LA MUELA DEL CORNERO EN EL ALTO TAJO
La irrupción de nuestro nuevo modo de vida furgonetera
Camper ha tenido, a nivel senderista, daños colaterales, es decir, damnificados
por este giro inesperado en nuestras costumbres. Antes de seguir, comentar que, desde que hay Furgoneta Camper, nuestras salidas a
hacer rutas las consideramos vacaciones. Maru y yo eso de vacaciones de turistas muchos días ni lo contemplamos hoy en día. Nuestras vacaciones son mucha
naturaleza, rutas de todo tipo y también turismo por supuesto, pero como aderezo final a lo
anterior, siempre como complemento. Dicho esto, quiero decir que cuando llega
el finde, si toca, cogemos la furgo y nos vamos por todo el territorio
peninsular a conocer cuánto más mejor de sus sierras, ríos, montañas y pueblos, y alguna que otra ciudad. Al
dormir en la Camper, podemos irnos más lejos.
¿Y que os lo que pasa entonces? Pues que hemos dejado de ir algo menos por la Serranía de Cuenca, aunque viviendo en ella, lógicamente seguimos saliendo por sus montes. Las otras dos sierras, las realmente damnificadas, son la Sierra de Albarracín turolense y el Parque Natural del Alto Tajo guadalajareño. La 1ª de ellas algo menos, ya que, en lo más duro de la canícula -julio y agosto que no cogemos vacaciones- la altitud de la comarca Griegos, Guadalaviar, Vega del Tajo, etc (esos 1500/1900 metros), es muy buscada por nosotros con el resultado de irnos con la furgo a sus verdes praderas y frondosos pinares, donde en pleno julio, por la noche en la Camper debemos echarnos la mantita encima. Algo realmente placentero. En cambio, el Alto Tajo ha pasado a ser el sitio que menos frecuento, cuando antaño, me iba para allá con mucha asiduidad, teniéndolo solamente a hora y tres cuartos de Cuenca. Me refiero principalmente a toda la parte en que ambas vertientes del río son Guadalajara, porque la parte que el río es límite provincial con Cuenca, el ATC, una de mis zonas predilectas, suelo visitarla a la mínima que me surja la ocasión.
Por eso, aprovechando un finde de Junio, que Maru tiene una
despedida de soltera, cojo yo la furgo y me voy al Alto Tajo. Siempre me
gustó ir en épocas distintas al verano, porque hay que decir que este es un
parque natural donde el Tajo, sobre todo, y sus afluentes ofrecen unos baños
estupendos y unas grandes pozas que cuesta mucho no caer en el
infllujo de ir a refrescarse en su verde, fría
y limpia agua. El plan de hacer unas rutas por la mañana, y luego, ya bien
acalorado, ir a refrescarse al río con unas cervezas, es realmente
apetecible. Pero tengo que remarcar que
el verano cada vez es más odioso por estos lares.
Llevo subiendo yo solo al Alto Tajo de Guadalajara 20/25 años y, sobre todo, en los veranos he ido viendo como aquello ha ido gradualmente masificándose. Sabemos que la naturaleza gusta a quién de verdad la aprecia, pero si a esa naturaleza le sumas ríos con pozas y baños espectaculares, ya gusta a todo hijo de vecino, además de ciudad, gente urbanita, que si no hubiera esos baños no iría ni de coña a ver otras cosas de este Parque Natural. Y la cosa pinta mal con la mayoría de esta gente. Al empirismo me remito, para que algunos no piensen que ya me he puesto en plan pureta cascarrabias. Piensen que Madrid está a dos horas y media.
Si a esto le sigues
sumando la llegada del brutal y pernicioso efecto de las redes sociales con su propagación influencer/likes, pues esto hay que, por lo menos, vigilarlo y protegerlo. Ya
en el año 2000 nació el Parque Natural en el que participan casi todos los
pueblos de esta extensa comarca, cosa que no suele ser muy usual en otros
Parques naturales que yo conozco.
Busco en el disco duro de mi cabezota y, entre el hipotálamo y el cerebelo, encuentro las gigas del Alto Tajo. Una gran lista de sitios pendientes. Con lo poco que voy a subir ahora, no quiero repetir rutas, por muy chulas que fueran. Unas cuantas quiero conocerlas con Maru, pero debo elegir. Al final me decido con subir el viernes por la tarde noche, dormir por allí y el sábado bajaré al Puente de San Pedro, pasando Zaorejas.
Algunas veces que vamos hacia el norte de España pasamos por esta carretera, y cuando una pasa por el Puente de San Pedro, la imagen que se presenta con los valles del río Tajo y el río Gallo es espectacular. Dos tremendas muelas enmarcan en lo alto los valles fluviales de estos dos ríos. A la derecha, la Molatilla del Cornero, según toponimia de mapas. A la izquierda, la Muela donde está el Castillo de Alpetea, viejo anhelo mío que, por fin años después, conseguí realizar, pero esto será el domingo, ya que el sábado es la Molatilla del Cornero, una muela que de Molatilla tiene poco la verdad.
Comienzo a andar viendo como el pueblo está en un parte que el cañón del Gallo se abre, ya que ahí se ve como el río se vuelve a encañonar.
Tiro un poco por el borde de la muela para ver mejor estos tramos del cañón del río Gallo por donde vine antes conduciendo la furgoneta, camino de Cuevas Labradas. Como esta parte superior de la Muela es un inextricable bosque de carracas y pinos muy incómodo, la cruzo deprisa...

Hasta ponerme en la parte oeste. Aquí se ven bien los dos pisos de la Molata. Esta parte superior que estoy yo, y despues de los pinos, el borde vertical donde abajo va el río Gallo.
Estas vistas son muy bellas, y qué menos, que autoretratarme en acción. Umm.. esa camiseta rosa es nueva en mi vestuario.
De los pocos lugares en que el cañón del Tajo se abre y es más accesible, cosa que hizo que por ahí venga la carretera que viene del pueblo de Zaorejas que vemos arriba del todo, fuera de lo que es el cañón.

Que toma el nombre de la fuente que hay al lado, y en la que llene la botella de agua fresca. La que traía ya estaba caliente.

Este enorme barreño recoge parte del agua de la fuente para tenerla embalsada.

Entremos en él. Alguien hace un tiempo se sentó a calentarse enfrente del fuego o hacerse una barbacoa.
Sigo avanzando por ese carril, porque quiero llegar a un sitio un poco más abajo donde los bordes rocosos hacen un mirador natural.
Enfrente, un poco más arriba, vemos la exuberancia que creo el caudaloso manantial del Campillo.
Amplifico la perspectiva para ver todo lo que comento, fijándonos ahora en el estrecho que se ve al fondo en medio de la foto.
Que es por donde se va el Tajo río abajo, por un largo tramo ya bastante inaccesible y sin apenas pueblos en lo alto de sus dos vertientes.

Si miro la derecha, me aparece esta preciosidad.

El Castillo de Alpetea, en mi lista de rutas a hacer desde hace años, y que al día siguiente por fin subiría.
No pudiéndolo hacer por el frontal que veis debido a sus inexpugnables murallas, aunque desde esta vista veo en la parte izquierda de la foto...Una posible e hipótetica subida por esa diagonal desplomada, aunque también sé que soy un flipado y probablemente aquello sea imposible o peligroso.

Mención aparte la cúspide del castillo, donde tengo entendido, como bueno castillo topónimico, que hubo algo, aunque lo que me encontré arriba es una sorpresa inesperada. En la próxima entrada os lo contaré. Disculpen la calidad de la foto.

Por el lado derecho del castillo se aprecia el valle del río Gallo por donde sale la carretera, primero del valle del Tajo y luego del valle del Gallo.

Tambien se aprecia muy bien la Molata del Cornero a la derecha.

Estas fabulosas vistas montañosas fluviales me tienen muy contento. Despues de esto dejaré este carril que va en descenso hacia el Tajo, para tirar hacia arriba monte a través y coger otro carril que me llevara directo a la furgo.
Recorro el único tramo que me queda por ver, el frontal de este castillejo y de pronto...... ¡¡La hostia, no me digas que esa raja es la entrada!!
Teniendo el bello Tajo para mí solo. Lo unico es encontrar un bajada accesible y cómoda al río.
Y, por supuesto, con excelsas vistas al Castillejo arriba del todo.
Al caer la tarde, con una buena Ipa y las memorias del cantante de los Enemigos, estoy más a gusto que en brazos. Despues de una cena reponedora, pronto a la cama que al día siguiente el Castillo de Alpetea me espera.
¡Hasta la próxima!































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