Vamos con una ruta de finales de este diciembre pasado por la ciudad de Cuenca que hace ya
tiempo que no cuelgo ninguna. En este caso, aunque veáis algún tramo conocido,
la mayor parte de la misma irá por unas sendas y caminos que no he enseñado
todavía en el blog.
La navidad con sus eventos y compromisos variados, con las amistades de
fuera, algunas de ellas que llevas sin ver mucho tiempo, hace que no nos escapemos a la sierra o allende los límites provinciales tanto como nos gustaría, En cambio, rutas de
mañana, de dos o tres horas siempre intento hacer y el entorno de Cuenca
es propicio para ello. El frío conquense, lejos de amilanarme, me motiva e impulsa a ponerme abrigo y salir al monte a disfrutarlo.
En esta entrada vais a ver una ruta que consta de subir solo a un cerro, el de San Cristóbal o
de las Antenas. Desde allí arriba, en vez de bajar otra vez a la ciudad nos
meteremos más en la sierra para ir en busca del Arroyo Bonilla. Este arroyo en
su barranco es el más cercano a Cuenca donde podemos ver un paisaje más de
sierra. Lo he enseñado varias veces, pero viniendo desde las Antenas no. Luego
la vuelta la haremos por la ribera del Júcar, siempre bello sea la época que
sea. ¡Preparen abrigo!
La verdad que se agradece en una ciudad como Cuenca que la
proliferación de corredores, senderistas y ciclistas hagan sendas y se mantengan
más, con las diversas Hoces como escenarios. Todo ello hace que haya una oferta
senderista y ciclista muy atractiva. Que bien vendría que fuera igual por la Serranía donde las sendas y caminos están siendo comidas por
la vegetación y el olvido. Las cosas de la despoblación.Con las motos ya no estoy de acuerdo. También marcan mucho la senda, pero la mayoría de las veces, y
más con agua, la suelen destrozar. Eso si van por la senda, porque si van monte
a través peor. Luego, además, el ruido que generan no es muy agradable de
escuchar, ni para mí ni para la fauna del lugar. Me imagino que, si por un casual, estás leyendo esto y
eres de los de las motos de cross por el monte, pues no te gustará.
En cuanto a la ruta, todo empezó el día de antes, cuando una borrasca breve, a la postre brevísima, de esas que son cada vez más usuales, llegó a la ciudad. Desde mi trabajo pude observar cómo caía la nieve. Durante momentos me vine arriba, pensando que iba a durar más tiempo e íbamos a disfrutar de un corto pero buen nevazo que, como ya he enseñado otras veces, engalana y sublima el bello paisaje de Cuenca ciudad y sus Hoces. Todo se quedó en agua de borrajas como otras muchas veces. Por lo menos, el frío haría que esa ligera enfarinada, esos dos centímetrillos de nieve duraran hasta el día siguiente, sábado, para salir a andar y mostraros estas fotos de mi rutilla paseo antes de meterme en la vorágine navideña de amigos y cervezas.
Sin más preámbulos, salgamos de ruta por la vieja Qunka, por estas sendas Patrimonio de la Humanidad, por las que hemos crecido.
El gran abeto que veo desde mi ventana se empieza a pintar de blanco.
Por momentos, se pone a nevar con una fuerza inusitada.
Y durante un instante pienso que va a seguir nevando y la ciudad se va a poner de esta guisa.
Salgo a tomar un café, pasando por el cartel que han puesto en la fresca calle de mi curro. Me gusta eso de que, en vez del Copón del Escudo de Cuenca, alguien ha plantado una Morchella. La frase típica de aquí de ¡Mecagüen el Copón! la cambiaríamos por ¡Mecagüen la Colmenilla!
Camino al café me asomo al Puente de San Antón para ver esta icónica vista de Cuenca y el Júcar.
En los altos de la ciudad se aprecia poca visibilidad con la ventisca azotando de lo lindo.Acabada la jornada, antes de volverme a casa, con la nevada ya terminada hace rato, veo que los cerros se han quedado con ese toque blanco. No es gran cosa, pero algo hay. Ganas de que llegue mañana para salir a andar.
Al día siguiente, ya estoy puesto en marcha bien prontito, recibiéndome un cielo azul estupendo.
La nieve va apareciendo según dejó la ciudad bajo uno de sus emblemas arquitectónicos.
Casi se siente lo gélida que es la mañana en el Puente de San Pablo.Comienzo a subir al Cerro de San Cristóbal dejando atrás la ciudad en la Hoz del río Huécar.
Hay un cuento sin contar y otro que se termina. Soñaremos la verdad, creeremos que es la vida. Cuando un cielo se oscurece, otro se ilumina. Solo cuando sale el sol, se ve la luna que agoniza. (091)
Como digo siempre que os enseño mi ciudad. Si no han estado todavía, no sé a qué diablos esperan, jejeje.
La mañana lleva ya un buen rato transcurrida, pero el hielazo en los coches aún sigue. Lo bueno, que a 13 de abril, 4 meses después, aún sigue amaneciendo con heladas en los coches. Ese frío -rasca como decimos aquí- sirve de escudo para muchas cosas malas que están por ahí pululando bien fuertes y amenazantes por la altas temperaturas de otros lares.
Llegando a las antenas me esperaba más nieve, pero se ve que el viento barrió el frontal de la montaña.
Cuando llego arriba, me asomo a la Hoz del Húecar que se ve bonita toda manchada de blanco.
Dejo Cuenca y las antenas detrás mío y me meto más adentro.
Vienen ráfagas de aire que levanta la nieve creando remolinos.
El carril está en perfectas condiciones para la actividad senderista.Tras un rato, comienza a bajar paulatinamente mientras a lo lejos vemos ya las extensiones de pinares de la sierra.
El sol de invierno, sin aire alguno, a parte de calentar con un placer especial, otorga una luz muy grata.
Un humilde espectáculo ver la nieve algo petrificada en los jóvenes enebros.
Ahora el carril se baja pronunciadamente, indicador que son las laderas del Arroyo Bonilla en su parte más accesible.
Dentro del cauce de lo que sería el barranco........
los pinos están de cuento. Mi abrigo muestra claramente lo fresco de la mañana.
Cruzo el cauce seco del Arroyo Bonilla. Hasta la llegada de las borrascas de principios de febrero el tiempo en Cuenca estaba siendo extremadamente seco.
Ahora subo la ladera del otro lado del bco. por una senda bien marcada.
Vistazo atrás para ver el bco. del Arroyo Bonilla que he cruzado.
Gracias a esta senda de corredores/bicis que atraviesa el pinar iré empezando a dar la vuelta.
Además, como va todo el rato cerca del bco. puedo ir viendo sus blancos recovecos.
Deleitándome con las fotos. Esto al día siguiente ya no se podrá ver.
La senda me lleva a aquel montículo, donde veo que la nieve ya está muy desaparecida.
Desde el montículo tengo ya la visión de la parte final del Arroyo Bonilla.
Os lo acerco. Lo que vendría, al fondo, de derecha a izquierda sería el Valle del río Júcar.
Un foto de hace años de ese final del Arroyo Bonilla con tramos tan chulos como este, completamente encajado en plan cañón rocoso.
La senda nos lleva a la carretera que nos vuelve a Cuenca.
Y que va paralela al Júcar. Por aquí van dos carreteras: al otro lado del río la nacional por donde van los coches, y esta por la que vamos a volver que suele ser usada por paseantes.
Por esa carretera podemos tomar algún tramo de tierra que pasa por sitios chulos. Paso por una de las fuentes célebres, a orillas del río.
Y el camino pasa por diversas zonas de escaladas tan apreciadas por el colectivo.
Y vean la sorpresa que me esperaba antes de llegar a la ciudad. Maru vino en mi búsqueda.
La vegetación de debajo del Barrio de San Miguel está en modo invierno total.
Ya que en modo primavera toma otro cariz.
Con la pasarela de madera que pasa literalmente pegado a la roca y encima del agua del río nos vamos acercando al final.
Tras dejar el Júcar, giramos y nos ponemos paralelos al río Huécar, para remontarlo por ese túnel de la derecha.
La obra más reciente que se ha hecho para poder ir todo el rato pegado al río. Antes había que salir a la calle que va más arriba y luego volver a bajar a orillas del Huécar.
Por desgracia, el Huécar atraviesa una zona que se utiliza de botellón entre los jóvenes.
A ver, aquí el escribiente ha hecho botellón como uno más de esta chavalería en sus tiempos mozos. En Cuenca antes de aparecer esta palabra, decíamos que nos íbamos de Chusma. El Ayuntamiento ha sacado una ordenanza que prohibe y penaliza beber en la calle de botellón, pero se junta tanta cantidad de chavales, gran parte irresponsable y con una educación que deja bastante que desear, que la policía no tiene efectivos suficientes para controlar eso.
Lo que yo quiero decir que hay unos contenedores para dejar las botellas vacías. Que si no lo quieres utilizar porque eres un guarro, pues dejarlo allí que ya lo recogerán los servicios de limpieza, pero ¡coño! lo de tirar adrede botellas de ginebra vacías, de fanta, vasos de plástico y latas de cerveza al agua del río y las riberas a las que es muy difícil acceder me parece de despreciable energúmeno/a malvado/a. La mala educación se queda corta (realmente esto no habla muy bien de esos padres) y se convierte uno en un hijueputa, dicho a la manera colombiana.
Hablaba de amigos, pero realmente ese día nos fuimos a comer con la familia. Chelo y Nacho nos esperaban para tomarnos unos vermús (no todo en esta vida va a ser cerveza, pero sí casi todo) y comer juntos.
¡Hasta la próxima!
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