DEL ALBERGUE DE TEJADILLOS AL RINCÓN DE CAVERO PASANDO POR CORRAL RUBIO Y ACABANDO EN LAGUNILLOS.
Por la sierra de Cuenca hay unos cuantos ejemplos de viejas casas forestales, de esas que a mediados del siglo XX vivía el ingeniero forestal generalmente con su familia. Con el tiempo fueron pasando a otros usos y casi todas fueron cayendo en el olvido y la ruina. Pero algunas se mantuvieron como refugios y se salvaron. Este es el ejemplo de Albergue de Tejadillos (nada que ver con el bello pueblo de Tejadillos, mas al este lindando con Zafrilla). La concesión del uso del albergue está otorgada a una empresa privada que lo gestiona. Desde grupos escolares, talleres didácticos, asociaciones de Yoga, culturales, de educación ambiental hasta grupos privados suelen pasar por sus instalaciones.
Antes de eso, durante las últimas décadas del siglo XX fue un refugio libre de los de poder ir a pernoctar y encender la chimenea. En Cuenca capital aún quedamos mucha gente que recordamos como mágica y espléndida aquella época en que la zona que se formaba entre el paraje del Cerviñuelo con la Fuente de la Tía Perra, el Merendero de Lagunillos, el Refugio de Tejadillos y el área recreativa del Alto de la Vega era el kilómetro 0 de nuestras salidas al monte. Los niños/jóvenes que éramos por aquel entonces disfrutábamos increíblemente, quedándose indeleble en nuestras memorias.
Sí es cierto que teníamos el bello Júcar mucho más cercano, pero las jades, frías, cristalinas y serranas aguas del rio Escabas fueron, al menos en mi caso, el gran pasillo de entrada a mi desmesurado amor por la naturaleza y por los baños, además, teniendo un padre pescador de estas aguas, como fue el mío. Después en el Albergue de Tejadillos sucedió un incendio que lo tuvo muchos años abandonado hasta que, desde las Instituciones Públicas, se decidió reconstruirlo.
Pero yo voy a tirar de imaginación y vamos a remontarnos más
atrás, a esas décadas de los años 70, 60 y 50 del pasado siglo. Voy a intentar recrear,
seguro que con menos acierto que lo que aquello fue, los tiempos en que la Casa
de Tejadillos era una Casa Forestal y digo una solo, porque existía por aquel
entonces una red de casas forestales repartidas por toda esa comarca. La Casa forestal del Cerviñuelo,
la Casa forestal del Hosquillo, la Casa de la
Hortizuela o la Casa de las Vaquerizas.
Como ven en unos pocos km a la redonda existían una nada desdeñable red de casas que se complementaban con pequeños rentos, caseríos, molinos y pequeños pueblos diseminados, como la Muela de Marojales, con el Rincón de Cavero, uno de sus exiguos barrios, dónde llegaremos hoy. Siendo Poyatos y la Vega del Codorno los pueblos más cercanos – y a la vez algo alejados-, casi toda esa zona que menciono es parte del término de Cuenca capital.
Eran esos tiempos, década de 1970, en que un joven pescador de unos 35 años de la capital subía a por las salvajes truchas del río Escabas y hacía amistad con Marino, pescador, entre otras cosas, y uno de esos guardas forestales que menciono. Y a finales de esa década y principios de la siguiente, la de los 80, este pescador subía a su familia a disfrutar de estos merenderos y refugios, estando el aquí escribiente muy agradecido por todos esos años en que mi padre y mi madre nos metían la naturaleza, sea truchas, baños, hongos, plantas, barbacoas, rutas, arboles, barrancos, montañas, etc….. por todos los sentidos. Como comento en el libro de Senderos de Agua de la Serranía de Cuenca que edité hace años: agradecido por inocularme el dulce veneno de la naturaleza y la Serranía.
Maru y yo, tras dormir en la furgoneta, llegamos con las primeras luces del alba debajo del Albergue de Tejadillos, allí donde el Monumento a la madera del artista recién fallecido a los 100 años, Gustavo Torner.
Como digo antes, cuando estoy en la sierra, ejercitar la
imaginación me gusta hacerlo mucho. No solo es con motivo de esta entrada, sino
que me gusta imaginar cómo eran los parajes cuando no había asfalto, es decir,
no existían las carreteras. Todo era caminos de tierra, de herradura, empedrados,
veredas, azagadores, sendas, trochas, incluso antes de dinamitar estrechos
rocosos para conseguir atajos. Me apasiona la humilde ingeniería de caminos
desenvolviéndose, con más o menos éxito, en una sierra montañosa, sea aquí, allí o allá.
Por ejemplo, este Albergue de Tejadillos era punto
neurálgico donde confluían varios caminos. Abajo, justo en el río Escabas, quedan los
pilares de un viejo puente desaparecido donde nacía el camino que te subía a la
Casa del Cerviñuelo y de allí hasta las Majadas (pienso que esta senda/camino fue
el camino auténtico, el del Medievo, antes que se hiciera, hace muchos años, la
carretera que viene de Las Majadas, dinamitando su final, donde el Arroyo
Obriguillo se estrecha de pura roca viva). El deterioro y destrucción del
puente y el fuerte caudal del río han abocado a que este vetusto camino no se
utilice y vaya desapareciendo y solo lo conozcamos 4 gatos.
Del propio Albergue salen tres caminos, el Camino viejo de
Valquemado que sube al Alto de la Vega del Codorno (por donde hoy va la
carretera) y que ya enseñé hace tiempo. Y de detrás del Albergue exactamente
sale otro camino que se bifurca en dos: uno sube hacia el Rincón de Cavero en
la Muela de Marojales y hacia Poyatos (por donde hoy va un penoso carril) y
otro tieso camino que sube hacia Corral Rubio y transita por dentro del feroz
Bco. del Vasillo, camino de la Vega del Codorno o la Majada del tío Idelfonso,
entre otros destinos.
En concreto, estos dos últimos caminos son los que vertebran
la ruta que vais a ver. Subiremos por el camino de Corral Rubio y bajaremos por el camino que viene del Rincón de Cavero, todo con principio y final
en el aparcamiento a pie del río.
Tenemos que salir del valle del río Escabas apretándonos 500 metros de desnivel arriba, la cuesta que tendrá la ruta de hoy.
Una vez encontrada, tira para arriba...
El borde real por donde caería el agua a Corral Rubio es ahí donde se quiere asomar este osado señor, en aquella ocasión.
Desde Corral Rubio sacamos conexión directa con el Albergue de Tejadillos, al fondo del todo.
Llegamos a un primer estrecho que sé yo, de la anterior vez, que se puede pasar.
He visto en el mapa que después de este estrecho ya se puede intentar salir del Bco. por su ladera de la izquierda.

Vamos a los bordes de un valle que se atisba abajo.
Ahí abajo se nos muestra el Rincón de Cavero, una de los rincones del alargado valle de Huerta de Marojales, que sufrió también los efectos del fuego.
El lapiaz se nos muestra desnudo, pero, a la vez, bello. Quiero enseñarle a Maru un cosita que hay allí delante, pero lo dejaré para otra ocasión, ya que tenemos que volvernos.Las florecillas del lapiaz comienzan a prosperar.
Este árbol en los 15 años que han pasado también ha conseguido crecer y aguantar.
Cosas extrañas que quedan muy mal en el monte.
Que se hace muy ameno viendo el otro lado del valle del río Escabas entre los diferentes barrancos tributarios que entran en su valle.
Metros finales antes de llegar a la furgoneta.
La fuente más reconocible de Lagunillos.

















































Hola saludos cordiales. Con está nueva entrada me habéis hecho recordar mis viejos tiempos. Quero daros las gracias Toni y Maru, todos los parajes qie describes los conozco muy bien, el monumento de la madera, tengo cantidad de fotos de mi mujer en ese lugar, en el obriguillo ha recoger fresas silvestres pequeñitas que ricas. De el albergue de Tejadillos, que yo hablo entonces casa forestal, partía un camino bastante directo ha cavero, en muy buen estado, porque lo usábamos con mucha frecuencia las gentes de la Huerta de Marojales, y en particular los de canales y cavero, sobre todo, decir que entonces los matrimonios tenian muchos hijos, y poco para comer, jajaja, me estoy refiriendo a los años 60/70 que ya ha llovido, volvamos al rio, en esa época lo visitábamos con cierta frecuencia, basicamente a pescar cangrejos autóctonos que entonces había muchísimos, y si alguna trucha un poco dormida se dejaba atrapar pues también, digo bien dormida pues nuestras visitas siempre eran de noche, cuando habia luna llena, supongo que estarás pensando, y estas en lo cierto que heramos furtivos, no estaba el poder adquisitivo para pagar el permiso correspondiente, pasábamos la noche pescando y antes de amanecer con lo pescado, normalmente siempre se daba bien, era la hora de regresar a cavero, siempre llegábamos cuando empezaba ha amanecer, con toda la ropa mojada y muy fresquitos, pues el agua siempre estaba fría aunque fuera verano, pero muy contentos, pues teníamos algo para darle alegría al estomago, siempre necesitado por escasez de alimentos básicos. Pasados unos años, ya en Barcelona mi vida cambio totalmente, como mis raíces siguen estando en la Huerta de Marojales, no he perdido el contacto con las gentes de la Huerta, ya con mucha mas facilidad para desplazar con coche, siempre he visitado mis lugares de infancia y adolescencia, y conociendo personas nuevas, entre ellos a Marino que tu mencionas, con las conversaciones que teníamos y que yo le explicaba nuestras aventuras de los cangrejos, los hartones de reír, y de cervezas que nos dimos, para celebrar aquellas aventuras, también recuerdo en este momento un guarda de rio de Poyatos llamado Felipe, no se si te suena, el tio mas cachondo y a la vez furtivo, nos tomábamos unas cervezas, y me decía donde había mas truchas y cangrejos, y me decia puedes ir tranquilo que yo no te veré jajaja, todo esto ya cundo ya no necesitaba hacer de furtivo, que tiempos aquellos, ha nuestra manera felices, no teníamos nada, solo juventud y ganas de superación. Que rollazo te he metido con mis aventuras, mil perdones. De la entrada solo te digo que he disfrutado muchísimo, porque conozco muy bien toda la zona, repito muchísimas gracias. un saludo muy cordial y si me lo permites un abrazo muy fuerte. Félix
ResponderEliminarHola Félix.
EliminarRollazo dices? Que va!! Tu comentario le viene a la crónica de perlas, pues hablas, como buen autóctono de la Huerta de Marojales, de todo lo que comento yo,.....eso caminos, las truchas y cangrejos, aquellos lejanos y duro tiempos, el hambre, la escasez de alimentos, de Marino, etc, etc.
Muchas gracias a ti por este comentario, de verdad que lo he leído con muchísima atención.
Un abrazo y viva la Huerta de Marojales.
Hola Toni.
ResponderEliminarUna nueva entrada que reúne buena parte del ADN Magia Serrana... Habiendo escuchado y leído, tanto en este blog como de tu boca, tantas historias relacionadas con tu juventud serrana, ya fuese recogiendo hongos, pescando, siendo caminante, o de acampedo (me encanta siempre que utilizáis ese palabro), entiendo a la perfección la importancia que tienen todos esos albergues y casas forestales para la gente que os habéis criado en la sierra. Creo recordar que ya hiciste una entrada dedicada expresamente a ellos, pero no está de más recordarlos de tanto en tanto.
Volviendo a lo del ADN... Ahí están esos senderos ancestrales, que tiran tiesos montaña arriba, o esas trochas "embojcadas" jajaja, que son la puerta a espectaculares etrechos, a miradores, en los que divisar amplios valles o a excelsos lapiaces (qué putada siempre los incendios).
Qué guapa esa foto de las cabras. Me suena haberla visto ya varias vece en el blog, pero bueno, es una foto, repito, guapísima, y por lo tanto, un clásico de MS, como ya están empezando a convertirse en clásicas esas fotos de vuestras exquisitas comilonas en la Gina jejeje.
Un abrazo.
Hola Dani.
EliminarHacía tiempo que no hablaba de mi pasado serrano haciendo mención a mi padre y las cositas de Magia Serrana. Ahí le has dado...a esa generación de gente nacida en los 60/70, incluso 80 la red de refugios pastoriles/forestales nos marcó mucho, igual que el Acampedo en mi peña de amigos, jajajaja.
Para palabro nuevo el tuyo, trochas embojcadas, esa es buena!
Y sí, bueno, ya sabes que desde que entró Gina en nuestra vida y cambie el título del blog, ahora mi visión senderista y montañera blogger va a ser dándole protagonismo a todo lo que se haga en y desde la Camper, sea gastronomía, turismo y cualquier manifestación de ocio con ella.
Un abrazo.
Hola Toni, un saludo.
ResponderEliminarProponéis una zona con una biodiversidad bastante envidiable. Además, esos cortados verticales le dan un ambiente muy interesante en el que vas tomando distintas perspectivas y no se hace nada monótono el recorrido. La fecha estuvo muy bien escogida, además, y esa caminata, seguida de un descanso en la furgoneta, es de envidiar, la verdad.
Muchas gracias por enseñar esos rincones tan verdes.
Hola Fran.
EliminarLas rutas por valles fluviales me gustan mucho, pues esa humedad hace que el bosque y la vegetación brille por su presencia y si le sumas estos barrancos algo hoscos e incómodos, pero con ese toque salvaje que tanto me gusta.
No sé si por tus sierras se aplica el adjetivo rubio/a a paredes rocosas que tienen un color mas claro y/o suelen darle el sol haciendo como que brille más. Por aquí hay mucha Peña Rubia, etc..
Un abrazo.