y entrar en la 2ª línea de muralla, vamos a bordear esta primera línea, comprobando que las rocas son parte del entramado del castillo



  Nos acercamos a ver esa 2ª línea y como aguantan estos lienzos adaptados a la roca del alto.



                          Volvemos al punto por el que entramos al castillo para subir más.


Y entrar en esa 2ª línea de murallas por lo que parece que fue la entrada al corazón del castillo.


                              Los restos de muros nos delimitan diversas estancias.


    Nos vamos al otro lado, comprobando que en es esta parte el suelo del castillo era la roca viva.


                                  La planta cuadrada y perfecta de lo que fue un torreón.


Este lado sur no necesitó de murallas, ya que el barranco por que hemos subido lo convierte en inexpugnable por esta cara.



Aún así, un observador verá muros que fueron puestos para aplanar y nivelar el suelo del castillo.



       Aquí la planta del torreón donde hemos estado y abajo del todo, de donde venimos.


     Alcemos la vista un poco, pues es imposible sustraerse al influjo de un faro montañero.


     La geganta de pedra. Aún veo a mi madre en el Portellàs (centro derecha de la foto) subiendo completamente acalambrada.


Venga va que os lo enseño. Nacho primero, luego va Maru y abajo yo tirando de mi madre y pensando que si mi padre viviera me habría colgado de donde os imaginais por meter a mi madre en este berenjenal, aunque en mi defensa y descargo alegar que la avisé mil veces de la dureza de la ruta y, ante la terquedad de las mulas, poco hay que hacer. Al final salió todo perfecto.



Volvemos al castillo que va llegando gente. Lo que digo antes de lo poco que se explora. Fíjense en esta abertura que se intuye en primer término.



                Nadie se metía por aquí ante la vegetación y lo poco transitado que se ve.


   Y resulta que es otra entrada al castillo con su senda que baja serpenteando, de los que vienen en dirección de los peñascos.


                                Farallones rocosos que veíamos un rato antes desde abajo.



                                            Recorremos todo el perímetro del castillo.


Porque las vistas son grandes. Enfrente, al fondo, aparecen lo que yo creo que son el Pico Bellota, el Puntal de l'Aljub y el Pico Benialí, en el que ya estuvimos hace años. Y el Pic d'Espadà, que hemos estado este finde reciente.


                                           Como buen castillo islámico está su aljibe.


                             Y las diferentes perspectivas que sacamos de los interiores.


                 
Otro resto genuino, buena muestra de los espectaculares castillo de esta sierra, que, todo sea dicho, en estados, por lo general, deplorables, como en tantos otros lugares.



                                       Volvemos al colladete y iniciamos la bajada.


                         Por el también frondoso Barranc de la Fonteta de la Penyeta.


                        Donde en las parte altas encontramos sección tan chulas como esta.


                     
  Eeehhhhh ¿Hay alguien allí abajo? Lo que queda de la Surera Mare, alcornoque emblemático.



La vegetación nos avisa de que llegamos a la Fonteta de la Penyeta, con estos abrevaderos que a la fauna le vendrá de perlas.



                             Lo que era un senda se convierte ahora una preciosidad de camino.



                                           Cómodo y ancestral, como nos gustan a nosotros.


                                         Admirando la frondosidad del barranco.


                      Donde despuntan les Penyes de Rimansa, tan características.


                    Alfondeguilla se ve al fondo y son los últimos cientos de metros de la ruta.


                 
Como cuento al principio de la entrada, no hay que tardar en comer (Higos a la plancha con sardina ahumada, buaah), siestecita y para Cuenca, cerrando esta estupenda jornada mar y montaña por nuestra querida Castellón.


                                                             ¡Hasta la próxima!

Comentarios

  1. Hola Toni.

    Qué decir... Que os sienta muy bien Espadán, oye 😉.

    Todo un clásico Castro. Creo que no existe montañero/senderista en Castellón que durante sus primeros pinitos en la montaña no haya subido a esta atalaya de rodeno. A mi personalmente es de las rutas que no me importa repetir las veces que haga falta. Además se puede combinar con parajes cercanos como la Nevera, l'Arquet, el Barranco de Ajuez o incluso con cimas cercanas como la Penya del Migdia o el Pipa, saliendo rutas de potente desnivel. Hace unas semanas volví a subir al Castell, subiendo antes al Puntal de la Rimansa. Buena elección la vuestra, haciendo el recorrido circular pasando por Cantallops.
    Y respecto al castillo en sí, ya visteis este fin de semana pasada la riqueza cultural e histórica que posee Espadán, ya sea con castillos, trincheras o la actividad minera. Lo de los castillos es una pena que se encuentren todos en estado tan ruinoso. Ahora, con el auge del turismo rural muchos pueblos están tratando de poner en valor todo ese patrimonio, y se están restaurando o acondicionando algunos castillos, pero creo que se llega tarde, aunque más vale tarde que nunca, ¿no?.

    Y como te dije en privado, muy buen detalle el de la Geganta de Pedra, sí señor, hay que reivindicar la feminidad de Penyagolosa. Y qué bien enlazado el tema recordando aquella inolvidable ascensión con tu madre. Ella, aquel día, también fue una geganta.

    Volviendo a Castro, creo que en alguna ocasión os he contado la leyenda en torno al castillo, así que me tomo la libertad de contribuir en este reportaje transcribiéndola (blog Espadàniques) para compartirla con tus lectores. Lo hago en otro comentario, pues blogger me dice que el comentario es demasiado largo.

    Un abrazo.

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    1. Hola Dani.

      Una experiencia espadanera siempre sienta bien. Como este finde pasado con ese final arrocero en Nules y ese buen tiempo, cosa que íbamos buscando después de las lluvias del tren de borrascas.

      Pues sí, lo de los castillos da para debatir un rato largo. Así a bote pronto me viene a la cabeza dos castillo que hemos visitado, el castillo de Almansa y de Segura de la Sierra. Pueblos que en su día se invirtió en recuperar el castillo y que las ruinas fueran a más, y hoy en día, hay que reservar para visitarlos en diferentes turnos y haciendo que los visitantes gastemos en el pueblo quedándonos a dormir o comer.
      Y luego lo contrario, el pueblo de Aliaga o el de Peñas de San Pedro, pueblos con castillos dejados de la mano de Dios, llenos de maleza, que son chulísimos, que con tal que se invierta un poco se pueden recuperar bastante.
      Y para terminar estarían los que ya son ruina total. Reconstruirlo sería casi levantarlo nuevo con excesiva inversión.
      Asunto aparte son como este de Castro u otros muchos que no están dentro o la lado de un casco urbano. Estos están condenados a desaparecer.

      Buen apunte lo de las dos "gegantas" ;-)

      Un abrazo.

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  2. "¿Quien de vosotros no ha visto Castro desde la Plana, la silueta que acecha entre las cimas de la sierra, o desde una punta vecina la cual mira como retándola? Lo que hoy son ruinas, era el más inaccesible escondite de moros en los días en que los cristianos iban conquistando estas tierras. Aquel castillo no era solo un sitio difícil para los cristianos, sino también para los árabes vecinos que pretendían entrar en un refugio tan inexpugnable.

    Los cristianos, que como una impetuosa ola hacía retroceder las huestes musulmanas, al llegar a Castro se vieron sorprendidos por una inaudita resistencia. Asediaron el castillo, intentaron asaltarlo, pero desde la fortaleza los moros tenían suficiente defensa con la simple maniobra de lanzar piedras. Y viendo que por las armas nunca conquistarían aquel punto, decidieron apelar a la astucia. Después de mucho cavilar de que estratagema se valdrían, alguien expuso una que unánimemente fue aceptada y enseguida fue puesta en práctica.

    Era una noche de lluvia y oscura como las fauces de un lobo. Los cristianos reunieron un rebaño de ovejas roqueras, que no huyen de las piedras; les ataron una antorcha en cada cuerno y les dirigieron hacia Castro. La visión de las luces que se movían libremente en la oscuridad de la noche no podía ser más fantástica ni llamativa. Con el rebaño marchaba el ejército cristiano haciendo sonar los tambores con tal de producir un efecto más sorprendente.
    Pronto se percataron los moros de aquella extraña comitiva que se aproximaba al castillo. Al principio se sorprendieron, pero después, llenos del mayor de los pánicos, no sabían que hacer. El miedo y la sorpresa no les dejó adivinar que aquello eran inofensivas ovejas. Cuando aquellas luces llegaron cerca de ellos, movidos por el instinto de conservación, empezaron a hacer rodar piedras. Las ovejas, pero, lejos de retroceder, iban subiendo rápidamente, mientras en la montaña vecina las tropas cristianas tocaban los tambores con más fuerza.

    Los moros, todo y viendo que nada detenía a aquellos guerreros misteriosos, y poseídos por el terror, se descolgaban con cuerdas por el precipicio, y algunos, despavoridos, se lanzaban al vacío. Los que se salvaron emprendieron camino hacia la mar, donde llegaron antes del alba y se embarcaron hacia África.
    Por la mañana, los rayos dorados del sol naciente besarían la cruz, la cual camparía victoriosa en una almena de la torre más alta. Y mientras tanto, allá en la mar, los moros verían como, poco a poco, la niebla dejaba a la vista la silueta de la casa perdida."

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    1. Que chulada de leyenda, con esa ovina comitiva demoniaca trepando.

      Cuenca también tiene su leyenda ovina. Qnk (Qunka) fue fundada por musulmanes. Al ser tan difícil su conquista, también por su privilegiada ubicación en alto, Alfonso VIII no sabía cómo. Y resulta que en la ciudad vivía Martín Alhaja, que era un pastorcillo que sacaba a las ovejas a pastar por las laderas del cerro de las antenas y luego volvía a la ciudad por esa puerta del Castillo a guardar las ovejas.
      Debiera congeniar con los cristianos, ya que los soldados se pusieron piel de ovejas y se metieron entre ellas, entrando así unos cuantos al otro lado de las murallas y consiguieron abrir las puertas para que entrara el grueso del ejercito.

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  3. Buena manera de aprovechar el tiempo y el viaje, pues ya que estás allí... yo suelo hacer eso también; aprovechamos el viaje para hacer una caminata, para comprar comida local... para esas cosas. De hecho, hace años que los souvenires que nos traemos siempre son del mercado, y no de tiendas de adornos...
    Dormir cerca del mar está muy bien, aunque yo prefiero la montaña... claro... será que vivo en una bahía...
    El entorno, el castillo... es digno de una visita. Yo estuve en otra parte de Espadán, y me conquistó plenamente.
    Muy interesante, y triste, la historia que ha traído Dani... con las ovejas equipadas con "frontal" de la época. Lo que hace el ingenio... y lo que provoca el desconocimiento.
    Tomo nota de Espadániques.
    Saludos, y os sigo.

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    1. Hola Fran.

      Maru y yo somos muchos de comprar productos locales en nuestra salidas con la furgo. Mieles, mermeladas, embutidos, cervezas artesanas, magdalenas. Podemos dejarnos 60 pavos con mucha facilidad. Nos encanta.

      El mar no nos va mucho, pero sí es verdad que en epocas fuera del calor veraniego hacemos alguna visitilla y si la costa es de acantilados nos gusta mucho las rutas costeras.

      Seguro que si recopilamos historias de conquistas y reconquistas del país las ovejas y las cabras ganan protagonismo en muchas de ellas.

      Oye el otro día cuando fuimos a Cádiz flipamos del verdor exuberante de las provincias de Sevilla y Cádiz sobre todo. ¡La virgen! ....Qué de agua que lleváis por allí.

      Saludos.

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