ASCENSIÓN A LA SAGRA (2381 metros)

 

Después de recorrer Castril nos fuimos a hacer noche en Puebla de Don Fadrique, pueblo más cercano a nuestro objetivo de subir a la Sagra. Como llegamos ya de noche, no fuimos a dormir al punto de inicio de la ascensión a la Sagra, el Cortijo del Collado de Abajo, tal y como vimos que hizo Dani en su blog. Dicho cortijo está como a unos 20 minutos del pueblo por una carreterilla serpenteante que te va subiendo a una cota más alta. Fue un pequeño error, pues seguramente la noche habría sido más tranquila y placentera. 

En su lugar, nos fuimos a dormir al área de caravanas de la Puebla de DF(Distrito Federal), a las afueras, al lado de polideportivo, en que por la tarde se estaba jugando un partido de futbol entre el equipo local y otro foráneo. Pensamos que si ganaba el equipo don fadriqueño habría seguramente algarabía, pero como era por la tarde no nos molestaría y por la noche la celebración se iría al pueblo, dejándonos tranquilos.

¡Ah copón! cuando ya estábamos en la cama viendo una película, empezamos a escuchar petardos y carretillas. ¡Pardiez! ¿Un partido entre equipos de la región provocaba tanta fiesta? Siendo nuestro asombro mayúsculo al levantar las persianas y ver estupefactos que la explanada de al lado ardían dos grandes hogueras y multitud de chavales alrededor tirando petardos y mamando de lo lindo. 

¡Ah amigos! El futbol no tenía nada que ver en ese caso. Daba la maldita casualidad que era la noche de los Quintos, vieja y obsoleta fiesta ibérica que se hacía cuando los chavales pasaban a la mayoría de edad y eran llamados a hacer el servicio militar. ¡Qué horror aquella obligada experiencia! Aquí un servidor se libró de hacer la Mili por inutilidad para el servicio a la Patria, tal como certificaba el documento que me dieron en el Hospital Gómez Ulla, después de hacerme la pertinentes pruebas médicas. En su lugar, y para compensar, el karma ha hecho que mi hijo sea soldado profesional. ¡Toma ya! Jjejejeje la vida ¡qué locura!

En mitad de la noche, un poco enfadique, nos toca arrancar la furgo e irnos a dormir al otro lado de Don Fadrique, escuchándose toda la noche, aunque menos, los dichosos petarditos, más Maru que yo, jejeje.



Al día siguiente llegando ya al Cortijo de la ruta, la repentina y espectacular visión de la Sagra nos deja maravillados y también con cierta inquietud pues la mitad superior de esta montaña aparece completamente blanca. No me esperaba tanta nieve en ese lugar, pero la numerosa presencia de montañeros que están aparcados en las explanadas del Cortijo nos quita cualquier temor. Nuestro track es el mismo que utilizo Dani que va de la subida más clásica para ascender esta montaña, llegar hasta el Collado de las Víboras, de ahí por el espinazo noreste hasta coronar los 2381 metros de su cima. La vuelta la haremos siguiendo la loma y yendo a cima de la Sagra Chica y de ahí bajar por el Bosque Vertical, llegando los Cortijos y cerrando esta circular.

La cuestión es que se veía mucha gente salir desde el inicio con piolets, cuerdas. Yo le dije a Maru que seguramente iban a a subir por alguna canal de las que se veían verticales, aprovechando la nieve que mostraba la Sagra. Nuestra subida no tendría este tipo de pasos expuestos. De todas formas, para asegurarnos le preguntamos a una pareja que iban con los piolets asomando de las mochilas. Y nos dijeron que ellos iban a subir por el embudo, una canal muy espectacular vista desde abajo y que era un atajo muy directo a una zona muy cercana a la cima. Por el Collado de las Víboras estaría más pisado y no tendríamos problemas, siempre y cuando lleváramos crampones. Por supuesto que los llevábamos. Lo que también nos aconsejaron es volvernos otra vez por el mismo sitio, que no bajáramos por el Bosque Vertical pues aquello podría estar más delicado al no ser muy frecuentado ese día.

Como aún no tenía cámara de fotos, toda la entrada está hecha con la cámara del movil; lo digo porque las fotos hechas con zoom pierden detalle.

               La aparición repentina de la Sagra desde la carretera es todo un regalazo visual.

Tanto que paramos la furgo para hacer la foto. Ummmm esa 2ª mitad superior de la montaña tiene más nieve de lo que pensábamos.

          Una vez aparcada la furgoneta en el Cortijo con los demás coches, iniciamos la ruta.


                La mole que es la Sagra se va imponiendo con mucha espectacularidad.

                                              Estamos a principios de enero y el frío por estas sierras granadinas es importante. Arriba se aprecia algo de niebla.


Lo que si vemos, justo en medio de la foto, abajo, entre los dos peñascos rocosos, el estrecho por donde sube la canal conocida como el Embudo.


Con los consejos dados por la pareja montañera comenzamos a tirar la diagonal que pasa por la ladera norte umbrosa y gélida a más no poder, comprobando que la nieve estaba muy dura, muy congelada, que al ser la senda muy pisada se había convertido en hielo. Cuidado por aquí cuando volvamos con esta senda helada, pues ya nos habremos quitado los crampones. A partir del Collado de las Víboras comienza a aparecer la nieve, aún muy escasa, y también la niebla, pues desde hacía una media hora entró la dichosa niebla, ocupando desde dicho collado hasta la cima.

Nosotros empezamos la cuesta, viendo que más arriba el llevar crampones era casi de obligado cumplimiento. La nieve congelada te hacia ver que, sobre todo, la bajada sin crampones era un error gordo. De hecho, charlamos con un par de graciosos montañeros de la zona, tal y como suelen ser muchos andaluces, que a su vez aconsejaban a un grupo de chavales que desde un poco más arriba del Collado de las Viboras no subieran más, pues carecían de crampones.

Tanto el paso por el siguiente collado y por el ostentoso nombre de Escalón Hilary lo hicimos con una niebla cerrada que nos impedía ver nada. Nosotros a buen ritmo fuimos tirando, haciéndonos la idea de que solo sacaríamos la foto con el vértice o monolito de la cima debido a la nula visibilidad. Pero la meteo fue benigna y al llegar al collado, donde confluimos con la gente que sube por el embudo y ya solo nos quedaría la última pala hasta la cima, apareció el intenso cielo azul con una fuerza inusitada, con una belleza diáfana. Las nubes y los jirones de niebla aún revoloteaban alrededor de la Sagra, pero el cielo azul nos regalaba la vista de la propia montaña con una dualidad contrastada entre el blanco y el azul que nos enamoró.


                                                 Entramos en la zona boscosa.


                           Vamos clavando bien la bota y los bastones en cada paso.


Lógicamente, vamos ganando metros hacia arriba y el esfuerzo de hoy va a ser de los que nos gustan. Invernales y bien abrigados. Nada de subir montañas con 30º, sin apenas ropa y pasando calor.


Llegamos a la loma de la montaña, donde el Collado de las Viboras. Un hombre va subiendo y nos damos cuenta que la altura que se ve, al fondo de la foto, está ya blanca y con niebla.


                                                La nieve apenas mancha el suelo todavía.


En dirección oeste, asoma el Morrón de los lobos (1815 metros), la montaña que está encima de Don Fadrique.


Lo de la niebla de arriba me joroba, pues pienso que va a ser así hasta la cima y nos va a chafar las tremendas vistas que debe haber.


                                           A cada metro ascendido, la nieve va aumentando.


La temperatura baja de golpe bastante. Hacemos un alto aquí para comer frutos secos antes de.....


     ...seguir con la ascensión que se nos presenta cautivadora y a Maru le deja algo inquieta.


                                            Lo de meternos ahí y ya dejar de ver.


                         Aparecen los primeros pinos sueltos con un poco de cencellada.


           La nieve aún no es mucha, y sobre todo no está especialmente congelada todavía.

                A un lado se nota que los pinos ya estan engalanados con la cencellada. 

                        La temperatura estaba bajo cero y aún no ibamos con crampones.


            La nieve en algunos sitios barridos por la ventisca comenzaba a acumularse.

  Maru en pleno esfuerzo. La nieve, más abundante, aún era un poco blanda, pero cada vez menos.


                De hecho, despues de ese corto paso rocoso que veis detrás de Maru.


                                                                                          Nos calzamos los crampones.


El cielo azul aparece a ratos con timidez. Allí delante se presente un escalón rocoso.


Vistazo hacia atras, donde se ve que hay un poco de trajín entre los que suben y bajan.

Hacia delante la niebla aparece y desparece. El paso que se nos presenta es conocido con el ampuloso nombre de Escalón Hilary.

Lo que nos queda claro que los crampones son muy necesarios ya por aquí, que la nieve está muy dura y helada.

Ejemplo de como la niebla, igual nos invadía que nos dejaba.


El escalón Hillary lo pasamos por este lateral, teniendo cuidado pues tiene buena caída.


Con lo poco que catamos la nieve en los últimos tiempos, esta vez me regodee mucho haciendo fotos.

Nos cruzamos con gente que baja.

Me encanta esta foto.


Ya que en cuestión de segundos entró la niebla engullendo el azul del cielo.

Se intuye las formas de la montaña blanca.

Y llegamos a ver a la gente que sube por el Embudo a punto de llegar a la loma.

Podemos apreciar el contraste que ofrece este tipo de moles montañosas en invierno.


La cima aún no la vemos.

El cambiante mar de nubes hacia el este es todo un espectáculo.

Así como las capturas que le hacía a Maru.

Ahora sí que sí, al final de esta pala vemos lo que parece la cima completamente despejada.

Maru me espera, a ver si se vacía el vertice y nos hacemos la foto.


La Sagra con su pequeño buzón marcando los 2381 metrazos.


La ventisca sopla fuerte repentinamente y encalla a este tipo en su vértice.


Mucho mejor así.


Este bello cielo no deja otear mucho a lo lejos. Al fondo a la derecha estaría Sierra Nevada.

Iniciamos la bajada con esta visión "moncayesca".


La cordillera un poco blanca que se aprecia a la izquierda sería la Sierra de Castril.

La gente que viene por el embudo.

Una carrera hacia abajo y llegamos al furgoneta mucho antes. Lo que se dice un atajo letal.

Vistazo hacia atrás y comprobar que el día se ha quedado inmaculado.

La enorme prominencia de esta pedazo de montaña hace que me encante fotografiar ese contraste.

Todos estos tramos neblinosos hace rato, ahora están nítidos.

Sabía yo que Maru no se podía ir sin regalarme un traspiés.


Fuera crampones.

Llegamos al aparcamiento, donde ya se han ido muchos coches. Menuda estampa chula.


                          Esas Amstels Oro Tostadas son gloria bendita. Ahí ahí Maru, dí que sí.


A esta preciosidad de montaña hemos subido, recomendando hacerlo con, al menos, un poquito de nieve como la cogimos nosotros.



                                                                   ¡Hasta la próxima!

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