domingo, 13 de enero de 2019

EL CASTRO DE LA PEÑA DEL CASTELLAR Y EL VALLE DEL NOGUERÓN


Vamos a hacer hoy una ruta integra por el término del bello pueblo de Beamud, con nombre de etiomología moruna pero, debido a los restos existentes, con un claro origen prerromano, como buen asentamiento en el corazón de esta serranía celtibérica que tanto me gusta patear.

Y digo esto, porque nuestra ruta de hoy va a empezar visitando, muy cerca del pueblo, un viejo castro celtíbero, el de la Peña del Castellar, además con mucho interés, pues es de esos escasos castros en los que aún quedan restos de los que podemos admirar su temple y aguante tras unos 3000 años aproximadamente de existencia.

Luego bajaremos al valle del Noguerón, conformado principalmente por el Cerro homónimo y el estrecho que forma el Arroyo también homónimo. Admiraremos un manantial y de allí, iremos a ver el Arroyo Pedregoso, afluente del de los Bañaderos.

Este arroyo de roble y rodeno es especialmente bonito. No obstante hace muchos años recorrimos el Arroyo de los Bañaderos -al que le tributa aguas-  yendo todas estas al Júcar.


Ya toca volver y lo haremos por la inmensa ladera del Cerro del Noguerón (foto superior). No subí a la parte alta ya que, cosa rara en mí, me encontré especialmente cansado, y de hace rato solo tenía la imagen de un par de tercios fresquitos rondando obsesivamente por mi cabeza.

Por lo que tracé una recta a mitad de ladera hasta ponerme justo enfrente del Castro del Castellar y de ahí, con mucho cuidado bajé hasta el estrecho del arroyo del Noguerón donde contemplé los restos de un viejo molino de agua encajonado allí dentro.


Antes de empezar, una foto de Beamud y detrás el cordal montañoso del Cerecea (1716 metros). Nuestra ruta empezará en la carretera que va hacia la nacional, como a dos o tres kilómetros del pueblo.


Viendo el tamaño de los merenderos de Beamud, uno no sabe bien si los beamuceros descienden de vascos que vinieron a repoblar cuando la reconquista o es que siguen siendo celtíberos, jejeje.


            Pronto nos encontramos con el cerro rocoso conocido como Peña del Castellar.

                    Donde en el texto nos cuentan una vieja leyenda sobre este sitio.



        Como bueno castro celtíbero esta rodeado de musgos, robles varios y mucha humedad.

       En la parte baja de la Peña ya encontramos restos de edificación con sus muretes.


      Aunque lo mejor viene con el acceso al Castro, adivinándose unas rampas ascendentes.


                          Que va haciendo pequeñas lazadas con sus restos de muretes.


                          Aquí vemos que la rampa se empina para accede a la parte alta.



     De hecho, el suelo que pisamos en este punto es completamente artificial y celtíbero.


Bajamos y bordeamos para ver la construcción de hileras de grandes bloques para sujetar la rampa de acceso a la parte alta del castro.


           Llegamos a la parte alta, comprobando que por este lado es totalmente inaccesible.



Vamos a ir recorriéndolo por sus bordes, comprobando que se crean como dos pisos con un pasillo verde en medio para bordearlo. A la izquierda de la foto estaría la caída vertical de varios metros.


Una cosa curiosa: me topé con este agujero, en el cual tiré una piedra y tardó bastante en caer. Como si debajo del castro hubiera un hueco grande, tipo sima o cueva.


Paso por un tramo donde la pared pierde la verticalidad e inaccesibilidad, y, ayudándote de las manos, se podría escalar.


Y como respuesta a ese punto débil del castro, aparecen restos de muralla para seguir manteniendo la inexpugnabilidad.


Seguimos por ese piso intermedio hasta que ya los dos pisos se unen en uno solo, y otra rampa de acceso, nos lleva a la parte alta.


                                                            Estamos en la parte alta.



                Aunque los restos más visibles siguen estando en los bordes del castro.



                      Desde aquí arriba y a lo lejos, podemos atisbar sierras vecinas.



                                 Vamos a ir acercándonos poco a poco con el zoom.


Donde vemos a la izquierda la Peña Rubia de Huélamo y parte de esa Faja del Ceñajo de los Calatravos.


Seguimos bordeando el castro, pues aquí vemos los próximos paisajes: abajo el estrecho del Arroyo del Noguerón, y al fondo, el valle del Noguerón, a donde nos dirigiremos después.


         También tenemos el cerro del Noguerón por donde a mitad de ladera volveremos.


Pero volvamos al castro, ya que por la superficie se adivinan como compartimentos y, sobre todo muchas piedras e hileras.


                                            Aunque lo más llamativo de todo, es esto.



Una entrada a la parte subterránea del castro. Ahora comprendo lo del agujero de antes por donde tiré una piedra. En el fondo se aprecia un hueco que entra más adentro, pero no hay que meterse bajo ningún concepto, ya que puede haber un desprendimiento en cualquier momento. No estaría nada mal, que se investigara este acceso subterráneo.



Lo que si queda claro que los celtíberos lo tenían habilitado para acceder, en vistas de los restos de construcción que hay en ese lateral de la entrada subterránea.



                                   Pero bajemos del castro que debemos seguir la ruta.



                            Por este carril vamos a dirigirnos hacia el Valle del Noguerón.



            Pasaremos por encima del Arroyo del Noguerón, justo antes de estrecharse.


                Ya estamos en el valle, donde se aprecian restos de antiguas terrazas.



                                          Se ve un sitio de verdores y humedad.


   Y también fresquito, ya que el suelo empapado lo teníamos en muchos puntos, helado.


Veo un sitio donde se ve mucha vegetación y chopos. Saco el mapa y compruebo que es la Fuente de las Nogueras. Allá vamos.


                  Viene a ser un manantial donde captan el agua, y aunque la valla lo afea.


                Unos metros más abajo, se crean unas terrazas de musgos muy chulas.


Además, con su agua fluyendo, indicándonos que este es el nacimiento del Arroyo del Noguerón.


Vamos a salir del Valle del Noguerón, pasando primero por esta tiná de ganado entre robles melojos.


                  Ahora cruzaremos un pinar de rodeno en busca del Arroyo Pedregoso.


                                             Llegamos al bonito arroyo Pedregoso.


En el que hay que buscar un sitio para bajar, pues tiene unos precipicios de rodeno bastante respetables.


                    Y rápidos y pequeñas cascadas de las de quedarse allí un buen rato.


Que maravilla los precipicios de rodeno que crean estos arroyos. Una vez visto este tramo, volvemos a salir de aquí.


Nos dirigimos hacia el Cerro del Noguerón, admirando los extensos bosques en las laderas del Cerro del Melojal, apareciendo al fondo las sierras de más altitud de la Serranía.


Intento acceder a la ladera del cerro del Noguerón pero un muro vertical me impide seguir. Debo perder altura e intentar acceder más abajo.


          Tras un ratito de trochemoche arbustivo, ya voy sobre la ladera oeste del Noguerón.


Desde esta ladera, se me abren buenas vistas, como esta del valle del Júcar, por donde también va la carretera.


Si ampliamos la foto, vemos esa aguja rocosa que sobresale y que se ve perfectamente desde la carretera. Alguien me dijo que una vez llegó a ver unos andamios alrededor de ella, ya que amenazaba caer sobre la carretera.


En esa misma dirección, si levantamos la cabeza, tenemos la imponente Ceja de Peña Betaya, o lo que es lo mismo, los paredones de la Muela de la Madera. No muy lejos, más hacia la izquierda, estaría el puto agujero de la semana anterior.



Pero volvamos a la ladera, porque ya tenemos delante nuestro la Peña del Castellar, donde se encuentra el Castro celtibero de las primeras fotos.


Aunque no lo parezca, hay que tener mucho cuidado con descender por esta parte para bajar hasta el arroyo en el estrecho.


Ya hemos llegado al fondo, cruzado el arroyo, y esta es la vista del Molino del Noguerón desde el otro lado. Solo nos quedaría subir por esta otra ladera hasta pie de Castro y de ahí al coche, que lo tenemos en la carretera que va a Beamud.



                         Con el círculo marco donde dejé el coche y comienza la ruta.


                                          Hasta la próxima!!

14 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias Esther, encantado que te guste :-)

      Un saludo.

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    1. Hola Javi.

      En un principio pensaba poner solo el Castro celtíbero pero debía incluirlo en una ruta para que fuera más extenso y variado, y por eso tracé esta ruta, aunque el punto culminante, a mi gusto, es el Castro.

      Un abrazo.

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  3. Hola Toni.

    Buenos parajes estos de Rodeno y Roble, en una ruta hace años por estas tierras, nos sorprendió la existencia de una sima en la mismísima cima del cerro del Noguerón, una mañana fría que coronamos el vértice del Cerecea y la sima del Noquerón humeaba vapores del interior.

    Un saludo.

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    1. Hola Luis.

      Aunque no llegue a la cima del Noguerón, la enorme extensión de aquello habría hecho, que encontrarme la sima hubiera sido chiripa total.
      Lo de la sima y los humos, me imagino que sería por el contraste frío/calor pero debiera ser curioso de ver.

      Un saludo.

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  4. 👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍

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  5. Hola Toni.

    Muy bonita e interesante ésta ruta. Que vida más dura debieron llevar aquellos pobladores del castro para luego acabar sometidos al poder de Roma. No eligieron mal sitio para ubicar el poblado; desde luego que la caza y el agua no debió faltarles.
    Esa aguja pétrea que está al lado de la carretera yo la llamo "el dedo del gigante" y sí llegué a verla con andamios alrededor y un cartel de precaución. Se ve que debieron consolidar su base aunque no subí para comprobarlo.

    Un abrazo.

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  6. Hola Andrés.

    Lo de los celtíberos es muy fuerte, debieran ser una época de violencia inusitada, y en un estado permanente de desconfianza, siempre vigilando y siempre en alerta, que cuesta imaginárselo hoy en día. Roma trajo la civilización aunque acabó con ellos.

    Tu también has visto aquello de los andamios? Ya sois dos personas que me lo habéis dicho, es curioso esa necesaria obra sobre una aguja pétrea.

    Un abrazo.

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  7. Hola Toni.

    No sé que es más increíble, o que esos restos lleven aguantando ahí la friolera de 3000 años o de la manera a lo largo de esos tres milenios han logrado mimetizarse con el entorno, pues a ojos de un neófito pasarían como unas piedras más del monte. Interesante también esa especie de sistema subterráneo del Castro. Y guapo también ese arroyo de rodeno, que me ha recordado a algunos de los barranquetes de mi Espadà. E inevitablemente me han venido muy buenos y aéros recuerdos al ver esa Peña Rubia y su Ceñajo.

    Un abrazo.

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  8. Hola Dani.

    La verdad que si no estuviera el panel ese indicando el Castro, si yo hubiera pasado pues restos de abajo los habría tomado como algún resto pastoril, y al cerrete no se me hubiera ocurrido subir.

    Esos arroyos de rodeno son más comunes tirando hacia el este, hacia la Serranía baja. Todos estos que viene de la ladera oeste de la Sierra de Valdemeca que son todo rodenales, vienen a ser una isla acida rodeado de ecosistema calizo por todos los lados.

    Y si, la Peña Rubia y su Ceñajo se deja ver de muchos sitios. De hecho, me imagino que en Castellón existirá también este topónimo. Por aquí suele llamarse así, porque cuando amanece y sale el sol, la Peña y su pared rocosa en cuestión recibe de solana todo el sol, y como parece que destella y brilla, de ahí el rubia.

    Un abrazo.

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  9. Hola Toni,

    Es una gozada poder disfrutar de restos arqueológicos de 3.000 años de antigüedad.

    Como dice Dani, es impresionante como el paso del tiempo ha hecho que la naturaleza se apropiara de las piedras y las incorporara al entorno de una forma tan estética.

    Y que decir del resto de la ruta, como siempre, una delicia de trazado donde nos descubres impresionantes rincones escondidos.

    Salud, montaña y celtíberos!!!

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    1. Hola David.

      La Serranía de Cuenca está plagada de castros celtíberos. Lo que en el litoral mediterraneo eran íberos, en el interior chocaron con los celtas y acabaron mezclándose, y a me gusta mucho, investigar estos restos, sobre todo, porque estos hombres les gustaba buscarse sitios en alto, agrestes e ingexpugnables, y buscarlos hoy en día, es toda una odisea en muchos casos.

      Salud y castros!!

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