EL BARRANCO DE LA FUENLABRÁ (DA)

¡Esto con agua debe ser muy bonito! ¿Quién no ha dicho esta frase alguna vez? Así podría titularse la entrada de hoy. También podría ser ¡Como meterse en un berenjenal sin apenas darte cuenta! Como veis, se titula con el prosaico nombre a secas del barranco que os voy a enseñar, el Barranco de la Fuenlabrada, o, como diría Segundete de Valdecabras, de la Fuenlabrá, remarcando fuerte ese acento en la “a”. A muchos la cabeza os ira a Fuenlabrada, esa populosa ciudad dormitorio de la periferia madrileña, pero si se piensa bien, el topónimo en una sierra como la conquense, empezaría con una fuente en la que se labraría la tierra de alrededor y esta terminaría secándose o no, ¿Quién sabe?

Antes de entrar en la crónica de esta ruta contada en dos ocasiones, voy a situaros geográficamente. Nos vamos a unos pocos km de Cuenca ciudad, cerca del pueblo de Mariana, donde está el restaurante de El Ventorro, y comienza la vega del río Júcar. Todo ese lado derecho hasta que llegas a Villalba de la Sierra esta compuesto y filtrado de varios barrancos que vienen a verter sus escasas o inexistentes aguas al Júcar. Realmente este lado derecho sería la parte oeste de la Muela de la Ciudad Encantada. Os voy a enumerar de sur a norte los principales: serían La Hozecilla, el Barranco de los Lobos, el Barranco de la Fuenlabrá, el Valle de Cambrón (el más grande y conocido), el Barranco del Océñigo y el Barranco de Santa María/Bco. de la Casilla.

De todos estos, el único que siempre lleva agua es el del Cambrón y algo menos el del Océñigo. El resto solo la llevarán después de fuertes episodios de borrascas. El apunte pluvial viene al dedillo para enseñaros el de la Fuenlabrá una 1ª vez que lo recorrí, allá por finales del 2024, descubriendo pequeños rincones secos que me hicieron decir un par de veces la frase con la que empiezo la entrada.



Y lo de meterme en un berenjenal, ¿Por qué? Después de las lluvias borrascosas de febrero del 2026 decidí ir a ver esos rincones con el agua fluyendo. Lo que no recordaba es que la Fuenlabrá es un barranco, en parte, angosto y la primitiva senda que lo recorre en muchos tramos está cruzando el cauce o, incluso, va por el cauce rocoso. Y en esta 2ª ocasión el agua que corría era suficiente para no poder cruzarlo, más que haciendo un paso con piedras, jugándome el tipo y consiguiendo progresar subiendo por las hoscas laderas, a modo de cabras montesas, con algún resoplido más de la cuenta.

Al final, tuve que tirar de mi experiencia con estos arroyos salvajes de la Serranía, pero una ruta que la calculé hacer en dos horas, se me quedó en tres horas y media y con algún susto que otro, que os contaré mejor en la crónica de las fotos. Será sobre todo con las fotos de la ocasión en que el barranco llevaba agua.


Yendo por el camino del agua, paralelo al Júcar, el carril pasa por encima de esto, la parte final del arroyo del Bco. de la Fuenlabrá. Siiiii, lleva agua. Aquí dejo el coche.


Una cosa curiosa que me gusta. Las 3 semanas de lluvias del tren de borrascas más el frío serrano han hecho que estos pinares de pino laricio, cerca de la capital, se hayan liberado de los bolsones de procesionaria. La coincidencia de estas condiciones ambientales no le suele gustar a la oruga.


             Senda, arroyo y pinar abierto. Todo muy fácil en esta parte final del cauce.

Tras un rato andando, ya aparece el primer tramo angosto y la senda apartarse para salvarlo.


                                          Hay que ir con cuidado hasta para tomar una foto cerca, ya que, hoy, la roca rezuma humedad.

                                       No está nada mal el agua que lleva el arroyo.


                                                                                                  Mejor con agua, ¿no?


                                                            Y también sin este tipo lleno de colorinchis, pero bueno, hoy toca verme.


                Después del tramo angosto, la senda va directamente al primer vadeo.


Se sopesan las alternativas y tiro esas dos pedruscos que veis en medio para que me ayuden a saltar la parte final del ancho del arroyo. Aquí ya me estoy diciendo que como haya muchos vadeos esto no va a ser un simple paseo.


Paso al otro lado, pero veo que la senda baja al momento y va por el cauce rocoso, hoy imposible de ir por ahí.


                                 Me toca trochear por esta ladera a ver donde me lleva.


                   Me lo estaba temiendo. Un corte rocoso insalvable en esta parte.

Hacia el arroyo no se puede bajar. Se ve como la senda sale del cauce rocoso y continua por la ribera.


     Me toca tirar para arriba hasta encontrar un punto que cede el corte y poder bajar al fondo.


Ya estoy abajo otra vez, dispuesto a seguir la senda por lo que es un tramo amable después de pasar el escollo del primer vadeo y el corte.

Alguien me dejó un regalo, pero, a no ser que esté en perfectas condiciones, ya no me las llevo.


                                                              Que bonitos estos tramos de pinar con el arroyo corriendo.


                                                La senda coge algo de altura para ver mejor el pinar prosperar dentro del barranco.


Al echar un vistazo atrás, se ve que la Fuenlabrá no es un barranquín amable y fácil. De ahí, posiblemente, su desconocimiento. Por lo pronto, salir del barranco por ahí lo veo imposible.


La ladera de la senda se vuelve a poner muy vertical y la senda vadea, debiendo hacerlo en esas dos piedras tapadas justo donde se hace la cascada. Lo paso sin dificultad.


Sigo yendo por la senda, aunque veo muchas rocas grandes y las laderas cogiendo inclinación.


                Y llega el tercer vadeo y decido hacerlo a la vuelta de la roca de la derecha.


Este tercer vadeo lo pasé sin problema, pero al cruzar al otro lado se ve que aparté con el brazo y la mano un arbusto de majuelo y me pego un desprevenido latigazo en la cara, más concretamente en el ojo. Al instante me asusté mucho por miedo a que la rama hubiera impactado en la pupila. Tenía todo el alrededor dolorido del latigazo, pero nada más. Sabía que, de haberme dado en el ojo, me dolería y escocería de manera brutal. Y aquí es cuando llega el susto más gordo, pues me tocaba esa parte de la cara y en ese momento tenía la mano con sangre. 

¡No me jodas, no me jodas, Antonio! 

Me vino en ese momento a la cabeza una vez hace muchos años dentro de agreste Hoz del Solán de Cabras, solo y sin cobertura (aún no existían las aplicaciones tipo wikiloc, IGN o GPS en el móvil) en que una rama seca me rasgo justo debajo del ojo, dejándome una herida sangrante, y dándole gracias al Dios que haga falta por no haber sido un centímetro más arriba. Desde allí abajo donde estaba hasta el coche podría tardar varias horas de cuesta y lucha con la vegetación. Ir con el ojo así habría sido terrible. Y luego conduce hasta un pueblo que tengas cobertura. Uffff, mejor no recordar. Los gajes del oficio.

 Rápidamente saco el móvil y me hago una foto, comprobando que el ojo está bien y la cara un poco enrojecida del golpetazo. Entonces descubro que, al apartar el majuelo con el brazo, me pinché en la mano y esa sangre venía de ahí, pero con la historia del ojo no había sido consciente del pinchazo en la mano.

¡Copón, copín y copote! Después de ver el tramo de pocetas al que estoy a punto de llegar, voy a ir pensando en volverme, que ya he agotado mi ración diaria de suerte. Mi plan inicial, antes de saber lo penoso que fue progresar por el barranco, era volver por él, pero sabía que arriba del todo, en el lado izquierdo, iba un pedregoso carril que me haría volver de manera cómoda. Solo había que mirar en el mapa por donde salir del recóndito barranco de manera buena, sin trepadas o zonas rocosas ni avances por densas masas arbustivas. 


                                                                    El susto al tocarme la cara y ver la mano así fue gordo.


       Luego paso por un tramo de bosquecillo húmedo que con hoja debe estar muy bonito.


Llevo 3 vadeos del arroyo, el último me ha dejado con bastante susto en el cuerpo. Llevo gastado más tiempo del que pensaba y aún no he visto la parte más chula del barranco.


                            Como las laderas se abren ahora un poco, aprieto el paso.


                                           Viendo tramos bonitos del royo como este que va bajando en sucesivas cascadas escalonadas.


Hasta que por fin llego al principio del tramo que quería ver y que recordaba de la vez que vine anteriormente. Ahora dejaré el agua e iré cogiendo altura por este lado derecho.


                                                El tramo que empieza ahora del barranco es completamente distinto al que hemos recorrido hasta ahora. 


       Esa cascada de abajo es la que iba buscando. Por este lado, solo hay un sitio para bajar.

                                          Ahí la tienen desde la parte alta donde estoy.


                                                   Esta es la única bajada que hay.

Os habréis dado cuenta que esta sección del bco. es muy de erosión caliza kárstica y os pondré varias fotos.


                                                                                           Veo que forma una poceta.

Un rincón muy chulo.

Veo imposible pasarme al otro lado para coger fotos desde esa perspectiva.


                                 Os la puedo poner de la vez que vine con el arroyo seco.

                      
                                          Pero mejor con agua. Si os fijáis bien al fondo.....

                       
             Se aprecia una 1ª cascada, creándose entre medias un anfiteatro rocoso inaccesible.


 
                          Para eso hay que venir sin agua y entrar por este primer estrecho.


             Y comprobar qué sitio tan chulo que, cuando vine, me dije de visitarlo con agua.

                     
Aun siendo un barranco seco, el agua deja su impronta al poco que llueva. Eso sí no correrá muchos días.


Lo que os voy a enseñar en varias fotos es todo este tramo, a ambos lado, aprovechando que puedo transitar por ahí sin inconveniente.


Lo digo porque estamos en la extensa muela serrana donde se encuentra la célebre Ciudad Encantada y ....


                                            Todo el monte por aquí es buena prueba de ello.


Cuando cojo algo de altura desde el otro lado me doy cuenta de lo bonito de este barranco tormagal de la Fuenlabrá, discurriendo entre frailes, mogotes y demás rocas erosionadas.


       El otro lado del barranco tiene muchos pasillos callejones que van a acabar en el cauce.


                                         Como me gusta perderme entre estas rocas 


                                                    Y buscar huecos, ventanas y arcos.



                               Vuelvo a la húmeda ruta actual con la típica erosión conquense


Sigo remontando el arroyo y veo esta sección que el discurrir del agua partió en dos esta primigenia losa.


                       
               Me asomo a la punta para ver otra cascadita que sale de otra abertura en la roca.


                 
                                   Bajo a ras del agua para verla discurrir entre calizas.  


                      
                                    Aparece tímidamente el sol que da otra luz sobre el agua.


                     
Podría seguir remontando el arroyo y disfrutando de los mil rincones rocoso fluviales que habrá, pero decido salirme en este punto, ya que llevo un rato buscando una manera de salir de la Fuenlabrá por la ladera en busca de ese carril que va por lo alto.



Y es que llevo un rato viendo diferentes tramos de muro paralelos al barranco. Eso no es el resto de una tiná de ovejas...

                    
                Sino los muros que apuntalan una vieja senda que no conocía de la anterior vez.

               El incipiente sol me va calentando, pues el frío y la humedad me hacían mella.

¿Qué pasa con la senda? Pues que veo que baja barranco abajo y seguramente es la que llevaba a principio de la ruta que va por el cauce, vadeándolo. Yo lo que quiero es dejar ya de una vez el barranco y la senda.

   Y con la ayuda del mapa elijo por dónde subir, evitando en lo posible muchas masa boscosa.


                     Despacito y clavando bien los palos, voy consiguiendo salir del barranco.

         Desde aquí se me abren otras secciones de la Fuenlabrá, barranco arriba, muy chulas.

Como esa donde esta especie de canal natural a pie de los cantiles continua durante muchos cientos de metros.


Llegando por fin al carril salvador. Ahora trata de cogerlo hacia abajo, hacia la vega del Júcar.

Mas abajo, me asomo a este borde, donde tendríamos en primer lugar, un bco. subsidiario, el de la Cueva del Agua, luego el Cambrón, el Océñigo y el de Sta. María. Lo que se intuye al fondo más ancho sería el valle del Júcar.

           Hablando del Cambrón ahí asoma su lateral izquierdo, el que lo separa del Océñigo.

Con sus espectaculares cantiles rocosos, donde en esos últimos hubo un pequeño asentamiento celtíbero, con el resto más evidente en la última peña de la derecha, la Peña del Aljibe.


Lo último que os enseño desde  aquí es el pueblo de Villalba de la Sierra, donde esos pinares siempre han sido otro buen granero de hongos para los de la capital y alrededores.


Hay que ser justos y despedirse con el gran Júcar ese día al cruzarlo para volver a Cuenca, que iba desmadrado en todo su cauce. Estos días borrascosos de Febrero de 2026 llegó a superar los 300 m3/s., estando el agua sobrepasando la presa del embalse de la Toba durante varios días.
 


Pero con esta edición especial Barranco de la Fuenlabrá va de regalo un bonus track, un apéndice para los más fervorosos melómanos de los barrancos recónditos, las trochas y los rincones ocultos. En este caso, en la parte alta del Barranco está la bella y desconocida Cueva de la Fuenlabrá. Os dejo unas fotos de ella.
Y por si alguien está pensando que le diga donde está la ubicación exacta de la misma, aprovecho para comentaros que quien me la enseñó, me pidió que no dijera su posición. 


Como ven, la boca de entrada no es muy grande, habiendo que agacharse un poco para entrar. Asunto que hace que encontrarla no es nada fácil.


   No es excesivamente grande, pero sí lo suficiente para disfrutar de varias secciones, como esta pequeña galería llena de estalacmitas a modo de huevos.


Alguno tan curioso como esta estalacmita, naciendo encima de otra estalacmita que debió partirse milenios atrás, debido a algún seísmo. Es mi hipótesis.




                                                        !Hasta la próxima!

Comentarios

  1. Yo estuve el año pasado buscándola dos meses y no cesare en mi empeño hasta encontrarla.

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