EL BALCÓN DE PINETA Y EL IBÓN DE MARBORÉ (POR FIN)

 

A la 3ª llega la vencida. Está máxima tan conocida viene al dedillo para contaros la historia de la montañera ruta que os voy a enseñar. Hace ya muchos años, cuando le iba metiendo poco a poco el gusanillo del senderismo a Maru y en los veranos comenzábamos a subir a los Pirineos, espoleados también por la reciente amistad que habíamos hecho con Dani, y con nuestros incipientes blogs de senderismo de por medio, decidimos dar un salto y apuntarnos a una empresa de más enjundia.

Maru y yo nos apuntamos a hacer una travesía pirenaica entre refugios llamada la Alta Ruta de los Perdidos de 6 días de duración. Visto en retrospectiva hay que reconocer que nos vinimos demasiado arriba y no lo pensamos lo suficiente. Maru no estaba preparada para rutas tan largas y tantos días. Debiéramos haber empezado por una de 2 o 3 días solamente. Aunque lo que hizo que de las 6 etapas solo completáramos 2 no fue la dureza de las mismas, que la tenía, sino el mal tiempo que hizo en la 2ª etapa y el que se preveía para la 3ª etapa, que hizo que Maru lo pasara realmente mal y yo también, viendo lo insegura que la notaba. De persona sabia por mi parte, sin que me valga de precedente, fue el no insistirle en que continuáramos con la travesía.

Aquella 3º etapa, que ya no tomamos, salía de Refugio del Valle de Pineta, subía al Ibón de Marboré, cruzando la brecha de Tucarroya, bajaba a Gavarnie e iba hasta el refugio de la Grange de Holle. Todo sea dicho como apunte crítico, una ruta excesivamente larga y dura que los organizadores de la Ruta debieran haberla hecho más corta. Después del ibón de Marbore hay aún dos refugios guardados, el de Tucarroya y el de Esplugettes que podrían haber hecho no tan dura la ruta. Pero bueno es mi punto de vista. En montaña hay gente muy fuerte que se mete estas palizas y más todavía. Hoy en día, Maru y yo, la habríamos hecho sin problemas, pero esto supone que para hacer una travesia de estas hay que estar fuertes y mentalmente preparados, sobre todo con las inclemencias climáticas. Tengan cuidado los que os inicieis en este tipo de travesías con la forma física y mental porque del disfrute al suplicio hay muy poca distancia en la alta montaña.



Nosotros como la tarde noche anterior habíamos decidido renunciar a esta 3ª etapa de la travesía después de lo mal que lo paso Maru en la 2ª, la ruta entre el Refugio de Goriz y el Refugio de Pineta, concretamente en las cadenas de la Faja de las Olas, no la pudimos hacer. La subida al ibón de Marboré con las cascadas del Cinca se nos quedó muy grabado y pendiente.

Tanto que hace dos años, aprovechando otro viaje a los Piris, y antes de quedar con Dani y Esther para hacer rutas, le dije a Maru que fueramos a hacer la ruta desde la pradera de Pineta al ibón de Marboré. Los dos entusiasmados por hacer esa parte de la ruta malograda nos quedamos con las ganas, pues el día amaneció con niebla, y aunque subimos un poco, dándole tiempo a la mañana para ver si despejaba, comprobamos que la niebla no se iba a ir de la parte alta y era una auténtica tontería subir arriba para no ver nada, porque además, la subida es de las que se las trae, 1300 metros de desnivel positivo en unos 7 km solo de subida.

Por lo que, a mí especialmente, se me había metido entre ceja y ceja y esto no podía ser. Por lo que este mismo verano del 2025, aprovechando 15 días de vacaciones pirenaicas, vamos a conseguir subir, ya que podemos elegir el día, claro y sin nubes, para poder por fin ver aquel antiguo circo glaciar que conforman el Monte Perdido y los Astazus, creando la cabecera del espectacular valle de Pineta. Todo ello, con el legendario Ibón de Marboré, un lago virgen y natural donde aún supuraba hielo en mucha de su extensión, dándole un toque salvaje que nuestros extasiados ojos agradecían constantemente.


Unas fotos de aquella travesia que hicimos. Al poco de salir de Goriz y coger altitud, camino de la Faja de las Olas, así es como estaba el panorama.


     Casi mejor no ver lo que hay debajo de la niebla, porque la caida es de las que acojonan.
Lluvia incesante, niebla muy densa y pasos vertiginosos con cadenas......

       Hicieron mella en Maru y la agotaron mentalmente, no dejándola disfrutar esa jornada.

Y esta es la cara de alivio que se le quedó en el Refugio de Pineta cuando decidimos abandonar la travesía de la Ruta Alta de los Perdidos. ¡Cómo entraban esas jarras!!


Bastantes años despues, y tras otra intentona posterior, estamos otra vez en el aparcamiento de Pineta.


      Primero se pasa un oscuro y denso hayedo, que será la única sombra que tengamos hoy.


Tras cruzar el hayedo, la cosa se pone tiesa ya desde el principio en un cerrado helechal.



                      El murallón con las cascadas del río Cinca nos espera otra vez.


         Vamos dejando atrás la vegetación. El día es estupendo, nada nos lo puede fastidiar.


Nos acercamos hacia el centro, por donde corren las aguas, a un nevero que queda residual.


Las cascadas del Cinca crean varios brazos que llegan a la parte baja.


Cuando cogemos un poco de altura, hay que ir mirando a nuestras espaldas.


Maru lo sabe. Miren a la derecha el nevero que vimos antes.


No tenemos prisa ninguna por lo que la subida la hacemos muy slow mountain, haciendo paradas cortas para admirar este paisaje.


La altitud la vamos ganando poco a poco.


La senda por momentos se va acercando a los paredones.

                         
Ahora vamos hacia el centro por donde la senda hace multitud de lazadas para mitigar esta borriquería de pendiente.


                                       Estamos en lo que se conoce como el Embudo.


    Todo senderista que se precie debe conocer el Valle de Pineta al menos una vez en la vida.


                                          Algún falso llano hay donde recuperar fuerzas.


                  
                                      El agua va sublimando toda esta dura subida.


    Podemos ver que ya nos falta menos para salvar este tremendo escalón que es el embudo.


Asoma esa vertiente izquierda del valle con montañas como el Chinipro y 3000 como la Robiñera y la Munia.


Da gusto ver en estos últimos tiempos cómo Maru y yo subimos tan bién estos fuertes desniveles.


     Tememos más la brusca bajada a la vuelta que subir, sobre todo por las rodillas de Maru.


                       Yo a lo mío, intentado hacerme, con mi torpeza habitual, un selfie.


      Ya estamos llegando al final del embudo, apreciándose la tremenda verticalidad de esto.


Dicha verticalidad que hemos subido, vista desde enfrente, de una vez que subimos al Comodoto, un cima de esa vertiente izquierda del valle de Pineta.



                                       Últimos metros para terminar la ascensión.


                                           Así se ven las zetas de la subida por el embudo.


                                                 Por fin estamos en el Balcón de Pineta. 


                            Balcones chulos hay muchos por España, pero como este ninguno.


¡Entremos dentro, Maru! Este es un lugar que me he imaginado tantas veces llegar que voy muy expectante.



              Por lo pronto, nos sale delante nuestro el Cilindro de Marboré (3325 metros)


La aparición de la nieve solo acrecienta la magia del lugar. A la izquierda del Cilindro, asoma el Monte Perdido.


    Hay que remontar este tremendo nevero mientras me pregunto que dónde estará el ibón.


             Por ahora, el brutal paisaje del Perdido y el Cilindro atrae toda mi atención.


           De pronto, al fondo vemos que varias ramificaciones del nevero van a fundirse.....



                                                                   En el Ibón de Marboré



Para un amante de un fenómeno tan escaso y delicado como son los lagos, sobre todo de los de media y alta montaña, llegar a este mítico ibón es un deseo largamente anhelado. Desde que comenzo mí pasión a la par que el uso de razón, iniciada en los lagos kársticos de la Serranía de Cuenca y el Alto Tajo, hasta acabar yendo a otros conjuntos lacustres como pueden ser los pirenaicos, cantábricos o los de Nueva Zelanda, por poner unos ejemplos, he conocido unos cuantos y aunque, en los Pirineos mismamente, me faltan cientos por conocer, el de Marboré era un objetivo primordial de mi lista.

Y no me defraudo para nada. Encontrarlo así, con esos tempanos de hielo flotando todavía, siendo ya verano, el intenso color azul, el entorno brutal de tres miles que lo rodea, sin masificación ni actividad humana. Maru y yo no vimos a nadie en el largo rato que estuvimos por el lago. Esos 1300 metros de subida constante y tiesa es el mejor antídoto contra la masificación que sufren desde hace tiempo los ibones pirenaicos.

Así es, en momentos oscuros de agobio personal, que me gusta dejar volar la mente y evadirme, este es uno de los lugares a los que viajo, a los me voy a resguardarme de los sinsabores de la vida y soñar que ando por su riberas y meto la mano en sus gélidas aguas.


                                    Dicho esto, os dejo con varias estampas lacustres.


                  


                       Atentos a esa brecha que se ve en mitad de la cordillera montañosa.



                  Asoma lo que parece una pequeña construcción, por raro que parezca.



                    
               A la que se subiría, por raro que parezca también, por esa canal pedrera del medio.


                    
El, no menos mítico, Refugio de Tucarroya, puesto justo en el límite entre España y Francia.


                        La alegría y felicidad por ese lugar y ese momento es compartida.



       Otra vista del Perdido a la izquierda y el Cilindro en medio. Dos de las tres Sorores.


                           Unos frutos secos en este pequeño vivac que hay detras de Maru.


                        
                                     Curiosidades geologicas naturales que se ven allí arriba.


       Y hacia abajo, que esta ruta no recuerdo bien el tiempo, pero entre 7 y 8 horas se van.


                    
Y si me gustar evadirme con la mente al ibón de Marboré, despues de estar allí, mi estómago me lleva a la Pizzería La Vita de Bielsa, sitio cercano que ya conocíamos de otra vez con Dani y Esther.


Foto de aquella vez bien morado de cervezas. Para disfrutar de su terraza lo que hay que hacer es pedir cervezas a cascoporro y luego ya pides sus fanásticas patatas bravas y pizzas.


Lo digo porque dos años despues cuando fuimos Maru y yo habían reformado el interior haciéndo más grande y Maru yo nos sentamos en la terraza. Ah! me comía las patatas directamente de la pantalla.



Al decir que veníamos a cenar, ademas sin mochilas, duchados y arregladitos, pues nos metieron a su nuevo comedor del fondo, cual parejita romántica. Miren que aspecto tienen las pizzas.


Como ven, el problema es inexistente. Cenamos genial y, tanto dentro como fuera, se estaba de lujo. La Casa de la Montaña de Jaca, la Vita de Bielsa. Con los años y las recomendaciones de Dani vamos haciendo un circuito gastronómico favorito.


¡Hasta la próxima!

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